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El turismo tras la covid-19 Un verano sin (apenas) turistas, ¿es la hora del fin del turismo masivo?

Las restricciones masivas de viaje amenazan con dejar una temporada de turismo 2020 para olvidar. Sin embargo, el parón puede acelerar el desarrollo de un turismo menos masificado, y más respetuoso con el medio ambiente… Una transición prometedora, pero que puede ser traumática para el empleo si las aerolíneas colapsan y el cambio acaba siendo brusco.

Turistas con mascarilla se toman fotos la puerta de Tiananmen durante las vacaciones de cinco días del Día del Trabajo después del brote de la enfermedad por coronavirus en Beijing. REUTERS / Tingshu Wang
Turistas con mascarilla se toman fotos la puerta de Tiananmen durante las vacaciones de cinco días del Día del Trabajo después del brote de la enfermedad por coronavirus en Beijing. REUTERS / Tingshu Wang

Este no va a ser un verano cualquiera. Incluso si la desescalada progresiva de las restricciones de movimiento va según lo previsto, acabará solo a finales de junio. Eso es, con el verano ya entrado. Pero incluso entonces el Gobierno no prevé que las fronteras estén totalmente abiertas; los controles pueden seguir durante todo el año. Una situación que es similar en toda Europa.

Unos cierres de fronteras que detienen al virus, pero también a los turistas que atestan las ciudades y la costas españolas cada año, que son la savia de un sector que contribuye en un 14,3% al PIB nacional. Y España no es el más expuesto. Otros como Grecia dependen en un 20,8% y Portugal en un 16,5%. El impacto en Italia, donde el 13% del PIB procede del turismo, también puede ser fuerte.

Es muy posible que este año haya menos problemas para encontrar una sombrilla libre en las playas de Benidorm o en Tenerife, pero será con un coste tremendo para la economía. De momento, el comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, estima que la pandemia le está costando al turismo europeo 1.000 millones de euros al mes. El empleo también puede resentirse mucho: solo en España hay más 2,6 millones de personas que trabajan en hoteles, restaurantes, agencias de viajes, museos o como conductores de autobús, de tren, pilotos de avión, y gestores de propiedades turísticas.

¿Habrá verano 2020? Es la pregunta está resonando en las videollamadas de todo el continente. Todo indica a que puede haber algo de turismo a partir de finales de junio o julio como pronto, pero de momento las restricciones de viaje siguen ahí y además cada país de la UE tiene su propio plan para la desescalada.

Con esa incertidumbre y tras casi dos meses sin apenas salir de casa, los expertos consultados prevén que muchos preferirán los desplazamientos cortos para evitar tomar el avión, ahorrarse controles exhaustivos en las fronteras, y visitar a los familiares que no han podido ver en las últimas semanas. La desescalada permitirá primero un turismo nacional, y más adelante, cuando se comiencen a abrir las fronteras, intraeuropeo. En cuanto a los turistas de otros países como China o Estados Unidos, los profesionales del sector dan casi por perdidos para 2020.

¿Una oportunidad para el turismo sostenible?

Pero, ¿y si este parón del turismo pudiera ser una oportunidad para repensar el modelo de turismo masificado que desborda ciudades como Barcelona o Venecia cada verano? Que no es sostenible y que hay que buscar alternativas es un mensaje que parece estar extendiéndose a todos los niveles y entre todos los que trabajan en el sector. Algo que no es algo completamente nuevo, pero la crisis puede acelerar la apuesta por un modelo de turismo más sostenible.

Sin ir más lejos, Thierry Breton anunció hace una semana en el Parlamento Europeo que impulsaría una hoja de ruta por un turismo "responsable, sostenible e innovador en respuesta al turismo de masas, la realidad de la transición ecológica y la emergencia de las nuevas plataformas que ponen en entredicho el equilibrio del ecosistema".

Si la crisis se alarga mucho más las aerolíneas no podrán sobrevivir

¿Cuánto puede acelerarse esta transición? Los expertos consultados insisten en que todo depende mucho de cuánto acabará durando esta crisis y si habrá un tratamiento o una vacuna en los próximos meses. Un gran factor puede ser la supervivencia de las aerolíneas. Si la crisis se alarga es posible que muchas no puedan sobrevivir, haciendo que el coste de los billetes aumente y que otras alternativas menos rápidas, como el tren o el coche lo sustituyan. La caída no será sin resistencia, en gran parte por el impacto en el empleo que puede suponer. Varios Estados ya han salido al rescate de sus aerolíneas nacionales: en Francia, el Gobierno ofrecerá 7.000 millones de euros a Air France en préstamos y avales, el paquete que recibirá Lufthansa de Alemania, con contribuciones de Austria, Bélgica y Suiza, donde la compañía tiene sedes, llegará a los 10.000 millones de euros. Alitalia ha sido renacionalizada.

Si la crisis se alarga, "habrá más empresas que no podrán abrir, pero las que se queden tendrán una necesidad de cambio de negocio, que se veía venir desde hace muchos años", apunta Eduardo Santander, director ejecutivo de la Comisión Europea de Viajes (ETC, por sus siglas europeas), la asociación europea de las oficinas públicas nacionales de promoción del turismo.

Los destinos menos populares pero más cercanos serán los beneficiados tras la crisis

Santander vaticina una "revalorización de la industria de los viajes y del turismo" que lleve a los viajeros hacia un "turismo consciente". Es decir, que cada decisión de viaje sea mucho más estudiada, en lugar de marcharnos al primer lugar con una oferta de vuelos por 20 euros para un fin de semana. "Vamos a pensar en qué tipo de gasto, qué tipo de transporte, y cómo vamos a aportar a la economía local". Muchas agencias de promoción de turismo, explica, como la holandesa, la belga, la alemana o la española, ya estaban planteándose una transformación del turismo del mañana antes de la crisis. "Esto ha acelerado mucho más la toma de conciencia".

Los destinos menos populares pero más cercanos pueden verse beneficiados. La pandemia puede traer consigo un cambio de mentalidad. Quizá ya no tantos encuentren atractivo marcharse al otro lado del mundo para sentarse en una playa y no hacer nada. "Ahora es socialmente aceptable preferir unas vacaciones cercanas. O decidir no volar a propósito. Esto puede cambiar el turismo para siempre", indica Dominique Vanneste, profesora de la Universidad Católica de Lovaina.

Algo que puede tener un impacto entre muchos jóvenes, que ven viajar y explorar el mundo como un derecho, aunque consista en un viaje de fin de semana a Praga avión mediante. También en los más mayores, que pueden preferir tomar el sol en su país en lugar de viajar a España e Italia, si el sistema de salud de estos países les despierta dudas, continúa Vanneste.

Eso sí, ese crecimiento de los destinos menos populares puede ser un arma de doble filo, advierte la profesora. Si un sitio se pone en el mapa, pero no está preparado para gestionar grandes afluencias de turistas, quizá veamos un desplazamiento del problema. "Pueden hacerse famosos pero pueden encontrarse con problemas si va demasiado rápido", concluye.

Jesús Freire asegura que el cicloturismo ayudará a las zonas rurales y los negocios pequeños, además de ser una alternativa más sostenible

De la mano de esos destinos rurales, los promotores del uso de la bicicleta ven una oportunidad para que el cicloturismo se consolide como una alternativa al turismo tradicional. "Se puede confirmar lo que llevábamos muchos años solicitando: que hay maneras más sostenibles de hacer turismo", apunta Jesús Freire, de la Federación Europea de Ciclistas (ECF). Las bicis "llevan el turismo a las zonas rurales, a los establecimientos más locales, a negocios familiares, y generan mucho más empleo". En España, las principales vías cicloturistas y que pueden ver un aumento del turismo si el avión pasa a ser menos atractivo son, entre otras, el Camino de Santiago o la Ruta de la Plata. Según cifras de ECF, en todo el continente ya se producen 2.300 millones de viajes en los que se usa la bici cada año, generando 44.000 millones de euros de negocio.

Todas las guías de viajes pasan por Roma y el Coliseo

Aunque sí es posible que algunos destinos de vacaciones piensen en alternativas más sostenibles, Vanneste cree que los destinos más populares, donde la economía depende más del "monocultivo" del turismo, serán más reacios a cambiar sus modelos. Algo que parecen contradecir los mensajes que llegan de algunas ciudades como Venecia, que al menos en la teoría, sí están considerando un modelo más suave de turismo. "Esta será una oportunidad de avanzar hacia un turismo más inteligente. Con turistas que se toman el tiempo necesario para conocer la ciudad y escapar de los tours frenéticos de antaño", apuntaba, Simone Venturini, miembro del Ayuntamiento de la ciudad, a Euronews

Ante esto, Jean-Michel Decroly, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, no es muy optimista. Si se salvan las aerolíneas, cree que en unos años podremos volver al turismo masivo de hace unos meses. Si no se salvan, se podría precipitar una transición acelerada con un coste de millones de empleos. "Podemos lamentarnos que no se hayan tomado medidas para hacer una transición progresiva".

"Más que una transición progresiva con menos impacto sobre el medio ambiente o un mejor acceso de los habitantes a sus ciudades, vamos a ver una transición muy brutal, a raíz de la crisis, con una ruptura social. La parada en seco de los flujos se va a traducir en despidos masivos", concluye Decroly. 

Tom Jenkins prevé que las personas querrán ir a los lugares populares, y no se producirá una transición en el turismo

Tampoco está del todo convencido de que vaya a producirse esa transición Tom Jenkins, director de la patronal de los turoperadores europeos (ETOA). "Las personas querrán ver las mismas cosas y tener las mismas experiencias… que tienden a ser las cosas famosas. Y querrán ir a sitios donde puedan disfrutar… y esos suelen ser los lugares más populares. Esos dos imanes no van a perder su fuerza".

Como casi todo en estos tiempos de confinamiento y restricción de movimiento, el futuro del turismo también está en el aire. Una disrupción que tiene el potencial de cambiar la manera en que viajamos, pero amenaza con generar un gran impacto en los numerosos empleos que genera la industria tanto en España como en Europa. Puede que las familias vuelvan a considerar el tren al pueblo y un paseo en bici como alternativa a esas vacaciones, pero el Coliseo de Roma seguirá estando en la portada de las guías de viaje de todos los que visiten Italia. Y no será fácil desdeñar los incentivos económicos de la masificación.

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