Qué es la tendencia ‘deinfluencer’ que poco a poco va ganando terreno entre los más jóvenes
En los últimos años, el papel prescriptor de los influencers en las redes sociales ha sido puesto en duda.

Zaragoza-
Internet está muerto. La irrupción de la IA y el contenido autogenerado, sumado a la mayor presencia de bots en redes sociales y la dictadura de los algoritmos, hacen que la experiencia de navegar por la red de redes resulte artificial y aburrida. El contenido, esa palabra que sirve de cajón de sastre para todo lo que se publica online, es cada vez más monolítico y predecible. No en vano, en busca de conseguir algo de exposición, todos los agentes acaban recurriendo a fórmulas similares, lo que hace que todo sea lo mismo.
De fondo está el capital y la necesidad de sacar un rédito económico -ya sea monetario o social- a cada interacción. Ese es el terreno de juego de los influencers, una figura nativa de Internet y que se encuentra en el centro de esta problemática. La raíz es mucho más profunda, claro. Hubo un momento en la historia reciente en la que la red pasó a ser un oligopolio formado por unos pocos gigantes tecnológicos que, en los últimos años, han revelado su cara y agenda. Ellos ponen las reglas y el resto las aplica como buenamente pueden, con la trampa de la monetización siempre presente.
El papel de los influencers en el Internet actual
Cuando subir contenido a Internet se torna en un trabajo, la intención última siempre va a ser ganar dinero. Los más afectados son los influencers, quienes deben captar la atención de la audiencia para poder vender un producto de manera directa o indirecta. A veces son más burdos y otras más sutiles, pero la sinceridad en la comunicación está viciada de origen. Sobre todo porque escapar a las lógicas internas de la red es muy complicado.
Los algoritmos marcan el formato, por ejemplo la actual tiranía del vídeo corto sobre otras maneras de expresión, y también la forma. Por su parte, las tendencias acaparan el contenido. Generalmente, es más fácil lograr exposición si se va a favor de obra. Por si fuese poco, en una sociedad acelerada estas modas cambian cada poco tiempo, generando un consumo cada vez más insostenible. Lo vimos en la moda, donde el fast fashion dio paso al ultra fast fashion, pero también se puede observar en hobbies como la lectura o el colorear. Estar a la última es casi imposible.
Qué es la tendencia 'deinfluencer'
El desencanto generalizado en torno a las redes sociales, los influencers y, en última instancia, el hiperconsumismo potenciado desde dichas plataformas, cristalizó en lo que se conoció como la tendencia deinfluencer. ¿Y en qué consiste esta corriente? Sencillamente, en ir a la contra de las mecánicas por las que se rige el Internet contemporáneo.
Concretamente, el fenómeno deifluencer consiste en una serie de personalidades online que basan su contenido en desmontar aquellas tendencias o productos que no merece la pena seguir. Es decir, en lugar de hacer recomendaciones sobre aquello que se ha de comprar, se argumenta justo lo contrario. Evidentemente, no se trata de una crítica vacía o hecha desde el odio; eso sería otra cosa. El sustrato de esta tendencia está fundamentado y se articula en torno a la potenciación del consumo responsable.
El ejemplo de la moda es claro. El influencer tradicional siempre se va a sumar a la tendencia del momento. En algunos casos patrocinado de manera directa, ya sea por una marca o un comercio. En otros, simplemente, porque es lo que está en boga y, por tanto, el algoritmo le pide que promocione dicho producto pues es lo que se busca en la plataforma. La labor del deinfluencer, sin embargo, es denunciar si dicha tendencia posee algún tipo de interés detrás, o las consecuencias (medioambientales, laborales, económicas…) que posee sumarse a ella. Si la conclusión es negativa no recomendará la adquisición de ese producto.
Además, en los vídeos de deinflunecers también abundan los recordatorios de que las vidas que observamos a través de la pantalla de nuestro teléfono no son reales. “Recibir un ramo de flores de 500 dólares en San Valentín no es normal. Ir a comprar al Sephora todos los meses no es normal. Cambiar de productos de maquillaje cada semana no es normal. Gastar cientos de dólares en un skincare no es normal. Salir a comer todos los días no es normal. Solo estoy aquí para recordar que lo que ves en las redes sociales no es la verdad”, dice en un vídeo la usuaria @plenaire en un buen ejemplo de esta tendencia.
Hacia un Internet lento y vivo
La trend deinfluencer comenzó a codificarse alrededor de 2023 y, si bien no es masiva, sí que ha ganado cierta predicación. De hecho, no hay mejor muestra de ello que el propio sistema la va asimilando poco a poco. Si seguimos el ejemplo del mundo de la moda, cada vez son más los perfiles que apuestan por promocionar la moda circular o la compra de prendas de calidad que duren mucho tiempo, en lugar de productos de fast fashion de usar y tirar.
Además, en el formato, en los últimos años se ha visto un regreso al contenido más pausado y reflexivo. Por ejemplo, en el audiovisual cada vez son más los influencers que apuestan por un regreso al vídeo largo de YouTube en detrimento de los shorts o reels. Evidentemente, este se trata de un cambio impulsado por la propia industria, pero que responde al hastío generado por el Internet muerto y ultraconsumista ante el que se rebela el fenómeno deinfluencer.

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