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COVID-19 La crisis climática: otra gran pandemia, pero sin medidas urgentes

La crisis del coronavirus ha obligado a los gobiernos a tomar medidas que, para proteger a la población, atentan contra los valores del neoliberalismo. Muchas de las decisiones que se han tomado en los últimos días son demandas que el ecologismo lleva reclamando desde hace décadas. ¿Por qué no se aplica la misma contundencia para frenar la crisis climática?

Desde su coche, un policía ve el humo de una refinería industrial de Texas. Reuters/Loren Elliott
Desde su coche, un policía ve el humo de una refinería industrial de Texas. Reuters/Loren Elliott

"El coronavirus es una enfermedad que esperamos que sea temporal, con impactos temporales, pero el cambio climático ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción continua. No vamos a combatir la crisis climática con un virus". Así de contundente se ha mostrado Antonio Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El COVID-19 se ha convertido en pandemia esta semana y los gobiernos empiezan a actuar con una contundencia sin precedentes que, en cierta medida, sumerge a las sociedades en una realidad distópica en la que los besos, los abrazos y el contacto físico han quedado abolidos por temor al contagio.

El virus se multiplica con rapidez y, ante el riesgo de una propagación que colapse el sistema sanitario, se han empezado a tomar medidas importantes que, en parte, son también reclamos históricos del ecologismo. Los principios vitales del neoliberalismo han sido trastocados por la pandemia, las emisiones de CO2 asociadas a la actividad económica intensiva empiezan a descender con la prohibición de vuelos y el impulso de otras medidas que restringen el transporte. Esto es algo que ya ha ocurrido en China, donde la crisis sanitaria evidenció el impacto ambiental del capitalismo.

En esta situación, el coronavirus ha puesto sobre la mesa que las restricciones sociales y económicas para salvar vidas son respaldadas por la sociedad, pero también desvela las contradicciones de los ejecutivos a la hora de afrontar de cara la crisis climática, que también causa miles de muertes en todo el mundo.

"El cambio climático es más mortal que el coronavirus"

"El cambio climático es más mortal que el coronavirus", argumentan desde la ONU. Tanto, que un informe reciente del Instituto Max Planck y el Departamento de Cardiología de la Universidad de Mainz, calificaba las muertes causadas por la contaminación atmosférica –uno de los causantes del calentamiento global– como una pandemia y advierte de que cerca del 66% de las muertes prematuras que se producen cada año están asociadas a la polución generada por la quema de combustibles fósiles.

Los datos de la ciencia no se quedan ahí, sino que los informes del IPCC –expertos científicos de la ONU– hablan de escenarios futuros en los que las consecuencias de la crisis climática hará desaparecer territorios costeros y afectará a cerca de 1.500 millones de personas que se verán inmersas en un escenario de crisis humanitaria.

La ciencia lleva décadas reclamando un cambio de rumbo que nunca ha llegado por las férreas posturas de las élites económicas y los mercados. Ahora, una pandemia vírica ha propiciado que los Gobiernos no tengan recelo a la hora de poner la vida por delante de la expansión económica. Pero, ¿por qué no se actúa con las misma contundencia en materia climática?

Para Javier Andaluz, experto en política climática internacional de Ecologistas en Acción, todo tiene que ver con la diferencia de los tiempos existentes entre la crisis del coronavirus y las consecuencias del calentamiento global. "Las emergencias sanitarias hacen que los países cancelen normas sagradas para el capitalismo y tomen medidas muy potentes sin esperar a consenso internacionales. Ahora mismo los gobiernos están aprobando medidas unilaterales sin esperar al resto. Si se les da a elegir entre el comercio o proteger a la población, eligen lo segundo, y esto es algo que no está ocurriendo con la crisis climática".

"Estamos pidiendo un cambio de forma de vida que pasa por el apoyo mutuo"

No en vano, hay quien ve en esta pandemia una arista positiva desde el punto de vista ambiental. No sólo por la reducción de emisiones de CO2 –que podría mermar el número de las muertes prematuras por contaminación–, sino por la forma de actuar. Aunque la crisis del coronavirus dista mucho de la situación alargada de emergencia climática, las medidas que se están tomando estos días pueden servir de ejemplo para afrontar el reto de reducir las emisiones y revertir la expansión material de la economía. "Estamos viendo que el Gobierno está ejerciendo una enorme labor de pedagogía a la población para que comprenda las razones de estas medidas", exponen desde Ecologistas en Acción, para señalar que esa comunicación puede resultar imprescindible si se pretende que la ciudadanía asimile los cambios estructurales que plantea la ciencia ambiental. 

En cualquier caso, pese a que la crisis climática y el COVID-19 comparten ciertos formas de actuar, tienen unos resultados muy diferentes. Es cierto que el ecologismo global lleva años clamando por una reducción de la aviación y el transporte, pero el cambio de paradigma que ataje la emergencia ecosocial, según Andaluz, no generaría la histeria colectiva que se está viviendo estos días por causa del virus. "En el caso de la crisis climática, estamos pidiendo un cambio de forma de vida que pasa por el apoyo mutuo", al contrario que las acciones de contención del coronavirus, que, sin otro remedio, se sustentan en el aislamiento y potencian los comportamientos individualistas.

"La gestión de una pandemia pasa, principalmente, por no saturar los servicios de salud pública, sin cambiar el sentimiento individualista de la sociedad. En cambio, las medidas que se reclaman contra la crisis climática son todo lo contrario; reforzar el apoyo mutuo y el sentimiento comunitario", explica Luis González Reyes, doctor en Química, miembro de Fuhem y experto en transiciones ecososciales. Las diferencias, por tanto se ven claras en las reacciones sociales que han desbordado los supermercados tras el agravamiento de la pandemia y las premisas de la lucha medioambientalista, la cual busca poner la vida en el centro, decrecer y permitir que las sociedades cooperen en torno a conceptos como el de soberanía alimentaria, que aleja el alimento del negocio.

Coronavirus, "un ensayo" contra la crisis climática

"Apología de la pandemia". Esta es la propuesta del filósofo Santiago Alba Rico en un artículo de la revista Ctxt. Aunque lo parezca, el pensador no propone una expansión viral, sino que ensalza el momento de incertidumbre como una oportunidad única para revertir un sistema "frágil", que subsiste a costa de explotar la vida y la Tierra. Esto tiene que ver con las similitudes formales entre los reclamos ecologistas y las decisiones de los gobiernos contra el coronavirus, que pueden servir de práctica para la reducción intencionada de emisiones contaminantes.

"Es el momento de coger carrerilla y plantear, por fin, que las vidas van a tener que cambiar, pero no necesariamente a peor, sino para que merezcan la pena ser vividas"

"En pocos días, estamos viendo un descenso de la internacionalización de la economía, una reducción de la movilidad y de la contaminación. Esto nos puede sirve de prueba, para saber qué tipo de medidas hay que tomar si queremos afrontar la crisis climática, que es una emergencia mucho más a largo plazo y mucho más profunda", expone González Reyes, que define esta situación pandémica, "sin frivolizar", como un "ensayo" de lo que tenemos que hacer para afrontar la situación de emergencia ecológica.

En cierta medida, la coyuntura sanitaria terminará por solventar en un tiempo relativamente corto, sin embargo, la crisis climática seguirá existiendo como problema transversal. "Es el momento de coger carrerilla y plantear, por fin, que las vidas van a tener que cambiar, pero no necesariamente a peor, sino para que merezcan la pena ser vividas", zanja Reyes.

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