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La familia, última trinchera cinéfila frente a los desmanes capitalistas

La desprotección laboral, el autoempleo y una sociedad cada vez más atomizada, convierten al núcleo familiar en el último de los reductos posibles, una aldea gala contemporánea desde donde hacer frente al individualismo rampante. La cartelera no es ajena a este fenómeno, el cine se hace eco de una problemática en liza.  

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La familia de 'Sorry we missed you'.

La imagen se hizo viral. Un móvil con restos de sangre mostraba en su pantalla una conversación tan real como distópica. La miseria del autoempleo quedaba al descubierto en apenas cuatro reglones y nos ofrecía una escena que sobrecoge; un repartidor argentino (de 63 años) trataba, sin éxito, de saciar la inquietud de la empresa de reparto para la que trabajaba después de haber sido atropellado el pasado verano:

—¿Cómo se encuentra el pedido?, ¿está en buen o mal estado para poder entregarlo?
—No lo sé, no me puedo levantar
—Ernesto, ¿me podría mandar una foto de los productos, por favor?
—No, no puedo moverme
—Es parte del procedimiento, por favor, tendrías que mandar la foto para poder cancelar el pedido
—Imposible moverme

Desconocemos si Paul Laverty, guionista de Sorry we missed you, último largometraje del director británico Ken Loach, leyó en prensa este lamentable suceso, su protagonista –un padre de familia que se embarca en la aventura del autoempleo– sufre en sus propias carnes situaciones tan descabelladas como la del repartidor accidentado. Nada que no sepamos; la desprotección laboral, fruto de las salvajes inercias promovidas por un capitalismo en su versión más desaforada, zarandea y de qué manera a un puñado de personajes a la deriva.

La familia Kim, desquicie y furor de clase coreano.

Es en esa economía de la ansiedad, la misma que condena al desosiego a las clases más desfavorecidas, donde irrumpe la familia como la última trinchera frente al capitalismo más voraz. El cine no es ajeno a esta suerte de repliegue, un echar la vista al clan como único modo de hacer frente a la vorágine de lo cotidiano. Con un Estado del bienestar más bien exiguo y una sociedad cada vez más atomizada, la parentela se erige como el último de los reductos posibles, una aldea gala contemporánea que planta cara al individualismo rampante.

Si en Sorry We Missed You es el pater familias el que lleva a toda su prole a un callejón sin salida tras su incorporación como falso autónomo en una empresa de reparto a domicilio, en Parásitos es el vástago el que poco a poco va reclutando a los suyos como sirvientes de una familia acaudalada. Una tragicomedia con desenlace infausto por la que se filtra pura furia social, conciencia de clase revestida de humorada con tintes bastante negros. Dicho de otro modo; la eterna lucha de clases solo que ahora, en tiempos del sálvese quien pueda, encuentra en el núcleo familiar el más íntimo de sus asideros.

Ascensor social averiado

«Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, existe un riesgo real de que la actual generación de jóvenes adultos acabe teniendo unas condiciones de vida peores que las de sus padres y madres. Europa no puede permitirse perder al grupo de edad más formado que ha tenido nunca y dejar que la desigualdad generacional arruine su futuro».

La parrafada que nos precede, extraída del Libro Blanco sobre el futuro de Europa, vaticinaba ya en 2017 un escenario para nada halagüeño. No era más que el preámbulo de lo que muchos ya intuían, a saber; la certeza de que el contrato generacional quebró hace un tiempo y sólo nos quedan las migajas. El director francés Robert Guédiguian, con 40 años a sus espaldas de denuncia política y activismo artístico, acaba de estrenar en nuestro país Gloria Mundi, crónica amarga de esa histórica ruptura entre generaciones.

Un relato duro en el que se contraponen los voluntariosos reclamos sesentayochistas con la crudeza de una generación gestada en un mundo líquido. Biografías curtidas en precariedad y ajenas al idealismo de sus predecesores que nos explican qué somos como colectivo desde lo privado, o lo que es lo mismo, la familia como campo de batalla a escala de una sociedad desquiciada.

'Gloria Mundi', de Robert Guédiguian.