Público
Público

Ciudadanos, casi borrado del mapa: sus 32 escaños no serán decisivos ni para ser bisagra del Gobierno

La única opción viable de que los de Rivera entren en un Ejecutivo es conformar la gran coalición a tres bandas y, para ello, los naranjas no son necesarios. PP y PSOE suman suficiente sin ellos. "No estamos muy satisfechos", reconoce el líder de C's.

Publicidad
Media: 1
Votos: 1
Comentarios:

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, comparece ante los simpatizantes en el exterior de la sede del partido en Madrid tras conocer los resultados de las elecciones generales del 26J. EFE/Javier López

MADRID.- David no pudo con Goliat. Albert Rivera no logró devolver los ataques del PP y arañar los votos de la derecha. Es más, ni siquiera alcanzó su objetivo de mantener los 40 escaños que había logrado el pasado 20 de diciembre. Ciudadanos ha quedado prácticamente borrado del mapa: no será decisivo, como pretendía, ni como bisagra de un posible Gobierno.

La caída ha sido contundente: con el 99,79% del escrutinio cerrado, ocho escaños menos (de 40 a 32), casi un punto en porcentaje menos (del 13,94 al 13.05%), y 400.000 papeletas naranjas menos. Hasta el líder de Ciudadanos reconoció que no es un resultado para estar contentos. "No voy a decir que estamos muy satisfechos", admitió en su valoración de la noche electoral. 

Con esas cifras, C's y PP (132) sumarían 169 escaños y no alcanzarían los 176 que marcan la mayoría absoluta del Congreso. Para alcanzarla necesitarían el apoyo de fuerzas como ERC (9), CDC (8) o PNV (5); una opción imposible para los naranjas, debido a su antiindependentismo. La única posibilidad que existe de que Ciudadanos forme parte de un Ejecutivo es alcanzar la gran coalición a tres bandas de la que siempre ha sido partidario Rivera. Pero para eso tampoco es necesario. PP y PSOE (85) suman solos 222 escaños, mayoría más que suficiente para entenderse solos. Otra es la pretendida unión PSoe-Podemos-C's, a la que Rivera se ha negado hasta la saciedad, por lo que también parece inviable, a priori.

Rivera culpa a la ley electoral: "No podemos ir otra vez a las urnas con una ley donde no todos los votantes valen igual y hay ciudadanos de primera y de segunda"

Para justificarse, Rivera tiró de victimismo: la culpa la tienen, según él, la baja participación (aunque en realidad fue similar a la de los pasados comicios) y la "injusta" ley electoral. "Ciudadanos se ha quedado a 80.000 votos de Podemos e IU -sin sumar el resto de confluencias- y tenemos 12 escaños menos. Es injusto", se lamentó. Y se marcó como objetivo para esta legislatura impulsar una reforma de la misma: "No podemos ir otra vez a las urnas con una ley donde no todos los votantes valen igual y hay ciudadanos de primera y de segunda", siguió con su discurso lacrimógeno. 

No era para menos. Es la segunda vez que su discurso de la "ilusión" y su "imposible es solo una opinión" se topa con la realidad. Antes del 20-D soñaban con entrar en el Congreso por la puerta grande. Con 100 diputados, nada menos. Pero cometieron 1.000 errores: candidatos que no sabían ni explicar sus programas, otros que equiparaban el aborto con una forma de violencia o la propia equiparación de la violencia de género con la doméstica, al querer igualar las penas de ambos delitos en su propio programa electoral, entre otros. Y se quedaron con 40. Ahora sólo querían mantenerlo. Y ni eso. 

El inútil cambio de estrategia 

Rivera, que ya sólo aspiraba a ser bisagra y no líder del Gobierno, cambió esta vez su táctica electoral y abandonó el buenismo y su venta del "proyecto común para España" para bajar al barro y arremeter duramente contra Podemos y el PP con un objetivo claro: que la "pinza" entre ambos no polarizara la campaña. ¿Sus palabras más repetidas? Venezuela y corrupción, respectivamente.

Albert Rivera y Juan Carlos Girauta juegan al dominó con jubilados en un acto de campaña en Barcelona. Archivo EFE

El candidato naranja también mejoró sus intervenciones en los debates -aunque tampoco estuvo brillante- y sumó a su estrategia "moderna" de redes sociales, teles y debates, técnicas propias de la vieja política. Así, en las últimas dos semanas se ha dejado ver dando paseos con los vecinos, visitando granjas y pisando medio rural por primera vez, discutiendo de fútbol con los más pequeños y hasta jugando al dominó con los más mayores. También invitó a los militantes a una paella en Madrid en el ecuador de la campaña; un acto festivo que, además, estuvo amenizado por Juan Carlos Girauta (exportavoz en el Congreso, número uno por Barcelona), que se arrancó con una guitarra a tocar 'Mediterráneo' de Serrat en pleno mitin.

El 45% de los votantes de C's el 20-D procedían del PP. Ahora los conservadores recuperaron buena parte del voto que se había teñido de naranja en los comicios anteriores

Nada de eso sirvió. Su pacto con el PSOE, que los naranjas veían como beneficioso porque les alejaba del título de "la otra derecha" para devolverles al "centro", no parece haberles salido bien. Los conservadores, que el 20-D constituyeron el 45% de su electorado, parecen haberse enfadado por ello.  

El voto urbanita y joven, de clase media-alta, con el cuenta C's también parece haberle abandonado. Hoy, pese a las apelaciones al voto útil de Rivera, que lo fío todo al voto abstencionista e indeciso para alcanzar el 1% más de los votos que, según sus cálculos, supondrían "10 escaños más para C's" mientras sería una cifra residual para el bipartidismo, tampoco salieron bien. Si el pasado 20-D alcanzó el 13,94% de los apoyos, hoy sólo 13,03. Quería un 1% más de apoyos y ha bajado justo eso: casi un punto. De 3.514.528 papeletas naranjas a 3.069.052. 

¿La culpa? Según Rivera, de la ley electoral. Pero lo cierto es que pudieron más los reiterados mensajes del PP, que cerró la campaña con un vídeo en el que pedía el voto directamente al propio Albert Rivera. Al final, los conservadores consiguieron recuperar a parte del electorado que se había teñido de naranja el pasado 20 de diciembre. Es el caso, por ejemplo, de Sevilla, donde el segundo escaño que había alcanzado C's se ha ido ahora al cuarto del PP; el de Salamanca, el de A Coruña, el de Guadalajara, el de Toledo y el de Albacete. 

El secretario de Organización, fuera; 'Felisuco', dentro

Cinco de los ocho escaños perdidos de C's se han vuelto al PP. El de León ha ido a Podemos y el de Madrid pudo estar entre PP y PSOE, con la entrada de Eduardo Madina

En Catalunya, donde nació Rivera (que iba a ser, en sus mejores sueños, "el primer presidente catalán") y Ciudadanos y donde consiguieron el pasado 27 de septiembre convertirse en segunda fuerza y colocar a Inés Arrimadas como jefa de la oposición, los naranjas se quedaron como estaban el 20 de diciembre: mantienen los 5 escaños (4 por Barcelona y uno por Tarragona) de Juan Carlos Girauta, Toni Roldán, Elena Faba, José Manuel Villegas y Sergio del Campo. Aunque el de Villegas estuvo en duda hasta el último momento. 

La misma situación vivió Fran Hervías, el 'señor Lobo' de Ciudadanos, el pasado 20 de diciembre. Su escaño, el séptimo por Madrid, peligró entonces hasta el final del escrutinio. Hoy su caso es de los más curiosos: es el único alto cargo del partido en listas que tendrá que abandonar el Congreso. El secretario de Organización se queda fuera. en favor, bien del número 15 del PP, bien del número 7 del PSOE (Eduardo Madina). 

Los otros siete escaños perdidos, ya comentados, corresponden a los tres de Castilla-La Mancha, el de Salamanca, el de León (que se ha ido a Podemos), el segundo por Sevilla (Virginia Millán Salmerón, la número uno, sí conserva su puesto) y el de A Coruña, también polémico porque la Ejecutiva cambió al cabeza de lista por esa provincia (Antonio Rodríguez fue sustituido por el ex de UPyD Xosé Canedo), entre graves acusaciones de dedazo

Rivera promete quedarse en la oposición si Rajoy y Sánchez no aceptan su pacto antisillones

Otro de los cabezas de lista elegidos a dedo por la dirección nacional del partido y que sí estará debutando en el Parlamento es, en cambio, el humorista Félix Álvarez, 'Felisuco'. Pese a haber protagonizado un nombramiento polémico, no sólo por no haber sido elegido en primarias, sino por su pasado tuitero, el número uno por Cantabria ha conseguido mantener el escaño que ya alcanzó su antecesor, Carlos Pracht, no menos controvertido en su día: Fue él quien equiparó al aborto con una forma de violencia y supuso un dolor de muelas para C's el pasado 20-D

Ahora, con su equipo más cojo incluso que antes, Rivera -que todavía cree que "el centro se ha consolidado"- intentará hacerse un hueco en el pódium político para exigir "cambio y regeneración". Pero, aunque su gente le haya cantado esta noche "presidente, presidente" y él haya prometido serles "útil", sus 32 escaños son irrelevantes en el nuevo escenario. Ha vuelto a lanzar la propuesta a PP y PSOE de sentarse este mismo lunes en una mesa de negociación en la que no se impongan "los sillones por encima de los españoles". Pero hasta él mismo ha asumido ya que es probable que ni Rajoy ni Sánchez cedan. De ser así, ha prometido, C's se quedará difuminado, como uno más, en la "oposición".