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LUZES

Ser trans en Galicia, un limbo entre leyes

El colectivo sufre ataques físicos y verbales periódicos por no encajar en el binarismo tradicional impuesto desde la infancia mediante los estereotipos y roles de género.

28/2/22 Helio, no binario, y Breixo, trans, en el parque de Bonaval de Santiago.
Helio, no binario, y Breixo, trans, en el parque de Bonaval de Santiago. Luís Otero

La ley trans, aprobada el pasado 29 de junio por el Gobierno central, es un paso adelante para el cumplimiento de una normativa aglutinadora en todas las comunides autónomas en pro de abolir la discriminación laboral, escolar y, en definitiva, social que sufre el colectivo LGBTIQ+ fruto de la intolerancia y de la desinformación que aflora en la mirada generalizada.

La principal clave de la nueva ley es que erradica la hormonación continuada por un período de dos años para el cambio de sexo de las personas trans. Este colectivo sufre a menudo ataques físicos y verbales por no encajar en el binarismo tradicional impuesto desde la infancia mediante los estereotipos y los roles de género. Un hecho que hunde la salud mental de esta comunidad y que se traduce, en los casos más drásticos, en intenciones suicidas.

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La primera ley estatal que legisló la realidad trans fue la 3/2007 de 15 de marzo, con la que las personas transgénero podían rectificar su nombre y su género en el registro. El texto recogía que «toda persona de nacionalidad española, mayor de edad y con capacidad suficiente para hacerlo, podrá solicitar la rectificación de la mención registral del sexo»; esto es, las personas trans podían solicitar el cambio de nombre y de sexo en su documento nacional de identidad sin necesidad de someterse la una operación de reasignación sexual.

Sin embargo, la persona debía aportar un certificado médico que hubiera acreditado un diagnóstico de disforia de género, así como certificar que llevaba en tratamiento médico durante, por lo menos, dos años. Esta ley fue reformada en el 2017 permitiendo a los menores trans rectificar su sexo y posibilitando a los extranjeros residentes en España acceder también a este mecanismo para cambiar su nombre y género en la tarjeta de residencia y en el permiso de trabajo.

Más de diez años después, ya en 2021, el Ministerio de Igualdad, bajo el mando de la ministra Irene Montero, decide proponer una nueva ley en materia trans. El proyecto de ley se publicaba el 2 de febrero de este año para ser aprobado –de forma provisional– el 29 de junio. Antes de su aprobación definitiva por el Congreso, esta nueva normativa debe pasar por los órganos consultivos. La ley acerca desde ya una serie de facilidades en la transición legal de identidad, con el objetivo de despatologizar la transexualidade eliminando el requisito de un diagnóstico de disforia de género. Las personas trans podrán modificar su género y su nombre registralmente sin necesidad de pasar por un proceso hormonal obligatorio.

28/2/22 Manifestación en A Coruña contra la homofobia tras el asesinato de Samuel Luíz, que murió de una paliza el pasado 3 de julio
Manifestación en A Coruña contra la homofobia tras el asesinato de Samuel Luíz, que murió de una paliza el pasado 3 de julio.

Hace falta tener en cuenta que, según la presidenta de Chrysallis en Galicia, Soledad Fernández, la hormonación supone «una castración química» que muchos individuos no tienen por qué desear. Tras alcanzar este hito que avanza en derechos humanos, la ley española concuerda con la despatologización de la transexualidad ratificada por la Organización Mundial de la Salud en 2018, tras la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).

En cuanto a Galicia, la Ley 2/2014 de 14 de abril es la segunda normativa a nivel autonómico en intentar frenar la discriminación hacia el colectivo LGBTIQ+. Sin embargo, no dedica grandes esfuerzos a la regulación de los derechos trans. En esta línea, la ley trans aglutina a todas las comunidades autónomas en el cumplimiento de los derechos del colectivo bajo una única normativa, la estatal, evitando diferencias entre las distintas regiones en el trato que dan a las personas transgénero.

Un laberinto laboral

Las personas transgénero no solo soportan los perjuicios por parte de la sociedad, sino que afrontan en su día a día las dificultades añadidas a nivel institucional. La norma de 2007, en cuanto a la identificación de género, estipulaba que el candidato a cambiar oficialmente de nombre y género debía hormonarse durante por lo menos dos años. De hecho, más de las tres cuartas partes de las personas trans no cambian su género legal en toda la Unión Europea, según la encuesta LGTBI realizada por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) en 2019. Este dato sugiere que muchas personas trans conviven con documentos de identidad que no se corresponden con su identidad de género. Pero, ¿qué dificultades puede traer esta discordancia entre los papeles institucionales y la verdadera identidad de las personas trans?.

Los problemas pueden manifestarse en situaciones tan cotidianas como las entrevistas de trabajo. Cuando una persona trans asiste la este tipo de citas, sabe que tiene amplias posibilidades de ser discriminada por el choque entre su nombre en el registro y su expresión de género. Este salto hacia un mercado laboral que no protege al colectivo tiene consecuencias sociales muy claras: la ley trans asegura que el 42% de las personas trans encuestadas son discriminadas en este ámbito. Asimismo, una investigación realizada por la FRA revela que las mujeres sufren un 13% de acoso más que los hombres. Esta diferencia estructural entre la discriminación a hombres y mujeres la explica la presidenta gallega de Chrysallis como un síntoma más de machismo. En su opinión «no es lo mismo que haga el tránsito social un hombre que una mujer», ya que la maquinaria patriarcal y cisnormativa ahoga por partida doble las mujeres transgénero.

También, según el informe de la FRA, un 58% de las personas trans se oculta y no habla de su identidad en la vida diaria, tratando de esquivar el acoso laboral. Aparte de las personas transgénero, las personas no binarias también se ven afectadas por la discriminación laboral. Helio, un joven no binario y activista de Avance LGTB+, asegura que «la única forma de encontrar trabajo» es con su nombre de nacimiento, ya que no se atreve «a hablar en masculino» teniendo un nombre de mujer en su DNI.

De hecho, el texto de la ley trans pone de manifiesto que una de las principales causas de la discriminación que sufren las personas trans tiene su origen en la discordancia entre los datos que figuran en su documentación y su nombre y género real. En esta línea, Helio sostiene que la mayoría de la gente trans no tiene trabajo «ni esperanza de tenerlo pronto». Hablamos de más de un 80% de paro, según la Organización Internacional del Trabajo. La Secretaria General de Igualdad de la Xunta de Galicia, Susana López Abella, detecta la delicada situación de las personas trans en el mercado laboral. Reconoce, de manera indirecta, que existe una realidad silenciada: «Hace falta formar en igualdad a los futuros trabajadores para acabar con las discriminaciones, el acoso y las brechas».

28/2/22 Manifestación contra a LGTBIfobia en Compostela.
Manifestación contra a LGTBIfobia en Compostela. Belén Teiga y Juanma Prieto.

Una sanidad tránsfoba

Este tipo de exposiciones inadecuadas de la vida privada también puede darse en el ámbito sanitario. Un hombre transgénero puede necesitar determinados servicios sanitarios tradicionalmente asociados a las mujeres, como los tratamientos ginecológicos. Para un hombre trans, una simple visita a un especialista de este tipo supone sacar a relucir su intimidad ante los profesionales clínicos y ante una sala de espera que mira con sorpresa como un hombre entra en la consulta de un ginecólogo.

La presidenta de Chrysallis Galicia califica de «inadmisible» tener que acreditar a un funcionario quién eres: «Parece que si eres trans todo el mundo puede denostarte preguntando qué tienes entre las piernas o si te hormonas». A este respecto, la nueva ley afirma que el 39% de las personas trans encuestadas fueron discriminadas por el personal sanitario o por los servicios sociales. Según a misma, la posible solución sería una apuesta por la formación en la diversidad a los sanitarios. Al mismo tiempo, el Tribunal Supremo en la sentencia 685/2019 de 17 de diciembre del mismo año, asegura que «tiene que protegerse la intimidad y la dignidad» de la persona trans en cuestión, «evitando que se vea sometida a situaciones humillantes». De este modo, el propio individuo será quien «decida sobre el conocimiento» que los demás puedan tener sobre su intimidad.

La ley trans incluye la asistencia para el tratamiento hormonal, la terapia de voz, las cirugías genitales, las mamoplastias, las mastectomías y el material de prótesis en la cartera de servicios específicos de las personas trans en el Sistema Nacional de Salud Pública.

Amarga vuelta al cole

El acoso hacia el colectivo no termina en el entorno sanitario, sino que inunda también los pasillos y las aulas de los centros educativos. En este sentido, Lucy Fernández, chica trans de dieiséis años, confiesa que en el colegio la llamaban por su nombre anterior y que los compañeros «lo tomaban la broma». Pero, aunque esto no le gustara, asegura que se veía obligada a callar. La presidenta de Chrysallis Galicia explica que el problema no se debe a la identidad de las personas trans, sino a la forma en la que el mundo reacciona frente a ellas.

De hecho, un estudio de la FRA sostiene que una cuarta parte de las personas trans encuestadas que están escolarizadas sufrieron discriminación por parte del personal del centro en los doce meses anteriores a la encuesta. Lucy Fernández es un claro ejemplo de esto: «Desde la infancia sufrí uno acoso importante y, cada vez que pensaba en asumirme, me aterrorizaba, pensaba que si me hacían daño siendo un chico, siendo una chica me iban a matar. Hasta que llegó un punto en que prefería ser quién soy antes que morir en el disfraz de alguien que no me pertenece».

Aunque en la infancia se producen los primeros roces con la identidad de género, es durante la adolescencia cuando la mayoría de las personas trans comienza a tomar conciencia de lo que está ocurriendo, de lo que siente y del desconocimiento al que se asoma. Helio explica: «Con 11 años comencé a pensar que no era una niña, pero no tenía ni idea de la diferencia entre lo que significaba ser una niña y no serlo». Añade que descubrió su género con veinte años, documentándose y aprendiendo que no solo había niños o niñas cisgénero o niños y niñas trans, sino que existía el género no-binario.

28/22/22 Helio.
Helio.

Desde las instituciones gubernamentales se establecen diferentes herramientas para acabar con la discriminación educativa. El artículo 34 del borrador de ley propuesto por el Ministerio de Igualdad establecía un mandato para que las Administraciones Públicas utilizaran los protocolos necesarios para identificar, apoyar y acompañar al alumnado trans contra el acoso tránsfobo. Por otra parte, el artículo 26.2 de la Ley gallega 2/2014 ofrece una clara intención pedagógica, pero hace referencia a la totalidad del colectivo LGTBIQ+, sin ahondar en los problemas especiales de las personas trans. Para Helio, aparte de la educación en la diversidad, es necesario hacer visible el colectivo LGTBIQ+ fuera de los espacios educativos.

Un mundo peligroso

Además de discriminación laboral, sanitaria y escolar, las personas transgénero sufren un enorme rechazo por parte de amplios sectores sociales. Según una encuesta de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, el 54% de las personas trans indicaron que, en el año anterior a la encuesta, «vivieron situaciones en las que se sintieron víctimas de discriminación o de acoso por el hecho de ser percibidos como trans». Esta discriminación a nivel social aumenta, según el mismo informe, en los casos de la gente joven, de los que carecen de un trabajo remunerado y de aquellos que pertenecen a un grupo de ingresos más bajos.

En este sentido, Manuel, un hombre trans de 49 años, asegura estar acostumbrado a que le critiquen y le insulten, incluso la que le escupan. Manuel dice tener «la esperanza de que algún día» las personas trans puedan «andar como cualquier persona por la calle» sin ser agredidos o insultados como «desgraciadamente están haciendo en muchos sitios». Manuel incide en el papel de las personas espectadoras, a las que invita «a que no permitan estas cosas» y a que defiendan lo que creen «sin ofender a nadie».

Para erradicar este tipo de comportamientos sociales y la desinformación frente a la situación del colectivo, las personas trans utilizan el asociacionismo, uno arma empoderante para el colectivo. Manuel sostiene que organizaciones como Chrysallis, Avance LGBT+ y Nosotros Mismas, entre otras, se necesitaron mucho el pasado siglo. Según el psicólogo IagoTorres y la asociación Alas Coruña, son un factor protector contra los ataques a las personas trans, para que sientan «que no están solas».

Sin lugar a dudas, su función es crucial para ayudar en el acompañamiento y en el camino de lucha por los derechos del colectivo. Estos grupos se esfuerzan por hacer visible la realidad de miles de personas a través de actividades, conferencias y de la actual iniciativa para el recorrido de una bandera trans de enormes dimensiones por varias provincias del país.

Casa no siempre significa hogar

Un colectivo vulnerable dentro de la realidad trans es el de los menores en el ámbito familiar. Cuando no tienen apoyo, suceden las transiciones tardías, que realizan personas con la autoestima dañada como Manuel: «La transición se retrasa por problemas económicos, por presión social o por presión familiar, como fue mi caso».

El papel de los padres es crucial en el acompañamiento. La presidenta de Chrysallis en Galicia comenta que las principales reacciones de los progenitores son «de susto, porque sus hijos lo hacen ‘por moda’; o de temor, porque la gente les pueda hacer daño». En este aspecto, la ley trans permite un cambio de género sin el consentimiento parental a partir de los dieciséis años.

La reacción del entorno familiar de Manuel, que hizo su transición socialmente con doce años, fue muy negativa. Manuel tan sólo sintió la libertad de expresar quién era a su madrina. Por el contrario, para el resto de la familia fue algo sorprendente porque «hay mucha gente retrógrada». Manuel prefiere mantener su imagen en secreto para este reportaje, puesto que lleva años sin hablar con sus hermanos, menos con su hermana pequeña: «Apartan la cara cuando me ven por la calle».

Merece especial atención legislar para dar una mayor autonomía a la libertad sexual de las personas en su ámbito familiar, especialmente si son menores. Lo indica así el artículo 6.4 «Personas trans menores de dieciocho años». Cualquier «negativa a respetar la identidad de género» de un menor por parte de su entorno familiar «puede atentar contra» el libre desarrollo de la personalidad, según el artículo 17 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor. En este ámbito, si los padres se oponen a dar consentimiento al cambio de sexo –exento de costes o tasas– de los menores de entre doce y dieciséis años, la ley trans procederá a nombrar un defensor judicial, conforme el artículo 300 del Código Civil.

La presidenta de Chrysallis apunta casos de menores que se comportan «una semana como María y otra semana como Mario» porque sus progenitores están divorciados y porque hay uno de los dos que no acepta su realidad. Para trabajar la aceptación de los padres, el psicólogo Iago Torres recomienda la terapia de la reticencia emocional: «Debe lograrse una flexibilidad cognitiva con la regulación emocional de los individuos con ideas sólidas».

El abogado especializado en problemática trans Miguel Vieito está convencido de que «no hay que atender a criterios de edad objetivos, sino tener en cuenta que los y las menores tienen el derecho a defender su autonomía». Al mismo tiempo, desde Chrysallis defienden un cambio de género independientemente de la edad. Helio, de género no binario, añade que, a veces, «los padres no tienen la intención de buscar lo mejor para sus hijos». Por lo tanto, apunta que se una figura ajena a la familia, sin intereses, como una trabajadora social o una psicóloga, la que acredite la identidad del menor trans.

La Secretaria General de Igualdad de la Xunta de Galicia, Susana López Abella, es prudente a la hora de valorar el grado de exactitud de la nueva ley trans con el actual marco jurídico. Para que así sea, pide que la norma tenga «carácter integral y transversal» y que «suscite el consenso de todos los actores implicados». Para eso, propone que el debate sobre los puntos a incluir en esta nueva norma se realizara en un «grupo de trabajo con las comunidades autónomas y con el movimiento asociativo LGTBIQ+».

28/2/22 Concentración contra la homofobia en la plaza de María Pita de A Coruña, frente al Ayuntamiento.
Concentración contra la homofobia en la plaza de María Pita de A Coruña, frente al Ayuntamiento. Xurxo Lobato

El precio psicológico del calvario

Fruto de la presión social, las personas transgénero acaban por padecer problemas de salud mental. Una de las diferencias más notables de vivir siendo trans es la transición, que reside en la evolución médica, científica y, por lo tanto, en el apoyo que los pacientes reciben cuando comienzan el tratamiento hormonal. También, cuando toman la decisión de someterse o no a una operación de reasignación de sexo. Según Helio, «los cánones de belleza afectan sobre todo a la gente joven». El no-binario añade que una relación negativa con el cuerpo puede ser peligrosa porque «es fácil que alimente trastornos de la conducta alimentaria o hábitos de vida poco saludables».

El psicólogo Iago Torres dice sobre el cambio de sexo que «la persona se siente mejor porque el sexo se vuelve coherente con su género». Con todo, califica esta operación como un parche: «El cambio de sexo no trabaja el núcleo del problema, que es por qué me siento mal o qué me hace sentir mal». El terapeuta afirma que hay que trabajar aspectos más psicológicos como «coger aprecio al autoconcepto». En definitiva, construir una relación positiva con el aspecto físico.

Esto lo avala el estudio publicado por  The Lancet «Gender-concordant identity documents and mental health among transgender adults in the USA: a cross-sectional study [Documentos de identidad con concordancia de género y salud mental en adultos transgénero en Estados Unidos: un estudio transversal]» (Scheim, Pérez-Brumer, Bauer. 2020), que determina que las personas que reflejaban su identidad de género en sus documentos de identidad, frente a las que no lo hacían, tenían una menor tendencia a tener trastornos mentales e ideas de suicidio.

De hecho, según un estudio de The Archives of Sexual Behavior (International Academy of Sex Research. 2021), cuyo objetivo fue dar a conocer algunas características sociodemográficas y psicológicas de las personas transgénero, la población trans soporta una fuerte tensión –conocida como tensión de las minorías– debida a los episodios de discriminación de los que es objeto.

El psicólogo Torres admite como necesario un acompañamiento «antes, durante y después» de la transición física y social porque «puede ser chocante nuestro nuevo aspecto». En esta línea, los entrevistados trans coinciden en que una primera consulta con el psicólogo es positiva para tener claro el paso tan importante que van a dar.

En paralelo, Lucy Fernández y Breixo Martínez (diecisiete años) relatan malas experiencias en terapia por el arraigo de los roles de género en la praxis de sus terapeutas. Por una parte, Fernández recibió una contestación vergonzosa del psicólogo de la Seguridad Social: «Le dijo a mi madre que me había puesto a estudiar porque tenía demasiados pájaros en cabeza». Éste no es un caso aislado, ya que la ley trans menciona que el 39% de las personas encuestadas fueron discriminadas por el personal sanitario o por los servicios sociales.

28/2/22 Breixo Martínez
Breixo Martínez. Luís Otero

Por otra parte, Martínez, que lleva dos años en hormonación, comenta que una de las preguntas de su examen psicológico fue: «¿Con que jugabas de pequeño?». Del mismo modo, Manuel, quien realizó la transición social en el siglo pasado, afirma: «Intentan que falles las preguntas. Yo salía de las consultas llorando».

Nuestras voces trans y la organización Crysallis coinciden en abolir estas pruebas psicológicas, ya que la anterior Ley 3/2007 exigía acreditar la disforia de género mediante un informe médico o psicológico clínico para llevar a cabo a rectificación del sexo registral.

Este es uno de los puntos clave que expone la nueva Ley Trans, que dicta que «el ejercicio de este derecho en ningún caso podrá estar condicionado a la previa exhibición de informe médico o psicológico».

Iago Torres afirma que el problema de la OMS son los roles de género. A su vez, defiende que no acabaremos con ellos si la solución que encuentran las personas trans es cambiar de sexo para que su identidad «encaje en los neoroles». Según el terapeuta, lo que afecta a las personas trans no es su género, sino los comentarios que la sociedad vierte sobre él. Por lo tanto, no hablamos de un trastorno, sino de un problema en la mirada de la sociedad.

Así lo suscribe la presidenta de Crysallis Galicia, Soledad Fernández: «Apoyamos a quien no encaja en el binarismo porque la presión social transmite que si no cumples unos estereotipos establecidos, no eres aceptado en un género».

Con todo, puede haber quien decida no cambiar su cuerpo. Según Breixo Martínez «está demasiado inculcado que un trans tenga que seguir los pasos de la hormonación y de la operación quirúrgica». Helio coincide en que se fuerza más las personas trans a encajar en los estereotipos de hombre y de mujer. El colectivo del que él forma parte, Avance LGBT+, reivindica, entre otros asuntos, que las mujeres no tienen por qué afeitarse el cuerpo o salir maquilladas a la calle. Curiosamente, Helio comenta que «si Bad Bunny se pinta las uñas es maravilloso, pero se pinta las uñas un trans…».

En una sociedad marcada por tabúes y por perjuicios, las fuentes de este reportaje aceptaron nuestras entrevistas porque, al fin y al fin y al cabo, admiten que todo aquello de lo que no se habla, desaparece. La ley trans es por fin un halo de esperanza para todo un colectivo que tan sólo demanda el mismo respeto que emite; esto es, dejar de ser ciudadanía de segunda.

* Diego García, Borja Gómez, Estíbaliz Garmendia y Noa Martínez también participaron en la elaboración de este reportaje.