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Desinformación Tres razones por las que nos tragamos 'noticias basura' 

Nicco Mele, director del Shorestein Center on Media, Politics & Public Policy de la Harvard Kennedy School, afirma que les damos juego porque "los rumores son pegadizos". Además, tratar de contrarrestarlas con correcciones no suele funcionar, y existen sesgos que nos impiden dar credibilidad a determinadas fuentes, aunque éstas digan la verdad.

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Imagen de letras de molde en un mercadillo. Français | PIXABAY (C00)

Hablemos de la 'información basura' ('junk news' o 'info pollution'). No es necesariamente falsa, pero sí tóxica —desinforma, polariza...— y nos suele resultar irresistible. La compartimos compulsivamente en redes sociales, e inundan medios y espacios públicos de difusión. Según Nicco Mele, director del Shorestein Center on Media, Politics & Public Policy de la Harvard Kennedy School, a estas 'noticias basura' les damos juego porque "los rumores son pegadizos". Tratar de contrarrestarlas con correcciones no suele funcionar y, además, existen sesgos que nos impiden dar credibilidad a determinadas fuentes, aunque éstas digan la verdad.

En una conferencia organizada en Madrid por la consultora Vinces, especializada en asuntos públicos, con el sugerente título 'The New Normal', Mele desgranó varias claves en torno a la generación de este tipo de 'malinformación' para comprender cómo mitigar sus posibles efectos, especialmente en lo político.

Consciente del cambio de paradigma que supuso internet cuando estalló a principios de este siglo, en la era de la "conectividad radical", este experto identifica los ataques del 11S de 2001 a EEUU como el último acontecimiento mundial relevante al que asistimos gracias a los medios de comunicación tradicionales, como la prensa, la radio o la televisión.

Por otro lado, y a causa de la desintermediación de los mensajes —la web es una red de nodos que potencialmente son iguales, ya sea nuestras abuelas con su teléfono o el mismísimo The New York Times— el contenido de esos mensajes puede llegar a casi cualquier persona directa y fácilmente.

Nicco Mele durante su exposición en Madrid. VINCES

Además, "ahora necesitamos algoritmos para manejar la enorme cantidad de datos que generamos", comentó el experto en su exposición, y recordó que el planeta genera una cantidad de información equivalente a todo el saber humano cada cuatro horas.

Para Mele, pues, una de las claves de la comunicación política actual es dominar los tres campos: el lenguaje de los medios, saber cómo funcionan los algoritmos y tener capacidad para lanzar mensajes directos al público. ¿Les suena a estrategia del presidente de EEUU, Donald Trump, o de la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez? Pues por ahí van los tiros.

Algunas ideas

Para contrarrestar la invasión de las 'noticias basura' que vivimos en nuestros móviles, redes sociales y aplicaciones, no existe una receta universal. Sobre todo porque somos los usuarios los que tendemos a perpetuar su circulación, las enviamos constantemente a nuestros contactos y 'amigos'. "No sabemos realmente la motivación, aunque yo creo que es sobre todo por simple diversión", comentó este experto.

No obstante, se puede intentar esquivar los rumores haciendo que la verdad haga más ruido; se puede presionar más a las plataformas (redes sociales, aunque algunos creen que se ha de ampliar el objetivo) para que controlen la distribución de mensajes tóxicos; y se puede, desde los medios, no amplificar las 'noticias basura'.

También hay que tratar de evitar el efecto 'backfire' (tiro por la culata) con las correcciones. ¿Y si buscamos narrativas alternativas, además de andar corrigiendo y verificando todo el rato? Por último, en un momento en el que casi todas las instituciones sociales (medios, partidos políticos, administraciones públicas) sufren una gran crisis de credibilidad, quizá sea el momento de involucrar a los "líderes tribales", personajes cuya influencia quizá se limite a círculos menos amplios pero de una manera más efectiva.

Algoritmos y opacidad

Además, las plataformas de internet son tremendamente opacas. Mele confiesa que debido a esa opacidad los académicos no tienen datos suficientes para poder estudiar todos sus efectos, o para calibrar la magnitud o las consecuencias de las 'noticias basura'.

"Quisiera más transparencia pero no tanto en los algoritmos en sí como en los resultados que dan: quiero saber qué tipo de anuncios ve una persona negra de Alabama, qué tipo de información me serviría el algoritmo si yo tuviese esas características", afirmó. Facebook ha dado algunos pasos en este sentido, pero no son suficientes.

Porque algunos de los efectos de la distribución de la 'información basura' son claros para Mele. Las 'cámaras de eco' — una idea que afirma que vivimos en una cámara en la que la información y las noticias se repiten sin mensajes contrarios o visiones diferentes—, un efecto a menudo discutido o matizado, funcionan según este experto como un motor de confirmación de nuestros prejuicios.

Los 'filtros burbuja' que describe Eli Pariser, esos entornos en los que la información que recibimos viene determinada por un algoritmo, son para Mele una realidad evidente. Lo que pasa es que "no hay consenso" sobre los efectos reales que provocan estos filtros, los cuales personalizan cada vez más los contenidos y pueden impedirnos conocer otro puntos de vista. "Existen demasiados factores", apuntó.

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