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Arabia Saudí se aprieta el cinturón de una forma sin precedentes

La alegría y la relajación con la que los saudíes se acostumbraron a tomarse la vida toca a su fin. Las autoridades saudíes han empezado a retirar subsidios y se esfuerzan por cambiar radicalmente la mentalidad de sus ciudadanos y el sentido de la economía. Sin embargo, las previsiones para el futuro no son de color rosa.

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Vista de La Meca, Arabia Saudí /REUTERS (Suhaib Salem)

El gobierno saudí está reduciendo gastos a toda máquina después de que el precio del crudo cayera significativamente en los últimos años pasando de 147 dólares el barril en 2014 a alrededor de 50 dólares, una caída que ha privado a la principal economía árabe del crecimiento que habían previsto las autoridades monetarias.

Los desajustes causados por el precio del petróleo han obligado al gobierno a realizar cambios radicales en sus programas económicos. Una de las medidas más comentadas es la inminente introducción del IVA, que entrará en vigor a partir del próximo 1 de enero, al tiempo que se están preparando otros impuestos desconocidos hasta la fecha.

Las reformas económicas anunciadas por el príncipe de la Corona, Mohammad bin Salman, están yendo a paso muy lento y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha previsto que la expansión económica de Arabia Saudí para el año 2017 sea de solo el 0,1 por ciento. Con este porcentaje el crecimiento será insignificante.

Uno de sus problemas es que Arabia Saudí no puede incrementar la producción de crudo, que en la actualidad supera ligeramente los 10 millones de barriles diarios. Como primer productor del mundo, con el 20 por ciento del mercado mundial, Arabia Saudí también cuenta con las mayores reservas conocidas, pero si decidiera aumentar su producción, el precio del barril caería rápidamente por debajo de los 40 dólares.

Instalaciones petrolíferas de Saudi Aramco en Abaqaiq, al este de Arabia Saudí /REUTERS (Saudi Aramco/Handout)

Aunque no todo son malas noticias, ya que debido a una intervención enérgica del ministerio de Economía, el déficit anual del estado bajó del 17 por ciento en 2015 al 10 por ciento el año pasado, un dato positivo en el que tienen que profundizar las autoridades.

Sin embargo, el índice de desempleo es del 12,3 por ciento. El mercado laboral está inundado de trabajadores extranjeros que desempeñan los empleos más sofisticados y también los peor pagados. Los saudíes no suelen estar preparados para trabajar en el sector privado y se niegan a desempeñar los oficios peor pagados. Además, los salarios en el sector privado son sensiblemente más bajos que en el sector público.

Este año ha suscitado una considerable alarma la solicitud por parte de Riad de un préstamo de 10.000 millones de dólares al FMI, máxime si se tiene en cuenta que el país es uno de los más ricos del mundo y tiene inversiones en Estados Unidos por valor de 750.000 millones de dólares.

Existe una urgencia clara, reconocida por las autoridades, de que Arabia Saudí tiene necesidad de diversificar sus ingresos cuanto antes, evitando que la exportación del petróleo sea en realidad el único ingreso del país. Para ello es urgente que impulse inversiones en sectores como la tecnología, las infraestructuras o los recursos humanos.

Todo el mundo está de acuerdo en que este país, donde la inmensa mayoría de los alimentos básicos se importan del extranjero, necesita un cambio global de su sistema económico. Así lo ha reconocido el hombre fuerte, el príncipe Mohammad bin Salman, quien cuenta con la bendición de su padre, el monarca Salman, para realizar cuantos cambios considere oportunos.

El ministro de Petróleo de Arabia Saudí, Jalid Al-Falih (c), asiste a la reunión formal de ministros de petróleo de la OPEP en Viena. EFE/Christian Bruna

Pero Mohammad bin Salman se ha metido en algunas aventuras que están resultando muy costosas, como la guerra de Yemen, donde los saudíes combaten a los houthies desde hace años contando con el visto bueno o la pasividad de Estados Unidos y de Europa. En los últimos meses se ha indicado que el príncipe de la Corona se está cansando de esta guerra, pero no ha dado ningún paso concreto para acabarla.

En el caso de Siria, donde Riad jugó durante años un papel central en el apoyo a los rebeldes, su presencia se ha reducido sensiblemente en los últimos meses, especialmente desde la entrada en la Casa Blanca de Donald Trump y el cambio de paso en Washington con respecto a los grandiosos sueños de la anterior administración estadounidense para Oriente Próximo.

La abundancia de dinero fácil durante décadas hizo que no hubiera necesidad de realizar inversiones de las industrias básicas, pero esta situación ha dejado de ser así y ahora es preciso invertir a marcha forzada en los sectores más diversos de la economía, máxime si se tiene en cuenta de que Arabia Saudí no tiene ninguna garantía de que el precio del crudo se mantenga a unos niveles estables en los próximos años.

Musulmanes rezan en la Gran Mezquita durante el peregrinaje anual a La Meca /REUTERS (Suhaib Salem)

Una de las industrias que Riad quiere desarrollar es la del turismo religioso. En Arabia Saudí se encuentran los lugares históricos centrales del islam, y se estima que durante este año unos 20 millones de musulmanes llegarán al país. Riad quiere desarrollar esta clase de turismo, no solo en la Meca y Medina sino también en otros lugares.

En este contexto, se ha de destacar que el gobierno quiere que todos los saudíes se aprieten el cinturón, y ha comenzado a retirar los subsidios a la gasolina, la electricidad y el agua. Esta medida no es muy popular pero sí que es imprescindible e indica muy bien hasta qué punto será necesario que los saudíes se acostumbren a los nuevos tiempos.

Una circunstancia que complica las cosas es la denuncia que en marzo pasado presentaron los supervivientes y las familias de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2011 en Estados Unidos, que exigen al estado saudí 100.000 millones de dólares. Sus abogados acusan a Riad de conocer que algunos de los suicidas que cometieron los atentados estaban en la lista de terroristas de Riad pero los saudíes no hicieron nada para evitarlos.