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Ikea Ikea, el devorador de madera de los Cárpatos

La investigación de una ONG británica revela cómo la empresa ha estado adquiriendo madera obtenida mediante la tala ilegal en Ucrania para la fabricación de sus productos. El organismo también denuncia el daño ecológico de su modelo de negocio.

Clientes en una tienda de Ikea en Alemania. / WOLFGANG RATTAY (REUTERS)
Clientes en una tienda de Ikea en Alemania. / WOLFGANG RATTAY (REUTERS)

Àngel Ferrero

A la empresa sueca le pasa un poco como a los productos que vende: es impecable en su presentación, pero con el paso del tiempo acaba revelándose algún tipo de imperfección. No es, desde luego, la primera vez que Ikea se ve envuelta en el escándalo: la compañía ha estado desde hace décadas de manera repetida bajo el foco de la crítica, ya sea por el uso de prisioneros en Alemania oriental como mano de obra para la fabricación de muebles o las simpatías políticas de su fundador, Ingvar Kamprad, hacia la extrema derecha. En esta ocasión se trata de la publicación de la investigación de una ONG británica que ha descubierto que Ikea vende productos fabricados con madera obtenida de la tala ilegal en Europa oriental.

Earthsight recorrió durante 18 meses Ucrania, entrevistó a funcionarios gubernamentales, trabajadores de empresas madereras y activistas para descubrir que la madera de haya que se utiliza para la fabricación, entre otros, de los modelos de silla Ingolf y de silla plegable Terje –de la que la empresa vende 1,5 millones de unidades cada año, o una cada tres segundos–, se obtiene en los bosques de los Cárpatos de manera ilegal. Según la organización, la tala se remonta a la presidencia de Víktor Yanukóvich (2011-2014) y ha continuado todos estos años, incluso durante la pandemia de covid-19. Además, no se limita a los modelos ya citados, ya que los tablones de los muebles de módulos están fabricados con serrín comprimido y cubierto de chapa o melamina, materiales que se obtienen de esos mismos árboles.

La empresa responsable de la tala es VGSM, uno de los principales proveedores de Ikea en Ucrania: hasta un 96% de su producción se destina a la compañía sueca. La actividad se lleva a cabo en los alrededores de Velyky Bychkiv, en el óblast de Transcarpatia, y pone en riesgo a las poblaciones europeas de oso pardo, lobo europeo, gamuzas y linces que habitan en sus bosques. No toda la tala es estrictamente ilegal, añade Earthsight al precisar que las empresas madereras recurren a una triquiñuela legal, amparándose en el derecho existente a talar más arboles y árboles más jóvenes por "motivos sanitarios".

"Los sobornos y presiones económicas y sociales de todo tipo facilitan la concesión de dichas licencias", asegura un activista medioambiental

Una ley permite, en efecto, a las autoridades ucranianas conceder licencias extraordinarias para aumentar la tala de árboles de aquellos bosques que se hayan visto afectados por plagas, desastres naturales o el calentamiento global y, de ese modo, preservar el hábitat natural. Los sobornos y presiones económicas y sociales de todo tipo facilitan la concesión de dichas licencias. Todo el mundo mira a otra parte. "Es imposible talar sin un tractor o un camión, todo el mundo lo oiría", relata en el informe un activista medioambiental, "no es algo que ocurra sin más, si no hay una organización detrás."

El insaciable hambre de Ikea

El modelo de Ikea –que la organización no gubernamental describe como fast furtniture– exige sacrificios. "Aunque el éxito de Ikea se atribuye a su diseño sueco contemporáneo o a la tecnología de ensamblaje propio, un tercer factor ha sido más importante: la habilidad de convertir árboles en muebles más baratos, y ello de una manera más constante y en una escala más masiva de lo que cualquier otra compañía haya hecho antes", escribe Earthsight en su informe. Y la manera de conseguirlo, continúa, es con la explotación de la mano de obra local y la tala masiva de bosques. Ambas cosas lejos de la mirada de los compradores en Europa occidental y Estados Unidos.

La ONG se hace eco de cómo al menos el 60% de la madera que Ikea utilizó en 2018 procedía de Europa oriental y Rusia: Polonia es el mayor proveedor de la región, seguida de Rusia, y hasta 21 de las 28 fábricas de muebles de la compañía sueca se encuentran en países de Europa oriental. En el período de 2014-2018, el consumo de madera procedente de Bielorrusia se duplicó y el de Rusia se incrementó en un 40%.

El apetito del coloso sueco, uno de los buques insignia del mundo empresarial nórdico, es insaciable. Los datos recogidos Earthsight reflejan que el consumo de madera de Ikea se ha duplicado en la última década. Cada año devora entre 1,8 y 2,5 millones de árboles más que el año anterior. En 2019 consumió 21 millones de metros cúbicos de madera. Dicho de otro modo: si se pusiesen los troncos de madera uno detrás de otro, darían la vuelta al planeta unas siete veces. La propia ONG ha calculado que Ikea consume un árbol cada tres segundos.

Cuanto más come el gigante, más hambre tiene. También poder: la posición cuasi-monopolista de Ikea le permite presionar los precios a la baja. "Las empresas que fabrican las sillas de madera de haya son en la práctica enteramente dependientes y no se encuentran en posición de negociar", escribe la ONG en su informe, "como nos dijo un jefe de VGSM: 'el dinero que manejan es de lejos superior al presupuesto de Ucrania: cuando te ofrecen uno [un precio], o lo aceptas o no.'" Para Earthsight, compañías como VGSM "deben aceptar los precios de Ikea o enfrentarse a la bancarrota: no es ninguna sorpresa que muchas de ellas acepten recortar costes en el capítulo medioambiental."

Ataques e intimidación a activistas

Pero los sacrificios no son sólo en forma de madera. Earthsight recuerda el ataque a Kateryna Gandziuk, una activista de la región de Jersón que en julio de 2018 fue atacada cuando estaba a punto de subir al coche para ir al trabajo. Un desconocido le arrojó por completo el contenido de una botella por toda la cabeza y el tronco. La botella contenía ácido de batería y, aunque Gandziuk fue trasladada a un hospital y sometida a 14 operaciones durante cinco meses, finalmente falleció, con 33 años, como consecuencia de las heridas causadas por el ácido. En la investigación sobre su asesinato se aceptó como causa sus esfuerzos por exponer la tala ilegal en los bosques controlados por la agencia estatal de recursos forestales (SAFR).

"Otras personas probablemente aceptarían ser silenciados, porque viven en municipios cercanos y sus hogares podrían ser incendiados", denuncia un activista 

La de Gandziuk no es la única historia de intimidación y ataques a activistas medioambientales. Petro Testov, de Environment, People, Law, una ONG ecologista con sede en Lviv, narró a Earthsight las dificultades a la hora de denunciar este tipo de casos. "Conozco el caso de un activista que lucha contra la tala ilegal, al que ofrecieron un soborno y después amenazaron", explica. "Es un hombre fuerte, un veterano de la guerra de Donbás", prosigue, "así que se negó a dejar de exponer estos temas, pero otras personas en situaciones similares probablemente aceptarían ser silenciados, porque viven en municipios cercanos y sus hogares podrían ser incendiados" o porque "puede que no tengan acceso a la leña" para calentarse en invierno. Las razones no se acaban ahí, aclara Testov: "Tus hijos podrían ser intimidados en la escuela, ya que en estos municipios son las empresas madereras las que proporcionan la leña para la escuela, ayudan a la policía local, ayudan a construir la iglesia". "Si te opones a la empresa, puedes enfrentarse al ostracismo social", lamenta este activista, "es algo peligroso, tanto física como mentalmente".

Un reportaje del año 2017 del medio ruso Lenta hablaba ya del declive de los estándares de vida en Ucrania como uno de los principales obstáculos en la lucha contra la tala ilegal, pero además señalaba cómo esta actividad contaba en algunos casos "con la protección de grupos armados que rayan la delincuencia y que operan bajo la 'marca' de Sector Derecho, entre otras organizaciones de extrema derecha" que se vieron reforzados tras el Euromaidán en 2014. Lenta indicaba cómo la situación política que vivía entonces el país no ayudaba: "Quizá la destrucción de los bosques de los Cárpatos sea una especie de 'decomunistización' de la naturaleza ucraniana, o una suerte de ‘moraleja’ dirigida a Rusia", especulaba el medio. "No es ninguna coincidencia que el viceprimer ministro Pavel Rozenko llamase a sus compatriotas a talar leña para independizarse de los suministros de gas ruso", recordaba Lenta.

El problema con FSC

Coja una caja de cartón o un paquete de folios que tenga por casa e inspecciónelo detenidamente. Con toda probabilidad encuentre en alguna esquina el logotipo de FSC, las siglas inglesas del Consejo de Administración Forestal. Se trata ésta de una ONG con sede en Bonn (Alemania) que certifica que la madera utilizada para la fabricación de un producto –desde papelería hasta piezas de mobiliario– cumple con los estándares de sostenibilidad. En teoría.

Personas familiarizadas con el asunto denunciaron "la cálida relación entre los auditores de FSC y los corruptos jefes" de las empresas madereras

Earthsight acusa a FSC de haber "fracasado estrepitosamente" en sus objetivos, ya que la madera para la fabricación de sillas de Ikea procedente de la tala ilegal en Ucrania cuenta, precisamente, con el certificado de la organización. En este caso, según Earthsight, personas familiarizadas con el asunto denunciaron "la cálida relación entre los auditores de FSC y los corruptos jefes" de las empresas madereras. El problema, alertan, es que "el fracaso de FSC en Ucrania se repite en todo el mundo", desde "Brasil al Congo, desde Perú a Rusia", ya sea en forma de "tala ilegal" de bosques y selvas tropicales o "palizas y asesinatos de comunidades locales".

La ONG británica carga duramente contra FSC, ya que "promocionando papel virgen, FSC perjudica las ventas de papel reciclado; haciendo greenwashing de madera ilegal como si fuese legal, daña las leyes que en EEUU y la UE tienen como fin bloquear el comercio de madera robada; proporcionando una falsa sensación de seguridad a los consumidores con conciencia ecológica, hace que sea más difícil que éstos adopten las acciones correctas." Como Ikea, no es la primera vez que FSC es objeto de crítica por parte de grupos ecologistas, y Greenpeace, por ejemplo, abandonó en 2017 la organización, a la que tachó de "instrumento para la extracción de madera".

WWF ayudó a fundar a FSC y también coopera con Ikea

Earthsight apunta también a la incestuosa relación de FSC con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), una de las mayores organizaciones ecologistas del mundo. Esta última ayudó a fundar a FSC y también coopera con Ikea. "Las tres organizaciones se han ido interconectando de manera cada vez más estrecha con el paso del tiempo y no sólo en términos de su filosofía", se expone en el documento, que destaca cómo "su equipo es a menudo el mismo". Así, "Steve Howard, el hombre que, como jefe de sostenibilidad de Ikea fue el arquitecto de la política de compras de madera con el sello de FSC, trabajó antes para WWF", donde se encargaba de autorizar el uso del logotipo del oso panda a "compañías madereras a cambio de promesas para mejorar sus prácticas medioambientales, promesas que, con frecuencia, fracasaban a la hora de materializarse". Otro nombre de este triángulo es el de "Kim Carstensen, el actual presidente de FSC, que trabajó antes más de veinte años para WWF".

Ikea responde

Antes de su publicación, Earthsight envió un resumen del informe a las empresas que aparecían en él. En el caso concreto de Ikea, ésta respondió que "trabaja proactivamente para implementar medidas que verifiquen que los proveedores cumplen con la ley" y que la empresa adopta medidas especiales para países como Ucrania.

Preguntada por el elevado consumo de madera, la empresa contestó que tiene "una ambiciosa agenda para aumentar el segmento de madera reciclada", y que busca minimizar el desperdicio y utilizar la madera de la manera más eficiente posible. También criticó que las cifras de consumo citadas por el informe de la ONG incluyen el uso de material reciclado.

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