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EXCLUSIVA | Las grabaciones del comisario Villarejo, a Castaño: "Los 200 kilos que le pagaron a Paesa se los llevé yo a Andorra"

'Público' accede a más audios de las conversaciones entre los dos comisarios, en las que el policía hoy preso asegura que le dejaron a deber 80 millones de los fondos reservados en los 90, época clave de las cloacas de Interior con grandes escándalos como el de Roldán, y con el intento fallido de desarticularlas por parte de la actual ministra de Defensa, Margarita Robles.

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El comisario José Manuel Villarejo, en una captura tomada de un vídeo.

Sentados a una buena mesa, dos veteranos policías se sientan a hablar de sus negocios, pero también de lo mucho que han tardado en iniciarlos. Se lamentan del dinero perdido desde 1995 por la pugna entre los agentes de la Comisaría General de Información que perseguían al traficante de armas sirio Monzer Al Kassar, siguiendo órdenes del juez Baltasar Garzón –bando en el que estaba Enrique García Castaño–, y los que jugaron a favor del terrorista internacional, sobre todo José Manuel Villarejo. Una lucha interna que se saldó con el traslado de este último a la Comisaría General de Policía Judicial.

Como desveló ayer Público, en 2005 todo había cambiado y García Castaño y Villarejo ya están en el mismo bando: el de Al Kassar. Así que en la sobremesa comienzan a rememorar aquellos tiempos y cuáles fueron, según Villarejo, los motivos de que en 1995 la actual ministra de Defensa, Margarita Robles, intentara echarle de la Policía tras conocerse que él había elaborado el Informe Veritas contra el juez Garzón.

Hoy, Público revela más audios de las conversaciones entre los dos comisarios protagonistas de las cloacas de Interior, ahora acusados de capitanear una organización criminal dedicada a los delitos de cohecho, blanqueo y extorsión.

“Yo tenía buena relación con el mamonazo de Paesa”

Villarejo: Hay una foto. Yo entonces tenía buena relación con el mamonazo este de [Francisco] Paesa [el espía español que primero escondió y luego entregó al huido director de la Guardia Civil, Luis Roldán]. Y en una cita me dice: “Oye, me están siguiendo, estos no juegan limpio, no sé cuántos y tal y cual…” Mira, y me enseña una foto de un Apolo, de unos tíos. Entonces yo cojo a Julito [Julio Corrochano fue alto mando de la Policía y después director de Seguridad del BBVA] y le digo: ‘Oye, yo hago una nota”. Que fue a raíz de ahí cuando a mí Gabi [el entonces comisario general de Información, Gabriel Fuentes] me corta la cabeza. Y entonces, a Gabi le entra el pánico… en diciembre.
García Castaño: Eso es antes de que llegase Julito a la Unidad, ése estaba liberado ya…
V: Luego, después, cuando él está en la UCI, la Unidad Central de Inteligencia [una unidad a la que Villarejo alude muchas veces pero que oficialmente nunca ha existido en la Policía], me dice: “dame algo para esta gente" y yo le preparo tres notas de tres asuntos: uno de ellos lo de los canutos famosos…
G.C: Lo de Benavente…
V: Lo del comandante Benavente, que además le di una cinta, una grabación que me había pasado. Otro de ellos, de otro tema, y otro de los de Roldán. Claro, ahí ya con buen criterio, pues dijo… ¡No! Digo con buen criterio. Las cosas como son. Dijo: “Oye, ¿qué ha pasado ahí?” [[[habla con el camarero]]] Con buen criterio, le pregunta a Julito: “Oye, ¿y a este tío quién lo controla?” Claro, porque yo di dos o tres temas nucleares de la época. Y dice: “Pues a este tío no lo controla nadie”. Y, claro, le entró pánico y dijo: “A este tío, quítamelo de aquí”. Yo con el tiempo he visto que la actitud de Gabriel era totalmente correcta. Porque, claro, aparte del enfrentamiento soterrado que él tenía con el mamón de De Federico [Enrique de Federico, alto mando de la Policía Nacional en los 90]…
B: Gabi te identificaba a ti como un hombre de De Federico… Era su tronco, a través de las relaciones de amistad que tú tenías con Agustín [Agustín Linares, subdirector de la Policía con José Luis Corcuera y luego director de Seguridad del Banco Santander]. Gabi había vivido todo lo anterior, con De Federico y la movida de Roldán, todo lo anterior.
V: Claro. Aquí la historia. Hemos perdido diez años de tener un poquito de amor, pero bueno… Tendremos que recuperarlo pronto.

Los trabajos que sus jefes encomendaban al entonces inspector jefe Villarejo eran todas encubiertas y estaban siempre en lo “nuclear” de la actualidad económica, política y social del momento. Como no podía ser de otra manera, según le explica él mismo a García Castaño:

“Los 200 kilos que le pagan a Paesa se los llevé yo a Andorra”

G.C: Con… Paesa, hablan con Paesa y le dicen: “Mira, vamos a arreglar este tema y a ti te interesa” y no sé qué… Hazle llegar el mensaje de que este delito no es delito, no es delito; vamos a hacer de que está en tal sitio; porque un avión pallá, otro avión pacá, una sala internacional y salimos. Y así pasó: un avión pallá, otro avión pacá, sale a internacional, coinciden allí y entonces le engañan. Porque le engañan. ¡Los 1.500 millones no han aparecido! Eso es lo que yo tengo firmado por Asunción. Que es cuando dimite Asunción; cuando llega Belloch.
V: La pasta, los 200 kilos… que le pagan al hijoputa. Le pagan 250 kilos…
G.C: ¿A quién? ¿A Paesa?
V: Esa pasta se la pongo yo en Andorra. Esa pasta la comí yo. Porque a mí me dijeron: “Oye… la pasta del hijoputa"…

La peripecia no queda ahí. En el avión de vuelta de ver a Paesa en París, Villarejo sufre un encontronazo con uno de los abogados más relacionados con las cloacas de Interior: José Emilio Rodríguez Menéndez, que iba de emisario del testaferro del rey emérito Juan Carlos I, Manuel Cobo del Rosal, y quien, según Villarejo, se llevó “50 kilos” de los 250 que le entregaron a Paesa:

“A Rodríguez Menéndez lo había mandado Cobo del Rosal de apoyo”

V: Pues la pasta… 50 kilos se quedaron el éste y Cobo del Rosal… 50 kilos el despacho, en crudo, y 200 kilos… Yo fui uno de… vamos, yo le llevé parte de la pasta a París. Y además a la vuelta me acojoné porque en ese viaje a la vuelta… yo coincido, a la vuelta, con Emilio Rodríguez Menéndez, macho. Me cagué…
G.C: ¿Y que venía Rodríguez Menéndez a hacer?
V: Lo había mandado Cobo del Rosal de apoyo. Que era tronco de Cobo del Rosal, que luego se descubrió al cabo del tiempo.
G.C: Entonces no te reventó el tema de milagro…
V: Bueno, ¿sabes por qué? Porque, bueno, y tal, estaba en el vuelo, el tío me vio, yo le vi, nos metimos en el baño –a mí me tiene pánico, el tío– y le dije: “Tronco, como yo me entere de que yo he viajado en este vuelo, el único que lo puede haber dicho eres tú y yo no volveré a hablar más contigo; hablaré con tu viuda. Y el tío [riendo] se lo debió de creer, porque nunca me delató. Pero fue así…
G.C: A lo mejor no iba a por eso, eh.
V: No, no, no. Yo a la vuelta, de hecho, hice mis gestiones y hablé con Pili y Mili (Antonio Rubio y Manuel Cerdán) y les dije: “Cobo del Rosal está entroncado con éste”… No se lo creían. “Pero qué dices, un tío tan chusma” y tal y cual. Y luego se descubrió que ¡eran socios! ¡Eran socios! O sea, los temas chungos… Cobo iba de doctor y profesor pero es un choro total. ¡Iba de un choro! Iba de caballero, pero era un choro. Entonces los temas chungos se los daba al otro y él se quedaba la mitad y los temas de imagen el Emilio se los pasaba a él. O sea, tenían un acuerdo descarado.

“A mi me dejaron, de la época, 80 millones de los fondos reservados sin pagarme”

V: En aquella época mi lealtad era con Agustín, yo no conocía a Enrique de nada…
G.C: De Federico era un mal tipo, muy ambicioso, muy celoso, muy traidor porque claro… Gabi honradamente le contaba todo, todo.
V: Para mí la gran decepción fue cuando me dieron hostias y me quedé solo, porque a ti te apoyó… Al único que dejaron sólo como una… fui yo…
G.C: Pero porque Agustín ahí…
V: Agustín fue ahí a buscar el apoyo de Olivares (Ángel Olivares, actual secretario de Estado de Defensa] y Olivares dijo “una polla como una olla” y se quitó del medio. Enrique se acojonó, la Margarita dijo “pírate, pírate” y me quedé yo solo. Acuérdate que tuve que sacar los dientes yo sólo… si yo no llego a sacar los dientes y a acojonar a todos...

[Aquí se refiere Villarejo a una carta que envió a Interior amenazando con desvelar todos los trapos sucios de la época, haciendo especial énfasis en Baltasar Garzón y Enrique García Castaño por el caso Al Kassar y también en lo valiosos que eran sus "periodistas infiltrados"; una carta que Público desveló hace más de dos años].

V: El único que sabía que yo no iba a derrotar nunca era Agustín. Él sabía que jamás, porque yo me pongo a hablar y les meto a todos presos. Tú sabes la cantidad de pasta que yo tuve que soltar para [ininteligible] Garzón, para tapar… Tú sabes lo que es pagando a unos, a otros, la historia…
G.C: Agustín no se podía quejar [ininteligible]… Agustín cobraba, era de los que más cobraba [ininteligible], Jesús Martínez y después la Junta de Gobierno… Cobraba en sobre y cobraba… A mi me lo contó Juan de Justo que era el secretario de Vera [Rafael Vera, secretario de Estado de Interior, imputado en el caso GAL]
V: A mi me dejaron, de la época, 80 millones de los fondos reservados sin pagarme. De la época. Una fortuna. Yo había pactado con ellos y tal y de repente dijeron que se había acabado tal y cual. De repente a los dos meses llegan y le cortan la cabeza a Agustín y digo “yo con quién tengo que hablar” y al poco tiempo fue cuando me cortan la cabeza. Digo, “vale, yo me voy de la poli, pero pagarme 80 millones y como no, hago una relación de todo lo que hay”.

Quizá ese sea el motivo de que nadie se haya preocupado hasta 2018 en investigar de dónde provienen los negocios del comisario José Manuel Villarejo; una fortuna que se labró infringiendo la ley desde dentro de la Policía y ante los ojos del resto de funcionarios de la administración pública.

...CONTINUARÁ

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