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Ejército europeo ¿Necesita Europa un ejército propio? Pros y contras de la propuesta del eje franco-alemán

Emmanuel Macron y Angela Merkel comparten la visión de configurar unas fuerzas armadas europeas que otorguen a la Unión capacidad militar propia para hacer frente a las amenazas de Rusia, China … y EEUU. Una idea que ha enfurecido a Donald Trump y su doctrinario unilateralista. Pese a que seguiría los designios de la OTAN.

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El presidente Macron y la canciller Merkel en Berlín. (FABRIZIO BENSCH)

La idea de crear un Ejército europeo no es nueva. Pero ha vuelto a la palestra con una intensidad inusitada. Después de comprobar las intenciones reales de la Administración Trump, que decidió desvincularse unilateralmente de la era de los tratados de no proliferación nuclear forjados en las postrimerías de la Guerra Fría.

Y cuyo último episodio -la salida, a comienzos de febrero, del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés)-, ha activado de nuevo el debate sobre la creación de una fuerza militar conjunta en la UE.

La guinda, para no pocos observadores internacionales y dirigentes europeos, de la Política Exterior y de Seguridad de la Unión. Y un órdago en toda regla. Porque el eje franco-alemán trasladó, sólo unos días más tarde a sus homólogos estadounidenses, durante la Cumbre de Múnich, que acoge desde 1963 debates del más alto nivel –la cita congrega a expertos y líderes internacionales sobre los riesgos geoestratégicos que amenazan la paz mundial–, su deseo de confeccionar un Ejército europeo. Eso sí, bajo una total connivencia con el funcionamiento operativo y las reglas fundacionales de la OTAN.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ya había avanzado a finales del pasado año las piedras angulares, de esas hipotéticas -aún- fuerzas de defensa europeas. “Europa necesita un Ejército real” que permita al bloque responder ante cualquier amenaza que pueda proceder de Rusia, China e, incluso, de EEUU -según mencionó-, mensaje que encierra críticas continentales hacia la doctrina unilateralista de la Casa Blanca desde que se inauguró el mandato de Donald Trump. “Nunca seremos capaces de proteger a los ciudadanos europeos sin disponer de un Ejército de la UE auténtico y propio”. El testigo de Macron fue inmediatamente recogido por Angela Merkel, con declaraciones del mismo tenor.

Quizás, el mensaje más nítido de la canciller alemana fue el que pronunció ante el Parlamento Europeo, implicando al Gobierno comunitario. “Jean-Claude Juncker ya ha asegurado en varias ocasiones que un Ejército europeo demostrará al mundo que nunca más habrá una guerra en Europa”, aseveró Merkel antes de matizar que su creación sería un magnífico complemento operativo de la OTAN: “No actuaría en contra de las deliberaciones y misiones de la Alianza Atlántica”. Aunque también precisó las dificultades que entraña integrar a las distintas fuerzas armadas.

Requeriría –dijo– unificar demasiados sistemas armamentísticos. “Más de 150” –contabilizó–, frente a los 50 ó 60 que gestiona el Pentágono. “Pero los europeos debemos asumir las riendas de nuestro propio destino si queremos perpetuar la supervivencia de la Unión”.

Puentes políticos hacia una defensa común

“El tiempo en el que Europa ha delegado su seguridad se han superado”, precisó Merkel en clara referencia a la larga tutela que, en esta materia, la UE ha cedido a EEUU, por lo que “debemos considerar seriamente fórmulas para lograr la unanimidad y avanzar en los mandatos que están estipulado en los tratados europeos”.

En su opinión, el primer paso sería configurar un Consejo de Seguridad europeo. Pero el planteamiento de París y Berlín ha enfurecido tremendamente a Washington. Trump cargó de inmediato con la propuesta, que calificó de “muy insultante” por haber incluido a EEUU en la lista de posibles amenazas contra Europa. Pese a que su exigencia a los líderes europeos para que eleven substancialmente su contribución a las arcas de la Alianza parezca no tener límites. Como lo demuestra el hecho de que su reclamación inicial de que los distintos socios de la Unión aumenten hasta el 2% de sus presupuestos la factura a la OTAN la ha duplicado en varias ocasiones.

Sin embargo, las reticencias estadounidenses contrastan con una cierta unanimidad de criterios entre los miembros del Consejo Europeo. Como si el Ejército común fuera el bálsamo que calma las discrepancias entre dirigentes nacional-populistas y euroescépticos y los grandes defensores de una mayor integración europea a todos los niveles. Pierre Haroche, analista del Instituto para la Investigación Estratégica (IRSEM), think tank con sede en París, recuerda que, a pesar de las reticencias de EEUU y, de forma más soterrada, de Rusia, la idea de culminar con el proyecto del ejército común la Directiva de Defensa Europea, que data de 1954, ha concitado el respaldo del Grupo de Visegrado.

El más claro exponente de oposición interna a la idea de más Europa. Este cuarteto de países –Hungría, República Checa, Polonia y Eslovaquia– no sólo ha mostrado su clara predisposición a que unas fuerzas armadas continentales se desplieguen en sus fronteras para controlar los flujos de inmigración -entre otros objetivos que demandan a la futura e hipotética unidad militar europea-, sino que han dejado de considerarlo un proyecto “irrealista”. Palabras de Viktor Orban, el primer ministro húngaro y de Milos Zeman, presidente checo. Al igual que, a los ojos de Reino Unido, en pleno Brexit, con un divorcio traumático de Europa como la más factible de las alternativas sobre la mesa negociadora, la puesta en marcha de un Fondo Europeo de Defensa, le parece un cauce abierto para mantener planes estratégicos conjuntos con la UE. En cualquier caso, Haroche advierte que la travesía hacia el Ejército común no será fácil. Entre otras razones, “porque, mientras los socios del Este y del Norte focalizan sus amenazas sobre la Rusia de Putin, los del Sur, incluida Francia, las dirigen hacia el Mediterráneo, Oriente Próximo y África”.

A su juicio, “determinar el orden de prioridades enfrentará a la UE a una divergencia de intereses, algunos de ellos no muy concordantes y que distarán mucho de ser compartidos”. Un dilema que ha dañado la cohesión europea en más de una ocasión en tiempos recientes. En 2014, por ejemplo, el bloque del Este invocó la crisis de Ucrania para oponerse al envío de una misión de EUFOR solicitada por Francia en la República Centroafricana. Aunque da la bienvenida al debate. “Puede que en la propia naturaleza de crear un Ejército europeo haya más de sueño, de eslogan o de horizonte lejano, pero es una invitación democrática a analizar el futuro de la seguridad en Europa”, concluye.

Ejército europeo: ¿Realidad o ficción?

El razonamiento franco-alemán ha puesto la cuestión en las cancillerías europeas y en la opinión pública. Pero, ¿es realmente factible?, ¿llegará a ser una realidad? Fabrice Pothier, estratega de asuntos internacionales en Rasmussen Global, alerta de que el Ejército europeo requerirá de un ciclo de reformas de las instituciones.

Hacia una Europa federal, “algo que choca con el principio constitucional de Estado centralizado” de Francia, del que su gran mentor, Macron, es la jefatura máxima. Pothier también desvela un enigma ideológico: ¿qué hará Europa en materia nuclear?, ¿el comandante en jefe del Ejército empleará armas atómicas francesas en misiones exteriores?, ¿es posible un proyecto militar con objetivos de mantenimiento de la paz en tiempos de tan alta incertidumbre, cuando su aliado tradicional, EEUU, se desmarca de esta doctrina y China, Rusia o Irán han pasado a desarrollar políticas exteriores ofensivas? Este experto cree que Europa, por sí misma, carece de capacidad militar suficiente y de influencia internacional para imponer sus loables criterios. Tampoco en otros ámbitos, ni en el económico-comercial ni en el de la lucha contra el cambio climático.

“Su peso en la globalización merma cada vez más”, precisa. Eso sí, entre sus ciudadanos parece calar la necesidad de que Europa tenga su propia fuerza militar. En una reciente encuesta publicada por la revista Le Point, el 81% respondió a favor. En Alemania, otro sondeo, de Körber Stifun para el Pew Research Center, habla de que un 43% de alemanes se declara a favor de aumentos presupuestarios en Defensa. Una nueva tendencia, la de elevar los gastos militares, que se inició en los presupuestos europeos en 2015. Por vez primera desde la post-Guerra Fría. Aunque todavía no hayan llegado al 2% que exige EEUU.

Los desembolsos promedios que los socios destinan a sus Ejércitos alcanzan el 1,44%, lo que significa que mantienen una brecha en relación a los requerimientos de Washington de 102.000 millones de dólares. Si bien se han comprometido a aportar algo más de 1.500 millones de euros en 2021 al Fondo Europeo de Seguridad, a los que habría que añadir el intento de la Comisión Europea de activar un programa de inversiones de otros 4.000 millones para fortalecer estos recursos. En total, el equivalente a la partida presupuestaria de Defensa de Suecia.

Teóricamente, con el propósito de que se empleen en I+D+i y en la adquisición de nuevos equipos armamentísticos, explica Pothier. Y la propuesta de la Alta Representante Europea de Política Exterior, Federica Mogherini, de establecer una Facilidad Europea para la Paz, otro fondo dotado potencialmente con 10.500 millones de euros anuales, que podría ser usado, a partir de 2021, para cubrir alguno de los costes de las operaciones militares de las fuerzas armadas europeas. Las perspectivas de gastos, en el próximo septenio presupuestario (2021-2027) hablan de que la UE dispondrá, cada año, de un total de 13.000 millones de dólares para innovación militar y equipamiento y otros 6.500 más para movilidad de efectivos, sin contar con los 10.500 de la Facilidad para la Paz.

Críticas a la creación del Ejército

Sin embargo, también hay voces contrarias a que Europa inicie esta andadura militar. A pesar de las embestidas dialécticas de Trump -dicen los críticos- el Pentágono gasta en la defensa de Europa 4.770 millones de dólares al año, cifra notablemente superior a los 789.000 que destinó antes de la elección del presidente republicano. La explicación, el rearme armamentístico global. EEUU contribuye con el 70% de los gastos de la OTAN y mantiene a 65.000 soldados en docenas de bases militares en suelo europeo, además de trasladar puntualmente contingentes y material bélico hacia los países bálticos y Polonia, las naciones más vulnerables a una hipotética agresión de Rusia.

Estos expertos también aducen que esta estrategia ha sido determinante para que la OTAN haya conseguido 70 años de paz en el continente. Y que la crisis, primero, y la nueva etapa de ralentización, en la actualidad, no invita al dispendio presupuestario. Como tampoco que los discursos grandilocuentes de Macron choquen, en realidad, con su compromiso, en el terreno nacional, de recortar en casi 1.000 millones de dólares el presupuesto galo para Defensa o de avanzar que los gastos del 2% de sus recursos nacionales no podrán llegar a consumarse hasta el año 2025. Para más inri, los intentos franco-alemanes de concebir un Ejército europeo se han esfumado por la excesiva burocracia y las disensiones en el seno del eje. En 1992 dieron forma a una pequeña fuerza conjunta, llamada Eurocorps, para operaciones de paz en Afganistán, que no cuajó.

Un episodio que volvió a suceder con el proyecto Pesco, un plan de integración de sus cúpulas militares, porque iba a acabar duplicando muchos de los esfuerzos ya presupuestados bajo la estrategia de la OTAN. En este sentido, consideran más factible que Europa avance de forma gradual hacia algún tipo de solución intermedia. Es la idea que transmite, en paralelo, la Comisión, que, al mismo tiempo que defiende el Ejército europeo precisa que la identidad militar de la Unión “no tiene por qué iniciarse con unas fuerzas propias”. En alusión al lanzamiento de la EII o Iniciativa de Intervención Europea, a la que ya se han adherido Francia, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Holanda, España y Portugal para trabajar en la elaboración conjunta de escenarios de crisis que pudieran, potencialmente, amenazar a la seguridad del continente o reaccionar ante riesgos de proximidad a las fronteras de la Unión. Y al que Londres ve como un “vehículo potencial”, con vistas a una “potencial cooperación” en un escenario post-Brexit, con la UE. O el planteamiento de Merkel a Macron, en la reciente reafirmación de los lazos bilaterales de ambos países, que se conformó bajo el Tratado del Elíseo, hace 56 años, y que se acaba de reeditar en la ciudad de Aachen, en las que ambos dirigentes corroboraron un compromiso de estrechar las relaciones de futuro en materia de defensa y política exterior. Objetivo que pasa, inexorablemente, según la canciller, por generar una industria militar conjunta que sirva para fortalecer el papel europeo dentro de la OTAN y para el restablecimiento del diálogo transatlántico, dañado desde la llegada de Trump y su política unilateralista del America, first, al Despacho Oval.

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