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Mujeres invisibles para la medicina Menos ansiolíticos y más perspectiva de género: mujeres invisibles para la medicina

El género pasa factura, médicamente hablando. Medicina sin carencias para tratar a la mitad de la población. De eso trata Mujeres invisibles para la medicina, de Carme Valls.

Carme Valls sonríe ante la cámara. - Cedida
Carme Valls sonríe frente a la cámara. Cedida

Más que un libro, es un ensayo. Mujeres invisibles para la medicina (2020) tampoco habla estrictamente de salud, aunque sin duda, la doctora Carme Valls (Barcelona, 1945) toca, en cada una de las casi 500 páginas del volumen que ahora publica, temas relacionados con el bienestar físico y psíquico de las mujeres. Pero además habla de feminismo. Lo hace poniendo el cuerpo de las mujeres en contexto, es decir, en la sociedad de hoy día, con la carga de los cuidados a sus espaldas, que pesan y enferman (física y psicológicamente).

Su libro, publicado por Capitán Swing, es una ampliación del publicado en 2006 y recoge 20 años de trabajo mirando cómo responde el cuerpo de la mitad de la población, algo que la medicina tradicional ha ignorado durante siglos. "La primera constatación pública de sesgos de género en la asistencia e investigación médica la realizó la cardióloga americana Bernadine Healy, que alertó de la mala praxis en la atención cardiovascular de las mujeres debido a que no se había tenido en cuenta la presencia de estas en la mayoría de los trabajos de investigación sobre problemas cardiológicos realizados antes de 1993. Este es el primer sesgo de género en medicina: no incluir mujeres en los trabajos de investigación o no diferenciar por sexo los resultados", apunta Carme Valls en esta edición de Mujeres invisibles para la medicina.

Llama la atención que el libro arranca con un extenso capítulo dedicado a la salud mental para tratar y hablar de adolescentes; de violencias en plural contra las mujeres de todas las edades, un asunto que para la doctora debe ser visto como un tema de salud pública; de la sexualidad en todas las facetas de la vida; de la maternidad y del envejecimiento medicalizado de las mujeres.

"Hay que dejar de considerarnos como seres nerviosos y, por naturaleza, locas"

"Para cualquier queja a las mujeres se nos trataba con ansiolíticos sin buscar qué motivos se esconden tras esa medicalización. Porque sí, un antidepresivo puede funcionar pero hay que hacer cambios en la vida y el trabajo, acabar con las brechas de género, con los suelos pegajosos, con la precariedad y dejar de considerarnos como seres nerviosos y, por naturaleza, locas", responde al teléfono para Público.

Mirada con perspectiva de género

No hay vuelta de hoja, para tratar el bienestar de las mujeres, hay que analizar los mandatos de género y estereotipos de la sociedad, constata la escritora. Sin esa mirada es imposible abordar la dependencia amorosa, la sensación de culpa y que sigamos entendiendo el cuerpo como un campo de batalla. Porque no tratar todos esos conceptos enferma de una y mil maneras, desgrana Valls durante las páginas del libro. Hace falta relacionar todos esos aspectos para ver, por ejemplo, que la anorexia y la bulimia son unas enfermedades "hijas del tiránico culto al cuerpo". Y de ahí pasar a produndizar en qué sabemos del sexo de las mujeres, también invisibilizado, desconocido (todavía para muchas mujeres) e infraestudiado (para la mayor parte de la sociedad, incluida la ciencia).

Carme Valls, política, médica y escritora.  Cedida

"No se han enterado de cómo son las cosas. Y quieren que seamos como ellos. La sexualidad no es una erección", advierte desde Barcelona. En su libro, rico en citas de profesionales del mundo de la ciencia, de la filosofía, la sociología, el feminismo y las letras, Valls lo evidencia con múltiples referencias científicas. Citamos una, la de la la profesora Marta González García publicada en La medicalización del sexo. El viagra femenino: "Los intentos de biomedicación de la sexualidad femenina, lejos de ofrecer respuestas convincentes a la pregunta del deseo de las mujeres, confirman una vez más la iluminadora idea de Kate Millet: lo personal sigue siendo político". La doctora afirma que se sigue sin estudiar el deseo de las mujeres. Y en este sentido, alerta a las jóvenes, más libres y conocedoras de su sexualidad que las generaciones anteriores pero todavía dependientes de la mirada del otro.

Invisibilización de la mujer y de sus patologías

La invisible salud de las mujeres da nombre al segundo bloque del libro. En él subraya esa carencia de la medicina: estadísticamente no contemplaba a las mujeres. Y, cuando se ha empezado a hacer, y desdoblando las enfermedades con cifras de hombres y mujeres, no se han profundizado en las causas de las diferencias.

Otro factor que destaca la escritora es las pocas mujeres con voz en la ciencia. En ese sentido, la pandemia del covid y el número de expertos hombres opinando sobre el tema es una evidencia. Pero invisibilizadas también han estado las mujeres mayores, que sufren una doble marginación, la del edadismo y la de una sociedad patriarcal, señala Valls. Tampoco se han estudiado la salud laboral de ellas, ni el "dolor invisible".

"Las mujeres mayores sufren una doble marginación, la del edadismo y la de una sociedad patriarcal"

A pesar del mucho camino que falta para que la medicina y la sociedad asuma esa perspectiva de género para respoder a todas y todos, la escritora y feminista cierra el volumen con una sana invitación a disfrutar la vida, a pesar de los años, sin dependencias. Pide también a las mujeres que se empoderen y aprendan a disfrutar. Y para quien no sepa, apunta algunas claves: la transgresión, el autoconocimiento, saber ser libres y desarrollar gustos que nos estimulen la sensualidad.

La receta para cara cambiar esa ciencia que obvia a la mitad de la población es sencilla, en teoría. Bastaría incluir perspectiva de género, explica durante la entrevista, algo que todavía falta en las facultades. "Igual que el inglés". Porque al final, es más grave para la salud de esa media mitad de la humanidad que quien nos pregunta cómo estamos siga medicándonos como si fuésemos hombres y sin entender los problemas y enfermedades específicos de las mujeres.

Para cerrar, le preguntamos por la polémica entre género y sexo. Científicamente, señala, no se pueden obviar las diferencias y es necesario un debate sereno. "Es un tema muy profundo. La libertad debe ser informada y lo que no podemos aceptar es el odio ni las imposiciones de ningún lado", zanja.

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