Público
Público

Papa Francisco Historia revisada de un jesuita que llegó a ser Papa

Aldo Duzdevich publica el libro 'Salvados por Francisco' sobre el papel que jugó el pontífice en la dictadura militar argentina. Afirma que Bergoglio sufrió boicot por parte del arzobispo Hector Aguer en el cónclave que finalmente encumbró a Joseph Ratzinger como Papa Benedicto XVI.

Publicidad
Media: 5
Votos: 2

El Papa Francisco, durante la ofrenda floral que realizó en su visita al cementerio militar de Fogliano Rediplugia (Italia)para recordar a los caídos en la Primera Guerra Mundial. REUTERS

La pasada semana se presentaba en Madrid el libro Salvados por Francisco (Ediciones B). Su autor, el escritor y periodista argentino Aldo Duzdevich fue miembro de la organización peronista Montoneros y posteriormente diputado nacional por el Partido Justicialista.

Salvados por Francisco, según nos cuenta desde el aeropuerto de Madrid-Barajas poco antes de volar hacia París para continuar con su presentación en la capital francesa, es el resultado de una investigación que trata de hacer justicia frente a lo que define como "una calumnia que se desató en Argentina" en la que se establecía que el entonces sacerdote Jorge Bergoglio tuvo una actitud colaboracionista con la dictadura militar de Jorge Rafael Videla (1976-1983).

Con este libro, que considera necesario y se culpa de no haber escrito antes, intenta poner de relieve la valentía que mostró el actual Papa a la hora de jugarse la vida salvando a muchos jesuitas de ser torturados y asesinados a manos de los militares en una de las etapas más oscuras de la historia argentina.

En dicha presentación, que tuvo lugar en la Iglesia de San Antón del madrileño barrio de Chueca, Duzdevich estuvo acompañado del Padre Ángel, presidente y fundador de Mensajeros de la Paz, y también del Cardenal de Madrid, Carlos Osoro, que quiso destacar la labor de Bergoglio en esos años difíciles "asumiendo que había que sobrevivir, salvando la vida de muchas personas y actuando en consecuencia".

Iluminando sombras

Fue durante el pasado mes de marzo que Aldo Duzdevich presentaba en Buenos Aires un libro de 240 páginas en el que se recogen 25 entrevistas a protagonistas que cuentan cómo el entonces jefe de la misión provincial de la Compañía de Jesús ayudó a muchas víctimas de la dictadura militar a salvar sus vidas intentando sacarles del país poniendo en riesgo su propia integridad.

El ex diputado argentino nos comenta que Salvados por Francisco ademas de poner de relieve la valentía del actual Papa, viene del mismo modo a refutar la larga investigación que realizara el también periodista argentino Horacio Verbitsky y que responsabilizaba a Bergoglio de haber sido funcional al régimen militar.
Verbitsky sustentaba estos hechos en una carta escrita por un jesuita húngaro que por entonces vivía en Buenos Aires, Francisco Jalics, que confesaba años más tarde ya en democracia, que el responsable provincial de su congregación, Bergoglio, les había delatado a él y a otro sacerdote, Orlando Yorio, facilitando que fueran detenidos por la Junta Militar y conducidos a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), convertida por aquel entonces en centro clandestino de detención, tortura y exterminio.

Por el contrario, Duzdevich recuerda que Jalics, que reside en Alemania desde 1978, ya reconoció en 2013 que Bergoglio no los denunció ni a Yorio ni a él y que le quedó claro que esa sospecha era infundada. De hecho el propio Jalics declaró, en una web de los jesuitas alemanes, que años después de su secuestro tuvo la oportunidad de hablar con el que por entonces era arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, reconciliándose con un abrazo y “dando los hechos por cerrados”.

Duzdevich: "Durante 40 años hubo un secreto entre los ayudados y el que ayudó"

El autor recoge en su libro el testimonio de Gustavo Mosca, otro protagonista que en 2013 decidió interceder por el recién nombrado Papa en contra de las versiones condenatorias. Mosca era uruguayo y militante de una agrupación de izquierdas, exiliado en Argentina y hermano de un jesuita que conocía a Bergoglio. Asegura que este lo ayudo, jugándose la vida con una actitud serena y humilde, a cruzar la frontera con Brasil para que pudiera refugiarse en Sao Paulo. Mosca asegura en el testimonio que recoge el libro, que cuando Bergoglio le ayudó a escapar pudo percibir que él no era el primero, que ya tenía esa estrategia muy entrenada y que por tanto hacía tiempo que venía ayudando del mismo modo a otras personas. Mosca al menos calcula que desde diciembre de 1977 Bergoglio tenía su plan en funcionamiento salvando a personas.

Al testimonio del uruguayo se unirían otros que, perseguidos por la denominada Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) grupo terrorista de extrema derecha, recibieron la ayuda de Bergoglio para salvar sus vidas. Como por ejemplo el sacerdote español José Caravias que aseguró, el mismo año que Bergoglio fue nombrado Papa, haber sido salvado por él del grupo terrorista paramilitar, y que las acusaciones contra Francisco forman parte de una campaña trazada por el “gran capitalismo internacional” para ensuciar la imagen del pontífice. Duzdevich nos detalla que Bergoglio incluso llegó a entregar su propio DNI a una de las personas a la que quería ayudar para que se hiciera pasar por él y de esta manera poder cruzar la frontera, algo que ponía al jesuita en serio riesgo ante las autoridades militares.

Pero, ¿por qué Bergoglio nunca usó estos casos para defenderse posteriormente ante las acusaciones de ser funcional a la dictadura? Según nos asegura el autor del libro, el actual Papa Francisco siempre ha hecho uso de un “principio de solidaridad” y de algo que el propio pontífice le aclaró personalmente cuando pudo entrevistarse con él en el Vaticano, “durante 40 años hubo un secreto entre los ayudados y el que ayudó. Si esas personas no hablan, yo también guardaré silencio”.

El Papa Francisco se reúne con el periodista argentino Aldo Duzdevich

Sin embargo, los sectores defensores de la teoría condenatoria insisten en la actitud condescendiente y colaboracionista de Bergoglio con la Junta Militar argentina. A nuestra pregunta a Duzdevich de por qué el entonces jefe provincial de la Compañía de Jesús no tuvo una actitud más clara y frontal frente al régimen, nos contesta que “Bergoglio siempre trató de tener una actitud de perfil bajo para no destacarse demasiado, mucho más cuando de manera oculta estaba ayudando a muchas personas a huir de ser secuestradas, torturas y asesinadas”.

El exdiputado afirma que existían tres sectores bien diferenciados dentro de la Iglesia argentina en aquellos momentos. Uno ultraconservador que era afín a la dictadura y oficiaba como portavoz de la Iglesia ante la Junta Militar, otro más progresista y contestatario, y un tercer sector intermedio que trataba de disimular lo más posible ante el régimen, aparentando apoyarlo mientras al mismo tiempo ayudaban en la medida de sus posibilidades a las personas que estaban sufriendo la represión, “en este último sector se encontraba Bergoglio”, asegura Duzdevich.

Duzdevich: "De manera oculta estaba ayudando a muchas personas a huir de ser secuestradas, torturas y asesinadas"

Otra de las denuncias de diversas organizaciones vinculadas con los Derechos Humanos ha sido la del perfil bajo e irrelevante que mostró Bergoglio en la megacausa de la ESMA en noviembre de 2010, donde compareció ante la justicia como testigo y en la cual se limitó a decir que él no sabía nada. Y otro aspecto más, muchos se preguntaban cómo era posible que supiera de la existencia de ese centro clandestino de tortura pocos días después del secuestro de los jesuitas Yorio y Jalics, tal y como aseguraban algunos testigos.

Duzdevich justifica estos hechos asegurando que Bergoglio le contó que durante la dictadura existían militares anónimos que actuaban de confidentes, es por esto que él sabía de la existencia de la ESMA y de que muchas personas podían estar siendo torturadas, pero nunca pudo revelar la fuente por temor a que esos confidentes tuvieran represalias. Por otra parte Duzdevich descarga de cualquier tipo de responsabilidad a Bergoglio al entender que en aquellos años no ostentaba cargo de poder alguno tan relevante dentro de la Curia como para poder interceder a esos niveles.

Presión al corazón del Vaticano

Todo parece indicar que el Papa Francisco viene recibiendo presiones desde el inicio de su pontificado. No solo por este caso que se trata en el libro y que desde hace años persigue su pasado, oscuro para algunos y de bondad para otros, sino por otras muchas razones que tienen que ver con su actitud a la hora de “afrontar todas las amenazas que se le plantean en el proceso de reformas de la iglesia y también al buscar otros caminos a las erróneas políticas que se llevan adelante en el mundo”, según afirma Duzdevich.

Las declaraciones de Francisco I sobre el escaso compromiso por parte de los Estados, culpándolos de falta de voluntad política para luchar contra el cambio climático; su decisión de permitir por primera vez en la historia de la Iglesia católica una auditoria externa del Banco del Vaticano; o su manifiesta preocupación por, según el propio Bergoglio, "una nueva forma de intervención exógena en los escenarios políticos de los países a través del uso indebido de procedimientos legales y tipificaciones judiciales" haciendo referencia al denominado "Lawfare" (guerra judicial), hacen que las presiones internas y externas de determinados grupos de poder vaya en aumento.

Duzdevich: "Francisco tiene claro un concepto que repite entre sus principios básicos, es el hecho de que el tiempo es superior al espacio"

Duzdevich asegura que el Papa es consciente de dichas presiones, y él mismo entiende que lo mejor que puede hacer es impulsar reformas que encaminen a la iglesia a una renovación que finalmente sea irreversible.
En cualquier caso parece evidente que existe un sector ultra ortodoxo dentro del Vaticano que pone en duda a Francisco y que está en contra de esta corriente aperturista y de condena al capitalismo. Pero esta red parece tener ramificaciones que cruzan el Atlántico y es en Estados Unidos donde encuentran mayor resonancia en organizaciones ultraconservadoras que cuentan con el respaldo de empresarios y grandes fortunas.

Al preguntarle a Duzdevich sobre el papel que está ejerciendo en este sentido Steve Bannon, ex consejero del presidente Donald Trump, católico ultraconservador y punta de lanza del movimiento político global y populista de extrema derecha que ya viene irrumpiendo en Europa con fuerza hace años, nos contesta que es evidente que Bannon representa una de las grandes fuentes de financiación de esta corriente ultraconservadora que también está dificultando que cambien algunas cosas dentro del Vaticano.

Y nos revela una información más que nos hace entender hasta qué punto Jorge Bergoglio viene siendo censurado dentro de la Iglesia incluso desde antes que fuera nombrado Papa en 2013.
En el cónclave de abril de 2005 en el que los cardenales votaron a favor de que Joseph Ratzinger sucediera a Juan Pablo II tras su muerte y convertirse en el Papa Benedicto XVI, el entonces cardenal Bergoglio sufrió un boicot que llegaba desde su propio país.

Portada del libro Salvados por Francisco (Ediciones B)

Monseñor Hector Aguer, arzobispo de la ciudad argentina de La Plata hasta el año pasado, que fuera representante de la corriente ultra ortodoxa argentina e investigador sobre doctrinas medievales, envió a un número determinado de cardenales que componían ese cónclave documentación referente a la investigación realizada por el periodista Horacio Verbitsky en la que se determinaba una relación de colaboración de Bergoglio con la dictadura militar de Videla. Esto hizo que Bergoglio solo obtuviera 44 votos a favor y Ratzinger fuera nombrado finalmente como sumo pontífice. Quizás por eso ahora se entiende mucho mejor que en 2007, el ya Papa Benedicto XVI nombrara al arzobispo Aguer integrante de la Comisión Pontificia de Justicia y Paz, y que esto le permitiera desde ese lugar en el Vaticano influir directamente en la composición jerárquica de la Iglesia argentina.

Fue tal vez por esta relación antagónica entre Bergoglio y Aguer, que el día en el que Francisco I fue elegido Papa, el arzobispo de La Plata no permitiera que en su Catedral sonaran las campanas como normalmente se hace cuando es nombrado un nuevo pontífice.

Aun así, Bergoglio sigue intentando tender puentes entre un pasado supuestamente imperfecto y un futuro esperanzador. Según nos cuenta Aldo Duzdevich sobre sus conversaciones recientes con el Papa, “Francisco tiene claro un concepto que repite entre sus principios básicos, es el hecho de que el tiempo es superior al espacio. Él no apuesta por ver terminada su obra cuando su vida biológica termine, aspira a que esos procesos perduren en el tiempo y sean irreversibles”.

Más noticias en Política y Sociedad