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Sobre cómo la música pudo unir a Cristianos e Hindús

El yoga se abre paso en Occidente y la música podría tener esa fórmula para tender puentes entre cristianismo e hinduismo.

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Ravi practica Bhakti Yoga

Ravi es catalán de origen hindú. Nació en un Ashram, una comunidad hindú, en el interior de Cataluña. El poblado había sido fundado por un sacerdote que viajó a India y tuvo la visión de conectar el cristianismo con el hinduismo. 13 fieles lo siguieron a las montañas. Hijo de dos de ellos, Ravi se crió en medio de una conexión profunda con la naturaleza y en una zona de fronteras nebulosas donde no importaba etiquetar la religión a la que se pertenecía. No fue hasta su adolescencia, cuando se mudó a la ciudad y aprendió sobre el cristianismo por su abuela. Y cuando cumplió 21 años, sintió que necesitaba volver a conectarse con sus raíces hindúes, por lo que viajó a la India. Desde ese viaje, ha convertido lo que llamamos 'la música del yoga' en su profesión y en su búsqueda particular de la manera en que estas dos religiones vivan en paz, tal y como lo hacen dentro de él.

Cuando se habla de 'yoga' se tiende a hacer la parte por el todo y quedarse con solo uno de los cuatro tipos: el Raja Yoga, que es el que a través de las diferentes posturas (asanas, en sánscrito), así como las técnicas de respiración (pranayamas) busca alcanzar un estado meditativo. Sin embargo, existen otros tres tipos o caminos del yoga: el Karma Yoga, el camino de la acción, que se centra en las acciones y sus efectos; el Gyana Yoga, el camino filosófico y del estudio, y el que nos ocupa, el Bhakti Yoga, que es descrito como el camino de la devoción y el amor por el mundo, tanto por un Dios creador como por su creación, la humanidad y la naturaleza.

Para maestros como Andrei Ram, uno de los más seguidos en Occidente, la música tiene un papel instrumental, de acompañamiento con las posturas o asanas para entrar en estados meditativos. El estadounidense de origen colombiano recaló en Barcelona este otoño, en el mayor acontecimiento del yoga de Europa, el Global Yoga Congress. "Utilizo la música como un ruido más apropiado para la práctica, pero en realidad es ruido. Lo ideal es que la respiración sea la música de cada quien", dice a Público, desde su perspectiva de Raja Yoga.

La música como vehículo cultural

En cambio, la música tiene un papel mucho más clave en el Bhakti Yoga. Y Ravi va todavía más allá, utilizando la música como elemento de identificación entre culturas. Ravi es el tipo de hombre que canta mantras en una basílica y hace que más de 800 personas canten con él. También cantaron el Padre nuestro, pero el concierto comenzó con un "OM" colectivo. Tocaba la percusión mientras una bailarina sufí danzaba descalza en círculos como los de un derviche. Fue en octubre de 2014, en la Iglesia de Santa María del Pi, en Barcelona. Este concierto presentó a Ravi en la escena global, no solo para los cientos de personas de diversos orígenes que se congregan aquél día, sino para toda la escena yogui de la ciudad y en todo el mundo.

Katia llegó allí por accidente. Vino desde Ginebra a Barcelona para un taller de yoga que se anuló a última hora y en el albergue donde se alojaba le recomendaron que fuera a un concierto en Santa María del Pi, que quedaba solo a unas pocas cuadras: "Un Kirtan de Ravi Ramoneda". No solo era la primera vez que oía hablar del artista en cuestión. También era la primera vez que oía la palabra "Kirtan" (concierto de música devocional, en el Bakhti Yoga).

"Cada sonido, cada nota, cada voz llevaba una fuerza sagrada de amor", dice Katia a Público. "Por primera vez sentí una unidad entre todas las religiones y me conmovió profundamente esa energía", explica, y dice sentir escalofríos todavía al recordar esos cientos de desconocidos cantando al unísono. Aquél descubrimiento accidental hizo que Katia volviera a viajar desde Suiza un año después, este diciembre, para participar en el primer retiro urbano de yoga que Ravi ha ofrecido en Barcelona.

Para entender qué hace a otras personas seguir a alguien como Ravi hay que remontarse a sus orígenes, que constituyen su mayor aval a los ojos de un público occidental obsesionado con la búsqueda de lo auténtico entre tanto nuevo gurú marketiniano. Ravi se crió a 1.000 metros de altura, y sus primeros recuerdos de infancia bien podrían ser en India. Solo que era Castellterçol. El paraje era remoto, pero en realidad el ashram no estaba lejos de la capital catalana, entre Manresa y Vic. Corría 1976, el año después de la muerte de Franco. El visionario sacerdote claretiano que viajó a la India, se introdujo al hinduismo y reconoció en el yoga su verdad personal: una forma de ejercer su fe y un camino versátil que, a su juicio, también podía ser útil para otros. Por eso fundó el ashram en las montañas. El secretismo era obligado, a pesar de que la dictadura había terminado. Era uno de los movimientos pioneros a través de los cuales fes distintas a la católica aparecieron discretamente en la España post franquista. El movimiento hippie llegaba a la península.

Convivencia de dos religiones

Ravi creció junto a su hermana menor y cinco niños más, hijos de los otros 13 fieles que siguieron a las montañas al sacerdote. Los adultos dedicaban sus días a trabajar en un proyecto para difundir el yoga en España y todos ellos, padres e hijos, compartían sus rutinas diarias de meditación, purificación y oración. "Era una práctica de yoga esencialmente cristiana. [El sacerdote] enseñaba yoga, pero todo su bagaje era cristiano, por lo que siempre enfatizaba los vínculos entre ambas religiones. Todo sucedía de forma muy natural todo el tiempo. Yo era un niño feliz", recuerda Ravi.

Después de siete años, estaban listos para regresar a la civilización para abrir los primeros centros de yoga. Su proyecto, el sueño del sacerdote, finalmente había culminado. Los padres de Ravi fueron a la ciudad catalana de Sabadell. Ravi, de 7 años, abandonó la naturaleza por primera vez, pero su vida no se parecía en nada a la de un niño de ciudad. Vivían encima del centro de yoga. En una de las reuniones semanales de yogui, una mujer considerada como una maestra espiritual le dijo a la madre de Ravi que era el momento de que ella tuviera "la charla sobre Jesús" con su hijo. Pero el joven Ravi ya se había familiarizado con Jesús por su abuela. Le encantaba visitarla y anhelaba sus historias de la Biblia, que eran como cuentos para él.

"Mi abuela fue una verdadera creyente hasta el final", recuerda Ravi. Siempre buscaba más, buscaba la verdad". Tenía curiosidad por lo que estaba haciendo su hijo [el padre de Ravi] y aprendió sobre el yoga para entenderle. Ella estudió el hinduismo y los visitó a menudo en el ashram, explicó.

"Mis padres eran creyentes a su manera, pero yo creo más que ellos jamás creyeron", dijo con una risita. Sus padres "no tuvieron elección" de ser o no creyentes, mientras que él "heredó" su fe directamente de su abuela. "Orar era siempre un momento tan cálido para mí, lleno de amor", dijo Ravi. "Siempre lo experimenté desde la belleza de la libertad".

La madre de Ravi tuvo que vender el centro de yoga después de divorciarse. Ravi tenía 21 años por aquél entonces y quisó reconectar con sus raíces hindúes. Viajó a la India en busca del maestro que había inspirado al sacerdote fundador del ashram en las montañas: Sri Bhagavan (1949, India) fue el maestro que fundó el movimiento Oneness, que entiende el mundo y el yo de una manera holística, donde todo está unido por un espíritu común. Este movimiento, aunque arraigado en el hinduismo, permitiría a una persona como Ravi tener dos madres espirituales: en su caso, la gurú Mata Amritanandamayi en su mitad hindú, y la Madre Teresa de Calcuta por su mitad cristiana.

Un Kirtan de Ravi Ramoneda

Por supuesto, los cristianos ortodoxos y los hindús puritanos no reconocerían tal fusión como posible. ¿Cómo explicar esta convivencia? En el caso de Ravi, él no se identifica con ninguna doctrina o dogma y no asiste regularmente a la Iglesia, ni a un templo hindú, aunque sí ora. "Rezar para mí no tiene que ver sobre dónde estoy sentado, sino sobre dónde me siento dentro de mí. Siento a Dios dentro de mí. El amor es lo que me conmueve y me mueve".

Ravi bebe ahora un zumo de frutas en una de esas cafeterías de inspiración india con almohadas opulentas y té chai demasiado endulzado. Recala en Barcelona a finales de verano, al regreso de un Festival de Yoga Familiar en Almería. Se sienta junto a su hija Iona, menuda pero con una madurez mucho más allá de sus 11 años. A media voz y probando una alta capacidad de concentración en contra de la música comercial que sale de los altavoces, Ravi responde paciente a este interrogatorio sobre espiritualidad.

– ¿Qué dice tu hija cuando alguien le pregunta '¿qué hace tu papá'?.  Ravi ríe y pasa la pregunta a Iona, que se lo piensa como si buscara palabras que un no-yogui pudiera entender.

– Toca música y viaja por el mundo. Con su música, sana a las personas que se sienten mal, y a veces también ayuda a las personas que ya están bien a sentirse mejor. – responde la niña.

Los beneficios del yoga

La razón por la que cada uno empieza a hacer yoga es personal e intransferible. La razón por la que se queda, es distinta. Pero el patrón se repite a menudo: problemas de salud, física o mental, algo que obliga a parar y mirar hacia dentro. Lo que se descubre en ese alto en el camino es a menudo inesperado. Por eso siempre se empieza por accidente.

"Lo que hace Ravi resuena en la gente", concede Marion, instructura de yoga, que se crió en el secularismo francés y encontró su primera espiritualidad en el yoga, que ha enseñado en Barcelona por más de diez años. Marión empezó en el yoga para hacerse "más fuerte" y en cambio esa mirada hacia dentro la hizo sentirse vulnerable: "Entendí que era al contrario: tenía reconocer mi vulnerabilidad para ser más valiente", dice ahora la instructora.

Como extranjera, toma cierta distancia con el fenómeno del yoga en España. Advierte que en la admiración excesiva de Occidente a Oriente corremos el riesgo de subestimar o vanalizar nuestros orígenes. Sin embargo, se queda con lo positivo: "Cuando veo creencias que se cruzan y funcionan, me sonrío y me digo, ves, al final todos compartimos los mismos valores. Se trata de aprender lo mejor de cada una para luego dar un paso atrás y aplicarlo a tu manera. Lo más importante es ser fiel a ti mismo".

Eso es lo que tratan de hacer en este momento miles de nuevos yoguis en nuestro país. Encontrar ese equilibrio entre lo nuevo y su bagaje, en un entorno tan distinto a dónde surgió la práctica milenaria del yoga. "Pasamos tanto tiempo luchando para demostrar qué religión era la más antigua, que a menudo no entendemos que de hecho todas comparten los valores fundamentales", dice Ravi. Y añade: "ese amor, esa esencia, es algo que solo cambia el nombre de una cultura a otra".

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