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Reciclaje Toneladas de basura y cristales desbordan la única planta de reciclaje de vidrio de Madrid

En el este de la capital, a poco más de veinte kilómetros de la capital, se encuentra la planta de tratamiento de vidrio encargada de reciclar la mayor parte del vidrio recolectado en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, el propietario de la finca donde se ubica la fábrica denuncia que el lugar se ha convertido en un vertedero ilegal.

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Montaña de restos de vidrio, tapones, chapas y otras sustancias que han sido vertidas en el municipio madrileño de Ajalvir./M.A.D.

Desde hace años, la mayor parte del vidrio que se consume en la Comunidad de Madrid termina en el mismo sitio. Los camiones, ruidosos, recolectan de los cubos los millones de recipientes acristalados para llevarlos a un lugar donde puedan ser tratados para una futura reutilización. Este lugar es Ajalvir, un pequeño municipio situado al este de la capital, a unos 26 kilómetros del centro del Estado.

Allí, en un polígono industrial, se asienta Recycling Hispania, la empresa que se encarga de tratar el vidrio que vertemos a diario a los contenedores para una posterior reutilización. En la teoría, esta planta debería recibir el vidrio, tratarlo –eliminar sus impurezas– y después darle salida. Sin embargo, vecinos y el propio propietario del terreno donde ubica la fábrica denuncian que, en la práctica, el lugar se ha convertido en un vertedero ilegal de vidrio, "mierda" y plásticos.

Las imágenes hablan por sí mismas.

Algunos restos de tapones y plásticos se cuelan en el montón de las imperfecciones de vidrio tratadas en la planta de Ajalvir./ M.A.D.

Restos de un contenedor de vidrio en entre los montones de impurezas de vidrio que se acumulan en Ajalvir. M.A.D.

Miguel Ángel Díaz, propietario de la finca donde se encuentra la planta, es el principal afectado. Lleva años denunciando esta situación. Incluso ha conseguido que la Comunidad de Madrid sancione a Recycling Hispania con 12.000 euros. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que parece. Estas montañas de rechazo de vidrio son el resultado del “agujero negro en tema de residuos” que impera en la administración autonómica madrileña, explica Carlos Arribas, miembro de Ecologistas en Acción.

Hasta el año 2006 la empresa funcionaba a la perfección, según cuenta Díaz, que además de propietario del terreno es el anterior dueño de la planta de reciclaje. “Llegábamos a ganar cerca de un millón y medio de euros al año. No entiendo como los actuales propietarios han llevado a la empresa a esta situación”, se pregunta. Este hombre, junto con sus socios, decidió vender el negocio familiar ante una oferta que en su momento se prestó irrechazable. La propiedad del terreno, en cualquier caso, siguió a su nombre y alquiló las instalaciones a los nuevos propietarios. Lo que no imaginaba es que la dejadez y la mala gestión iban a desembocar en lo que él calcula que son cerca de 80.000 toneladas de basura.

"Han acumulado todo tipo de restos que no valían para el reciclado durante años. Hay hasta piezas de coches"

Los vertidos, acumulados en grandes montañas, están compuestos sobre todo por el denominado rechazo que surge después de tratar al vidrio. El problema es que estos restos se entremezclan con otros desechos que a veces se cuelan en el interior del cubo donde los ciudadanos arrojan los cristales: tapones, chapas o restos de plástico. Miles de despojos que con el tiempo han ido creciendo sin que se transporten a un vertedero legal. La ley 22/2011 de Residuos y Suelos Contaminados establece que el almacenamiento de los residuos no peligrosos –es el caso del vidrio– “la duración de almacenamiento será inferior a dos años cuando se destinen a valorización y un año cuando se destinen a eliminación”.

Unos plazos que han sido superados con creces según denuncian vecinos de la zona. “Esta gente ha acumulado todo tipo de restos que no valían para el reciclado durante años. Hay hasta piezas de coches”, expone Teresa Herrero, una ciudadana afectada por estas montañas que comienzan a desbordarse y a salirse de los límites del perímetro de la finca.

El acopio de vidrio, asimismo, se ubica entre las cuencas del Jarama y Henares, una zona considerada Zona de Especial Protección (ZEP) y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Si bien es cierto que el desempeño de recogida y gestión de residuos es compatible en esta zona, el propietario de la finca donde se ubica la planta denuncia que se debe hacer en base a los criterios medioambientales establecidos por las leyes españolas. Algo, que bajo su criterio no se ha cumplido y sigue sin cumplirse.

Vertedero de vidrio en Ajalvir./ M.A.D.

Culpas repartidas

En esta historia aparecen varios actores que se entrelazan. Cada uno de ellos, con un papel diferente. Por un lado, Miguel Ángel Díaz, que junto a los vecinos de la zona reclaman una solución inmediata. En frente, Recycling Hispania, la única empresa madrileña que puede tratar el vidrio. Ésta, para colmo, lleva desde 2017 en concurso de acreedores y desde 2018 no paga el alquiler al propietario de la finca. “Hemos pedido al juez que se marchen, pero siguen aquí y no me pagan, protesta Díaz. Entre medias, la Comunidad de Madrid, Ecovidrio, y la compañía francesa Verallia.

En un primer momento, Recycling Hispania consiguió la adjudicación por Ecovidrio de los servicios de tratamiento de vidrio en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, las relaciones no terminaron de la mejor manera. Tanto es así que Ecovidrio se vio obligada a acudir a los tribunales debido al impago de dos millones de euros por parte de la compañía de reciclaje. Aunque el vínculo directo parecía roto, el vidrio continuó llegando al municipio de Ajalvir.

Ecovidrio volvió a sacar a concurso la gestión de los residuos y Verallia, un fabricante de vidrio, se hizo con ellos. La idea era clara, ahorrar los costes en la elaboración de sus envases gracias a la compra de los desechos acristalados de todo Madrid. Sin embargo, esta compañía no disponía de una planta que le permitiese tratar los envases por lo que todo volvió al mismo sitio: Verallia subcontrató los servicios de Recycling Hispania.

A todo esto, vecinos como Herrera y el dueño del terreno se preguntan cómo es posible que Recycling Hispania siga teniendo la licencia de la Comunidad de Madrid para el tratamiento de residuos. Tampoco entienden por qué Ecovidrio permite que Verallia continúe llevando los restos acristalados a esta zona después de que fuera multada en 2018 por incumplir con los criterios ambientales.

En ese sentido, desde la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid explican a Público que se está trabajando para que la situación se solucione y afirman que los montones de rechazo de vidrio han descendido hasta los límites permitidos, según inspecciones recientes. Por lo que se refiere a las relaciones contractuales de la empresa, el organismo autonómico plantea que no puede decidir si otorgar licencias en base a la situación económica de una compañía. “Nuestra única labor es velar por el medio ambiente”, declaran desde la consejería.

"Mi mayor temor es que los dueños de la empresa se marchen y me dejen los residuos"

Beatriz Egido, subdirectora de Comunicación de Ecovidrio, por su parte, explica a este medio que “están atados de manos” y que no tienen ninguna capacidad para obligar a Verallia, la compañía que se hizo con el concurso de la gestión de los residuos, a que no lleven los restos a la planta de Ajalvir. Asimismo, desde la entidad garantizan que el vidrio que se recoge en los cubos de las calles de Madrid está siendo reciclado "al cien por cien". 

Desde Verallia, por su parte, explican a este diario que están trabajando para retirar todo el rechazo y los restos de vidrio antes de que termine el año. Sin embargo, señalan, la retirada del resto de residuos plásticos que se entremezclan en los montículos corresponde a Recycling Hispania.

Este diario ha tratado de ponerse en contacto con los gerentes de Rycicling Hispania para conocer su versión de los hechos, pero no ha obtenido contestación por ninguna de las vías utilizadas; teléfono y correo electrónico.

Mientras tanto, Díaz ve cómo los días pasan con el temor de que la empresa, ya en una difícil situación económica, termine cerrando definitivamente y se tenga que hacer cargo de los restos que se acumulan en su terreno. "Mi mayor temor es que los dueños de la empresa se marchen y me dejen los residuos aquí". 

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