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El boicot de Neil Young a Spotify por un podcast antivacunas reabre el debate sobre qué hacer contra los bulos 

El veterano músico canadiense logra retirar sus canciones de la plataforma "en nombre de la verdad", porque ésta no elimina el podcast del cómico y polemista Joe Rogan, abiertamente antivacunas,. Este gesto remueve una vez más una de los grandes dilemas de la sociedad de la información: la libertad de expresión frente a la desinformación.

Neil Young en un concierto en 2015.
Neil Young en un concierto en 2015. Joshua Roberts / REUTERS

¿Qué debería hacer un gigante como Spotify para evitar la propagación de desinformación en los podcasts que distribuye? Cuando esta semana la estrella del rock Neil Young pidió (y logró) eliminar sus canciones de esa plataforma por el contenido antivacunas del podcast del cómico Joe Ryan, uno de los más escuchados del mundo y que aloja en exclusiva precisamente Spotify (según el artista, más del 60% de los beneficios que genera su música viene de ahí), vuelven a surgir las mismas cuestiones de siempre: qué responsabilidad tienen las plataformas de contenidos cuando ellas mismas se benefician precisamente con ese tipo de mensajes. 

Joe Rogan es la mayor estrella mundial del firmamento de los podcast. The Joe Rogan Experience (JRE), un podcast nacido en 2009, mezcla temas controvertidos, humor e invitados polémicos, y alcanza una media de más de 11 millones de descargas por capítulo. Spotify pagó hace dos años más de 100 millones de dólares por ofrecerlo en exclusiva, informó en su día The Wall Street Journal. La última polémica del cómico es toda una defensa de su ya conocida postura antivacunas junto al virólogo Robert Malone: tres horas de diálogo puramente negacionista, colgado el pasado 31 de diciembre, en las que el científico --que colaboró en una de las vacunas anticovid en su momento-- criticó duramente la estrategia de vacunación de EEUU.

En una carta abierta a Spotify publicada en enero, 270 médicos y científicos estadounidenses alertaban al gigante de la música online de que estaba permitiendo la difusión de teorías que dañan la confianza pública en la investigación científica y en las recomendaciones sanitarias, especialmente el mencionado episodio con Malone, que sigue accesible a día de hoy.

"Espero que otros artistas abandonen Spotify y dejen de apoyar su mortal desinformación sobre el covid".

El pasado martes, Neil Young pidió a su manager y a Warner Music que le dijesen "inmediatamente HOY" a Spotify que quiere toda su música fuera de la plataforma. "Pueden tener a Rogan o a Young. No a los dos" decía el primer texto del músico, según la revista Rolling Stone, y que agregaba que "con un estimado de 11 millones de oyentes por episodio, JRE, alojado exclusivamente en Spotify, es el podcast más grande del mundo y tiene una enorme influencia".

"Estoy haciendo esto porque Spotify está difundiendo información falsa sobre las vacunas, lo que podría causar la muerte a quienes creen en la desinformación que difunden", escribió el músico en una carta dirigida a su representante, Frank Gironda, y a Tom Corson, ejecutivo de Warner Records, su discográfica, apunta The New York Times. El documento fue publicado en primer lugar en la página oficial de Young, Neil Young Archives, pero fue retirado rápidamente.

La pasada noche se publicó otro más reposado en el que asegura que su gesto ha sido "en nombre de la verdad" y agradece el apoyo y el "amor" recibido de su discográfica y del público en general.

"Espero sinceramente que otros artistas y compañías discográficas abandonen la plataforma Spotify y dejen de apoyar su mortal desinformación sobre el covid", asegura Young, quien recuerda que sus canciones pueden escucharse en otros servicios como Amazon, Apple y Qobuz, entre otras, con mayor calidad de sonido incluso.

[Noticia actualizada el 27 de noviembre con la nueva carta abierta de Neil Young]

Desinformación y ética

¿Qué puede hacer un gigante como Spotify para evitar la propagación de desinformación en los podcasts que distribuye? The New York Times 'acusa' en la citada información a esta compañía de ser una de las grandes distribuidoras de contenidos que menos ha hecho para frenar la información errónea y la desinformación volcada por algunos podcasters (el caso de Joe Rogan es evidente) sobre el coronavirus y las vacunas.

Señalar a Spotify de no cancelar determinados contenidos es colocar a la compañía en una situación muy parecida a la de otras plataformas de contenido como Facebook, Twitter, YouTube o TikTok: aunque legalmente no están obligadas a retirar bulos o material de desinformación, de cuando en cuando anuncian medidas para "luchar" contra ellos, como un compromiso ético. No obstante, como se ha comprobado varias veces, las plataformas no suelen seguir las recomendaciones para frenar la distribución de los mismos.

La propia compañía sueca de audio vivió una polémica similar en abril del año pasado a raíz de la postura negacionista de su podcaster más escuchado; en otro episodio de JRE, Joe Rogan aconsejaba a los jóvenes de 21 años a no vacunarse. En una corta declaración al sitio de noticias The Verge, Spotify aseguró que "prohíbe contenido en la plataforma que promueva contenido peligroso falso, engañoso o engañoso sobre COVID-19, que pueda causar daño fuera de línea y/o representar una amenaza directa para la salud pública". "Cuando se identifica contenido que viola este estándar", aseguraba la compañía, "se elimina de la plataforma".

Según apunta el citado medio, Spotify ha retirado programas en los que se decía que las vacunas matan o que causan afecciones en la piel; también se borró una canción del músico Ian Brownen la que decía que las vacunas insertaban microchips en las personas, en marzo de 2021. En enero de ese año, Spotify eliminó el podcast de Pete Evans por desinformación sobre el COVID-19.

Pero en el caso de su estrella número uno, por cuya exclusiva la empresa sueca pagó un dineral, parece que no hay cancelación que valga aunque dedique un largo programa a charlar animadamente con el polémico científico antivacunas Robert Malone. Se trata de un hecho que pone en cuestión las prioridades de la plataforma y su escala de valores, dado que el programa JRE y su contenido antivacunas contradicen el mensaje de compromiso que ha querido proyectar Spotify ante la pandemia.

Los bulos también son libertad de expresión

Desde el momento en el que internet fue conquistado por las plataformas de contenido 'social', el dilema acerca de la responsabilidad de dichos contenidos ha sido constante. En el caso de contenidos ilícitos, las plataformas están obligadas a retirarlos cuando tengan un conocimiento efectivo de los mismos, bien porque lo detecten sus máquinas o bien porque alguien lo denuncie. En Europa, todo ello vendrá reforzado con mecanismos obligatorios para las empresas que recogerán los futuros reglamentos digitales. Y, salvo excepciones, es y será imprescindible la orden de un juez.

No obstante, no hay una manera concreta de obligar a estas empresas a eliminar o limitar los contenidos lícitos pero 'ofensivos' o la propagación de bulos y desinformación, por muchas estrategias públicas que se anuncien: todo depende de lo que ellas consideren que viola desde sus términos de uso (que nadie lee) o sus valores. La razón es que, de otro modo, peligra el derecho a la libertad de expresión, como ya hemos visto otras veces. Las propias plataformas insisten desde hace ya más de una década en que ellas no son "editoras" de la información, sino "meras intermediarias neutras" sin responsabilidad por los contenidos que publican terceros en sus servicios.

Además, ¿debe suprimir Spotify un bulo por el hecho de estar publicado en su plataforma? ¿Es la plataforma la que decide que un podcast distribuye desinformación? La postura de los gigantes de la red siempre ha sido la misma: ellos no pueden ni quieren ser los "policías de internet".

Por otro lado, ¿son responsables del daño que hace la desinformación las plataformas que difunden, priorizan y explotan este tipo de contenido para su propio lucro? Existen propuestas desde la sociedad civil que piden que se penalice precisamente ese lucro. Todo apunta a que poco a poco se verán obligadas a asumir en parte la responsabilidad de la difusión de desinformación, especialmente la más dañina (y que pueda encajar en algún tipo penal, por ejemplo y en este caso, una falsedad informativa), como también parecen encaminarse las nuevas legislaciones europeas, que exigirán más transparencia y responsabilidad  en la difusión de contenidos a los llamados "guardianes de acceso" o "gate keepers", los gigantes de internet.

Hay otro factor importante a tener en cuenta: las características del audio en sí hacen complicado monitorizar y controlar contenidos, sobre todo cuando se emite un contenido en directo. De hecho, esto hace del podcast una herramienta ideal contra la censura en países que soportan una importante falta de libertad de expresión, como Nicaragua, China o Cuba. No obstante, difícilmente se puede alegar el desconocimiento de la plataforma sobre el contenido de Joe Rogan.

De hecho, tal y como recuerda El País, durante el cierre del acuerdo con el humorista la plataforma eliminó 42 episodios en los que se hacían comentarios racistas, machistas o transfóbicos. Por si acaso.

Un momento: ¿puede Neil Young ordenar que se retiren sus canciones de Spotify?

Hace unos años, Neil Young quitó la mayor parte de su música de Spotify porque sentía que la calidad del sonido en la plataforma era demasiado baja, pero finalmente terminó cediendo porque, afirmó hace tres años, "es donde la gente accede a la música", según la citada revista Rolling Stone.

Las canciones son "suyas" pero ¿realmente puede exigir que se eliminen? Comúnmente los derechos de autor se dividen en dos facetas: los derechos morales y de explotación (o económicos). Los primeros, que se refieren a la identificación de una obra con su autor, son irrenunciables e inalienables: si uno es el creador de algo, lo deberá ser siempre.

En cuanto a la explotación de la obra, se pueden ceder los derechos de difusión, retransmisión, copia, distribución..., de forma exclusiva o no. Todos ellos son derechos económicos, sujetos a compraventa. Grandes leyendas de la música como Bob Dylan o Bruce Springsteen han vendido sus derechos de grabación y reproducción de sus catálogos musicales en cantidades que oscilan entre los 200 y los 550 millones de dólares.

De hecho, lo que ha hecho Neil Young no ha sido dirigirse directamente a Spotify sino a su representante y a Warner Music, que es la compañía que ostenta los derechos de explotación de sus canciones.

No obstante, como Young posee los derechos morales de autor, ello le confiere un cierto poder sobre ellas. Por ejemplo, en España, el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual da derecho al autor, en todo caso, a decidir de qué forma su obra ha de ser divulgada (art. 14.1) y exigir "respeto" ante cualquier acto que supongan un "menoscabo a la reputación" del autor (art. 14.4).

Eso sí, estos derechos no permite "exigir el desplazamiento de la obra y el acceso a la misma se llevará a efecto en el lugar y forma que ocasionen menos incomodidades al poseedor, al que se indemnizará" por los posibles daños y perjuicios ocasionados. O sea, que para que el músico pueda llevar a cabo su amenaza debe contar con Warner Music. Como acaba de hacer.