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Ley Mordaza Jotas de ayer y hoy que te pueden abrir las puertas de la Audiencia Nacional

Hubo un tiempo en el que estas coplas iban mucho más allá de la mera exaltación de una Virgen o una patria. Revolucionarias, sacrílegas o tórridas, su historia dista mucho de esa "jota oficial" que terminó por imponerse.

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Un hombre y una mujer bailan una jota aragonesa tradicional.

Antes de que la derecha se apropiara de la jota y la condenara a la inanidad, antes de que el bello arte de la copla se convirtiera en una burda exaltación de la Virgen de turno, hubo un tiempo en el que el sexo, la lucha de clases o la religión conferían a esas líneas un aire transgresor y beligerante. Poco queda ya de aquello, la jota “oficial” ganó la partida y fue así como pasó a encarnar –chorro de voz mediante– un imaginario épico y paleto manido hasta la náusea.

Pasados los años, habría que preguntarse si algunas de aquellas jotas que en su día se entonaron, nacidas de la improvisación y el ansia revolucionario, serían en la actualidad el salvoconducto ideal para darse una vueltecica por la Audiencia Nacional. Corren malos tiempos para andar tentando los límites de la libertad de expresión; esa delicada frontera que separa el chiste zafio de lo punible, la simple ocurrencia de la querella.

Si hace poco más de un año era Evaristo, referente del punk español, el identificado y denunciado por la Benemérita tras cantar durante un concierto en Jerez una jota punk, similar situación han vivido este domingo los integrantes de la veterana agrupación musical Adebán, identificados por la Guardia Civil poco después de interpretar su emblemática copla Arriba, abajo, cuyo estribillo reza así:

Arriba, abajo
mandaremos al rey al carajo
abajo, arriba
no queremos a la monarquía
Que sí que, que no que,
tenemos un rey de rebote
Que no que, que sí que
mantenemos a dos aunque abdiquen.

Líneas de una tibieza extrema si las comparamos con algunos de los versos recogidos por el editor y escritor Jose Mari Esparza en su libro Jotas heréticas de Navarra (Altaffaylla). Una relación de cantes antirrepresivos cuyo lugar fue usurpado, tal y como reconoce el autor, por “una jota repetitiva hasta el hastío” y por tanto descontextualizada, una jota que pocas veces cuenta con una letra novedosa y cuando lo hace cae en “contenidos pusilánimes y descontextualizados”.

Sobra decir que no es el caso de los siguientes ejemplos. Lean si no esta suerte de desiderátum evocado por un superviviente de las Juventudes Socialistas navarras, Pedro Bermúdez, surgido tras los incidentes de Octubre de 1934:

¡Cuando los templos sagrados
se verán hechos cenizas,
las iglesias destrozadas,
los cuarteles hechos trizas!

O estas clarificadoras líneas sobre el papel jugado por la Guardia Civil durante el Bienio Negro. De aquella inolvidable y sangrienta represión, el pueblo nutrió también sus jotas, incapaz de digerir la terrible violencia ejercida por los del tricornio:

Ya no se llaman civiles
los del gorro atravesado
que se llaman asesinos
del trabajador honrado

Por no hablar de las coplitas que tenían a la Iglesia y sus siervos en el punto de mira. Buena muestra de ello es esta dedicada al cardenal Benavides durante una de sus visitas a un pueblo del Valle del Ebro:

Que nos dé fruto la tierra
y nos den uvas las vides
y que se vaya a hacer hostias
el Cardenal Benavides

Jotas punk

Aquellas soflamas libertarias y antirrepresivas han sido revisitadas –décadas más tarde– por el rock urbano y el punk. El ya mencionado Evaristo Páramos suele entonar, durante sus conciertos con Gatillazo, una jota un tanto explícita: 

“Y si he de decir lo que siento
no tengo la menor duda
no pago 30.000 euros por llamarte hijo de puta
!que además lo eres!
y aunque la jota es la misma
con la misma melodía
rómpete la crisma, hijoputa, policía”
.

Duras declaraciones cuya coda –ese rotundo"hijoputa, policía"– prefiere brindar a la parroquia cediendo el micrófono a los presentes para que, de este modo, el alarido comunitario le evite males mayores. Estratagema que no sirvió de mucho en el caso de su actuación en Jerez. 

Evaristo no está sólo. Otros insignes del rock estatal como Extremoduro también se han servido de estas efectivas tonadillas para aderezar algunos de sus temas. Es el caso, por ejemplo, de esta breve introducción jotera al tema Extremaydura, que abría el primero disco de la banda, Rock Transgresivo (1989): 

"Desde que tú no me quieres
yo quiero a los animales
y al animal que más quiero
es al buitre carroñero
es al buitre carroñero"

O de esta otra incluida en el disco Somos unos animales (1991), breve composición en la que se despachan a gusto con unas líneas un tanto toscas a modo de introducción en J. D. La Central Nuclear

"No me jodas en el suelo
como si fuera una perra
que con esos cojonazos
me llenas el culo tierra
que bonitas son las extremeñas
con el culo to lleno de tierra". 

Jotas tórridas

O guarrillas. Porque no todo van a ser llamados a la revolución o cantos sacrílegos, el repertorio jotero atiende también a aspectos menos trascendentales, asuntos cotidianos que el poeta anónimo tiene a bien empalabrar con mayor o menor acierto. Dicho de otro modo; lo más prosaico no le es ajeno a una buena jota:

Cuando me la casco
yo me la casco tripa arriba
pa que me caiga la leche
encimica la barriga

Dentro de ese cancionero de moral distraída, el ingenio no encuentra límites. A veces incluso los peor parados reciben la puntilla a modo de ocurrente chascarrillo. Aquí cobra hasta el más pintado:

Si los cuernos alumbran
como alumbran los faroles
estarían muchas casas
llenas de iluminaciones