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Día del libro El Montevideo más quijotesco

Bohemia y literaria, la capital uruguaya, la cuarta en convertirse hace cinco años en ciudad cervantina por su red de bibliotecas y su gran oferta cultural, alberga algunas curiosidades y tesoros escondidos, como algunas ediciones, únicas y raras, de El Quijote y la colección cervantina más importante de América del Sur, de gran valor histórico y artístico.

Imágenes de la colección cervantina de Xalambrí. / Cedei
Imágenes de la colección cervantina de Xalambrí. / Cedei

Loreto Mármol

Cuenta el libro La España imperial, de John Elliott, historiador e hispanista británico, que Cervantes escribió su Don Quijote en un ambiente de fatalismo y desengaño; estancamiento y declive. La peste causaba estragos en una población cansada y deprimida, que ya arrastraba la amargura y resignación por la derrota de la Armada Invencible. Desolada y diezmada por la gran epidemia de 1599 y 1600, la nación se había lanzado a su cruzada para acabar comprendiendo que luchaba contra molinos de viento.

En este Día Internacional del Libro, que conmemora la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, no habrá rosas por la pandemia que asola el mundo, pero la universalidad de la que se considera la primera novela moderna mantiene su vigencia, como un manual de vida para divorciar la realidad vulgar de los ideales y deseos, para vivir esa fuerza que tiene el personaje a pesar de las derrotas.

En un lugar del Río de la Plata, no hace mucho tiempo vivía un ingenioso hidalgo que impulsado por la bondad y el idealismo decidió salir un día para "desfacer agravios" y ayudar a los desfavorecidos y desventurados. A su particular gesta la llamó el Apostolado del Buen Libro.

Así fue como se convirtió en uno de los coleccionistas cervantinos más importantes del mundo. De padres españoles, conocidos como los zapateros presidenciales por atender a muchos de los mandatarios uruguayos de finales del siglo XIX, Arturo Xalambrí (Montevideo, 1888-1975), apenas tenía 9 años cuando su madre le dio una edición de El Quijote de la Mancha con ilustraciones de Pahissa. Como el Caballero de la Triste Figura enloquecido por la lectura de libros de caballerías, sus andanzas quijotescas ya no se detendrían. Dedicó su vida entera a Cervantes.

Biblioteca Central del IAVA, que alberga una edición de 'El Quijote' de 1607. / L. M

Su biblioteca, que custodia el Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (Cedei) de la Universidad de Montevideo, está repleta de rarezas bibliográficas, con una gran singularidad y variedad de soportes. Tenía quijotes de múltiples formas.

La bibliotecóloga que se encarga de la hazaña de catalogarlos, Daniela Vairo, ha archivado alrededor de 10.000 volúmenes de clásicos de la la historia y la literatura española y unos 3.000 ejemplares de la obra del Manco de Lepanto, incluyendo textos de crítica, bibliografía y los libros de caballerías mencionados por el inmortal caballero andante, de los que unos 700 son diferentes ediciones de El Quijote, que datan desde el siglo XVII al XX. "Y aún no he terminado de registrar este patrimonio tan importante tanto por el número como por su calidad y buen estado", explica.

La mayor colección cervantina de América del Sur, la más importante fuera de España, alberga primeras publicaciones europeas y latinoamericanas de "gran valor artístico e histórico", continúa. De este libro cuya primera parte apareció en 1605 y la segunda en 1614, destaca por antigua una edición de 1611 impresa en Bruselas.

Vairo subraya la "belleza de unas tiradas muy especiales con ilustraciones de importantes artistas". Por ejemplo, la de un Quijote convertido en samurái en una edición que se publicó en Kioto en 1936 con 59 láminas pintadas a mano de la que solo se hicieron 75 ejemplares. O el número 33 de los 340 que editó Emecé en Buenos Aires en 1957 con 30 dibujos a pluma de Salvador Dalí.

'El Quijote' convertido en samurái, en una edición pintada a mano que se publicó en Kioto en 1936. / Cedei

Entre las ediciones infantiles, a Vairo le gusta especialmente una versión en italiano de 1950 con piezas móviles y la que dibujó Walt Disney en 1942.

Otra curiosidad: con una edición de 1880 Xalambrí logró probar que la primera publicación sudamericana de El Quijote fue en Uruguay y no en Argentina, como se creía hasta entonces.

La historia de sus libros narra su propia aventura. Su casa, apartada del ruido de las grandes arterias de la ciudad, fue construida expresamente para albergar la colección. Mientras la planta baja era para la vida familiar, en el primer piso instaló esta extensa biblioteca sumamente ordenada. Fiel a su estilo, el Cedei la conserva en su sede en el mismo orden que él dispuso.

En el patio trasero todavía se pueden ver azulejos con imágenes cervantinas. Sobre la puerta, un escudo con Don Quijote y Sancho cabalgando y el lema "Vive el ideal". Custodian el zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco. La escritora argentina Blanca Irurzún la definió como "la casa del Quijote".

La obra universal de Cervantes en una edición de 1957 con ilustraciones de Dalí. / Cedei

Muy devoto, en su madurez admiró a San Francisco de Asís y llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes, del que lo atrajo sobre todo "su vida de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana".

Siempre con un libro en la mano, "el corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca", solía decir este relevante cervantista iberoamericano. Según Vairo, Xalambrí quería que "los buenos libros hagan mejores personas", y hacerlos llegar a muchos, por lo que fundó varias bibliotecas. Se caracterizó por su apoyo desinteresado a escuelas públicas y centros de enseñanza.

Con una personalidad atípica, dedicó toda su vida libro "como objeto de cultura y medio para salir adelante", añade Vairo, que recuerda una de sus creencias: "Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos".

La biblioteca, como un santuario para él, también atesora una edición de El Quijote en braille, otros en papel corcho y hasta cuatro tomos de 1755 en pergamino. Su colección inaudita incluye el único ejemplar en mecanografía artística, una técnica en la que los artistas sustituyen el lápiz o los óleos por una máquina de escribir. Se trata de los capítulos XLII y XLIII de la segunda parte del libro, un raro ejemplar que se publicó en Barcelona en 1939.

Su "locura" alcanza a tener versiones en más de 30 lenguas -desde árabe y hebreo hasta guaraní, quechua, esperanto, gaélico, latín macarrónico y yiddish, entre otros- y en diferentes tamaños, incluso en miniatura, como un ejemplar de 4,5 cm.

Se suman múltiples objetos cervantinos: cuadros, jarrones, bandejas, tinteros, abanicos, platos, monedas y un largo etcétera. Sobresalen algunas obras de arte como las esculturas del Quijote del artista Pablo Serrano.

Sorprende también por la cantidad de cartas que intercambió con destacados cervantistas y escritores que se conserva en un descomunal archivo del que tan solo se ha investigado un 10%. José Manuel Lucía, catedrático de la Universidad Complutense y referente mundial en Cervantes, se ha encargado de estudiar la correspondencia que mantuvo durante tres décadas con Juan Sedó Peris-Mencheta, reconocido coleccionista español, que le regaló la edición de 1611.

Edición de El Quijote de 1611, la más antigua del coleccionista uruguayo. / Cedei

Todo ello sirve para comprender no solo aspectos vitales y de la época, sino también para conocer cómo formó su colección, en gran medida gracias a intercambios y donaciones de otros cervantistas, como el norteamericano Carl Tilden Keller, de la Universidad de Harvard, que le envió la edición ilustrada japonesa.

Esta base quijotesca le valió a Montevideo para convertirse hace cinco años en la cuarta Ciudad Cervantina, junto con Alcalá de Henares (España), Guanajuato (México) y Azul (Argentina). También, según el Centro Cultural de España, por "la cantidad de bibliotecas públicas, ediciones de libros y presentación de obras teatrales por número de habitantes" que caracteriza a esta ciudad que cuenta con las calles Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea, Galatea y la Plaza Alcalá de Henares. Sin olvidar "la tradición de lectura crítica e interpretación del Quijote" que se promueve en universidades y en la enseñanza secundaria.

Precisamente, la Biblioteca Central del Instituto Alfredo Vázquez Acevedo conserva una edición de 1607, cerca de un Principia de Newton del siglo XVIII. Estos y otros volúmenes históricos se encuentran en un armario de la sala de lectura, pasando antes por una estancia tapizada de libros y con una escalera en espiral que se ha convertido en símbolo de este peculiar lugar que conserva una estética de principios del siglo pasado.

Imágenes de la colección cervantina de Xalambrí. / Cedei

Entre primeras ediciones, incunables, manuscritos, mapas, fotografías, partituras, acuarelas, grabados y ejemplares únicos, como un minilibro (más pequeño que una moneda) de Galileo Galilei del siglo XVII, la emblemática Biblioteca Nacional de Uruguay, alberga tres ejemplares del Quijote, de 1605, 1608 y 1692.

Valentín Trujillo, director de esta institución que custodia la memoria escrita de la sociedad uruguaya desde 1816, incide en "el valor incalculable de estos volúmenes, no solo por el sentido de la obra para la literatura universal sino también por el aspecto bibliotecológico".

Y, sin duda, por difundir un ideal de vida que Xalambrí resumió a lo don Quijote: "Zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritornes, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios... pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena".