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Brexit Un Boris Johnson desesperado reta a la oposición a presentar una moción de censura para forzar unas elecciones

El primer ministro británico ya no sabe qué hacer para que Reino Unido celebre elecciones anticipadas cuanto antes, pero no por ello piensa dimitir. Durante una auténtica noche de furia en la Cámara de los Comunes ha retado a la oposición a que presente una moción de censura sobre su Gobierno que no superaría.

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El primer ministro británico, Boris Johnson, interviene en la Cámara de los Comunes, en la primera sesión tras el fallo de la Corte Suprema que declaró ilegal la suspensión del Parlamernto. E.P.

Había ganas de escucharle… y de decirle algunas cosas a la cara después de que el lunes la Corte Suprema concluyera que su decisión de suspender el Parlamento había sido ilegal. Por eso, en cuanto Boris Johnson ha puesto un pie en la Cámara de los Comunes se han oído en ella gritos de “dimisión", "mentiroso" y "deberías estar en la cárcel”.

Pero el primer ministro británico ha llegado muy muy desafiante. En sus primeras palabras ante los diputados, ha dicho que el tribunal “está equivocado” y se ha lanzado a la yugular de la oposición afirmando que el pueblo británico quiere el brexit y no un segundo referéndum, como promete el Partido Laborista. “La oposición vive en un mundo de fantasía y este parlamento seguirá saboteando las negociaciones (de un acuerdo con la UE)”, ha dicho.

Johnson, que se ha erigido como el defensor de los deseos del pueblo y el hombre que quiere demostrar a los británicos “que hay vida después del brexit”, ha lanzado entonces el órdago a la desesperada: “Este Parlamento debe echarse a un lado o presentar una moción de censura y afrontar el día del juicio final con los votantes. ¿Tendrán el coraje de hacerlo?”. Y ha acusado a la oposición de "egoísmo y cobardía política”.

Johnson está tan desesperado por celebrar unas elecciones generales cuanto antes que ha pedido a la oposición algo extraordinario: que desafíe el poder del gobierno porque sabe que no superaría ese voto de confianza y que el único desenlace posible de toda esta locura sería la convocatoria electoral. Porque el Gobierno ya ha presentado dos veces ante el Parlamento una moción para celebrar unas elecciones y en las dos veces ha sido derrotado.

Pero la oposición no está dispuesta a recoger ese guante envenenado: “Si quiere unas elecciones, pida una extensión y celebremos unas elecciones”, ha respondido Jeremy Corbyn a su propuesta. 

Johnson sabía que el líder del Partido Laborista ya había asegurado horas antes en una entrevista en BBC Radio 4 que está encantado de que haya elecciones generales “toda vez que la posibilidad de un brexit duro esté completamente fuera de la mesa y la UE haya concedido una prórroga”, con lo que despejaba la dudas de respaldar una moción de censura. Lo que el líder del Partido Laborista quiere ahora es que Johnson presente la dimisión.

Corbyn, que ha acusado a Johnson de no estar esforzándose lo suficiente para llega a un acuerdo con la Unión Europea y le ha acusado de no compartir con la Cámara sus propuestas a Bruselas, ha pedido al primer ministro que publique todo el contenido de la Operación Yellowhammer, en la que se establecen las previsiones del ejecutivo para un brexit duro.

Corbyn quiere ahora es que Johnson presente la dimisión

Ataque a lo personal el del líder del Partido Nacional de Escocia en la Cámara: “Donde termina la ley, comienza la tiranía”. En la misma línea, la líder del Partido Liberal Demócrata, Jo Swinson: “Si mi hijo de cinco años puede disculparse por jugar con el balón dentro de casa, seguro que el primer ministro puede tener la humildad de pedir perdón por engañar a la reina y cerrar ilegalmente nuestra democracia”, le ha dicho a Johnson sin obtener el perdón que hubiera deseado.

Una noche de furia

No, Johnson no ha dado ninguna muestra de humildad. Todo lo contrario. Y el lenguaje utilizado por el primer ministro ha colmado el vaso de la oposición. El primer ministro ha llegado a decir que "nunca había escuchado tanta tontería en mi vida” y en varias ocasiones ha calificado la Ley Benn que impide un brexit duro como “la ley de la rendición”. Cuando una diputada le ha pedido que dejara de usar ese lenguaje peyorativo y “peligroso”, la repuesta de Johnson ha sido aún peor: “Sus comentarios son charlatanería”.

Pero, ¿por qué quiere Johnson una moción de censura?

Parece fuera de toda lógica que un primer ministro rete -o más bien ‘pida’- a la oposición que presente una moción de censura sobre su propio Gobierno. Pero más allá de que Boris Johnson esté fuera de toda lógica, es que además está desesperado porque Reino Unido celebre unas elecciones anticipadas cuanto antes y recuperar así el control del Parlamento, donde ya no tiene mayoría. La única manera que se le ocurre para conseguirlo si no quiere humillarse -aún más- y presentar la dimisión, es haciendo que sean otros quienes le echen.

Está desesperado porque Reino Unido celebre unas elecciones anticipadas cuanto antes y recuperar así el control del Parlamento

La jugada es doble: si el resto de partidos no presenta la moción, los humilla diciendo que no se atreven a desafiarlo. Si lo hacen y el Gobierno pierde la moción -sabe que eso es lo que ocurriría- él ‘se vende’ como el hombre que intentó dar la palabra al pueblo en unas elecciones y respetar su voto en el referéndum con un brexit el 31 de octubre pero a quien el Parlamento no le permitió hacerlo.

Una derrota del Gobierno en una moción de censura supone que se abra un periodo de 14 días durante el que los distintos grupos tendrán que intentar formar un gobierno alternativo. Si lo consiguen, el nuevo primer ministro sería quien pediría la prórroga y no él. No falta a su palabra y se vende como un mártir de cara a las próximas elecciones. Ya tiene la campaña diseñada.

Y si la oposición no logra formar un gobierno alternativo, el país se ve abocado a unas elecciones, que es lo que él quiere. Y Johnson sabe que hay muchas probabilidades de eso, porque la oposición no se pone de acuerdo en quién debería liderar ese gobierno alternativo. Los liberal demócratas no están dispuestos a contribuir a que Jeremy Corbyn, el líder del mayor partido de la oposición, duerma en Downing Street por muy temporal que sea el arreglo.