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Privacidad No puedes esconderte en las redes, aunque no tengas cuenta en Twitter o Facebook

La privacidad no sólo depende de nosotros, sino también de nuestros contactos en internet. Un nuevo estudio muestra cómo la información pública de amigos puede proporcionar tanta información que es posible lograr un perfil nuestro con un alto nivel de acierto. La nueva ley española de protección de datos permite a los partidos rastrear esos datos públicos. 

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La elección individual ha sido durante mucho tiempo considerada un principio fundamental de la privacidad en internet. Si no quieres estar en Twitter o en Facebook, puedes eliminar tu cuenta o, directamente, no abrirte una. Entonces, nadie puede controlarte ni predecir tu comportamiento, ¿verdad? Pues parece que la respuesta es negativa.

Un equipo de científicos de la Universidad de Vermont (EEUU) y la Universidad de Adelaida (Australia) ha estudiado más de 30 millones de publicaciones públicas en Twitter de 13.905 usuarios y, con esta información, han demostrado que la información contenida en los mensajes de Twitter de ocho o nueve de los contactos de una persona hace posible predecir los tuits posteriores de esa persona con la misma precisión que si estuvieran mirando directamente a la propia cuenta de Twitter de esa persona.

Pero lo más sorprendente (y preocupante) de este informe, publicado en Nature Human Behavior, es que también muestra que si una persona abandona una plataforma de medios sociales —incluso si nunca se dio de alta en ella— las publicaciones y las palabras de sus amigos siguen proporcionando aproximadamente el 95% de la "precisión predictiva potencial" sobre el futuro de una persona, incluso sin ningún dato de esa persona.

"No hay lugar para esconderse en una red social"

Los investigadores descubrieron, por ejemplo, que los algoritmos de aprendizaje automático pueden inferir con una precisión de hasta el 64% qué palabra es más probable que escriba un usuario a continuación, según lo que él y las personas con las que interactúa con mayor frecuencia han publicado anteriormente.

La misma información podría recopilarse en publicaciones en otras redes sociales, como Facebook, siempre que se hubiese accedido a ellas. Así, cuando te registras en una plataforma de redes sociales "crees que estás entregando tu información, ¡pero también estás entregando la información de tus amigos!" dice el matemático de la Universidad de Vermont James Bagrow, quien dirigió la nueva investigación.

No obstante, la red social más popular del mundo asegura que no realiza perfiles sobre usuarios que no son de Facebook.

"No hay lugar para esconderse en una red social", replica Lewis Mitchell, coautor del estudio y es profesor titular de matemáticas aplicadas en la Universidad de Adelaida.

Nos vigilan, y cada vez más

Tal es el alcance de la información pública que existe en internet, gracias a (o por culpa de) las redes sociales, que una empresa, un gobierno o un partido político puede perfilar con precisión a una persona a partir de lo que hacen o dicen sus amigos, incluso si nunca ha estado en las redes sociales.

La importancia de este tipo de estudios radica, precisamente, en la posibilidad de realizar perfiles ideológicos, políticos, raciales, religiosos o de orientación sexual, algo que prácticamente todas las democracias prohíben por ser una peligrosa invasión de la privacidad de los ciudadanos.

En España, la reciente y polémica nueva Ley Orgánica de Protección de Datos incluyó en su articulado una serie de preceptos sobre sociedad digital, en los que se abre la posibilidad —mediante una reforma puntual de la LOREG— de que los partidos políticos puedan recopilar este tipo de información (datos relacionados con la ideología) para buscar posibles votantes mediante la emisión de mensajes optimizados.

Inmediatamente, la Agencia Española de Protección de Datos advirtió de que esta nueva normativa se iba a aplicar de la forma más restrictiva posible, de modo que se impidiese a las formaciones la elaboración de listas con perfiles políticos de ciudadanos, algo que la propia Constitución prohíbe expresamente. ¿Tendremos que fiarnos?

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