La gastronomía patria incluye platos típicos como la paella, la tortilla de patatas, la fabada o las patatas bravas, que son todo un éxito entre los muchos viajeros que nos visitan. Sin embargo, también contempla otros que incluyen ingredientes poco convencionales o partes ‘extrañas’ de animales que asombran a los turistas y que, desde luego, no son aptos para los más aprensivos.

A fin de cuentas, no es muy común encontrar en las cartas de restaurantes de otras partes del mundo callos, intestinos de animales o criadillas. Veamos cuáles son los platos que comemos en España con asiduidad, pero que resultan repugnantes a quienes nos visitan.

Criadillas

Fuente: unareceta.com
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Es el término culinario que se utiliza para aludir a las partes nobles de los animales, es decir, los testículos. Se consumen desde la Antigüedad, época en la que se le atribuían propiedades afrodisíacas, y se sabe que Felipe III y Carlos III las consideraban una exquisitez.

Aunque las hay de cordero o ternero, las provenientes del toro y el cerdo son las que más recetas protagonizan, especialmente en Madrid. Sin embargo, esta vianda, que muchos viajeros ven repugnante, también se consume en China y algunos países del este de Europa.

Crestas de gallo

Fuente: Wikipedia.
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Las crestas que adornan la cabeza de los gallos son uno de los productos más típicos de la gastronomía de Zamora y Cuenca, donde las guisan con verduras, especias y pimentón. Posiblemente, el secreto de su éxito estriba en su textura gelatinosa y el intenso sabor repleto de matices que proporcionan.

Aunque parezca una rareza, lo cierto es que el aprecio culinario por este particular bocado se pierde en la noche de los tiempos. De hecho, Leonardo da Vinci recogió en el Codex Romanoff varias recetas y consejos acerca de cómo escoger el mejor ejemplar: «aseguraos de elegir un gallo grande, mayor de doce años de edad, y de que su cabeza levante al menos 60 centímetros del suelo, antes de quitarle la cresta».

Caracoles

Fuente: Wikipedia.
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España, especialmente Madrid, ha importado la tradición culinaria de Italia y Francia de consumir caracoles, que suelen cocinarse en diferentes tipos de salsas o al ajillo. Sin embargo, estos bichitos con cuernos son para muchos nauseabundos, especialmente para los estadounidenses, quienes los comparan con las babosas.

Lengua de ternera

Fuente: Wikipedia.
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El consumo de este órgano no es algo nuevo, pues las fuentes nos dicen que ya disfrutaban de sus bondades en el Paleolítico. Muchos sienten repulsa al pensar en lo que están comiendo, sin embargo, en numerosas regiones españolas es un producto muy recurrente por sus excelentes cualidades organolépticas, ya que regala una textura de lo más jugosa gracias a su alto contenido en grasa. Guisada, estofada, ahumada o en salsa son las formas de elaboración más comunes.

Gallinejas

Fuente: Wikipedia.
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Aunque su nombre pueda llevar a engaño y hacernos pensar que son partes provenientes de las gallinas, lo cierto es que proceden de los intestinos del cordero, más concretamente el entresijo y el intestino delgado, los cuales se trocean y se fríen. Un plato típicamente tradicional de Madrid, que constituye una delicia para los amantes de la casquería, pero que produce auténtico rechazo a los más escrupulosos.

Callos

Fuente: Wikipedia.
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Se trata de las partes provenientes del estómago de los animales, especialmente del cerdo y la ternera, las cuales se guisan con distintas verduras y especias. El resultado es una elaboración sabrosa y gelatinosa, que aprecian particularmente en Madrid y Castilla y León, donde son muy típicos. Sin embargo, para muchos viajeros no deja de ser un despojo, cuyo consumo deja ojiplático a más de uno.

Sangre

Fuente: Wikipedia.
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Aunque para algunas culturas el consumo de sangre es un tabú y para otras algo vomitivo, lo cierto es que en España protagoniza un sinfín de recetas como la morcilla, la sangre encebollada, muy extendida en Andalucía; la fritanga de sangre, típica de Sevilla; o la chanfaina, muy presente en Castilla y León y Extremadura.

Lamprea en sangre

Fuente: Wikipedia.
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Concluimos este repaso con la lamprea, un pez muy feo, que además se alimenta de la sangre de otros peces, aspectos que provocan rechazo a priori. Si a esto le sumamos que lo habitual es consumirlo hervido en su propia sangre, el nivel de rechazo se incrementa a niveles estratosféricos. Sin embargo, en Galicia es un auténtico manjar, y los paladares más instruidos la consideran una delicatesen

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