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Lorenzo de Medici El 'príncipe' republicano que vota socialista: "La lógica democrática condena a las monarquías a la desaparición"

El escritor italiano no tiene hijos, por lo que ostenta el evanescente título del último Medici, la poderosa familia de banqueros que embelleció Florencia. Lorenzo, eslabón perdido de los mecenas del Renacimiento, es republicano y votante socialista.

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El escritor Lorenzo de Medici. / GUILLERMO LANZOS


Lorenzo de Medici, cosas de familia, está acostumbrado a leer eso del príncipe republicano o del Medici indignado. Es la prensa.

Nació en Milán a mediados del siglo pasado, pero nunca ha vivido en Italia. A veces, visita aquella República de Florencia que los suyos embellecieron durante siglos.

De la lana al comercio. Los banqueros del papa, a quien ponían y quitaban a su antojo. La influencia, dice Lorenzo en una terraza del madrileño barrio de los Austrias, pesa más que el dinero, aunque a saber cuánto pesará un florín de oro.


Eme de Medici: (macro)mecenazgo. El artesano hecho artista. Con mayúscula: el Renacimiento.

Sus padres —él, fascista asqueado— abandonaron su país cuando Mussolini se puso farruco. Veinte años después, volverían del exilio argentino para engendrar a dos hermanos que no han tenido hijos. Criado en Suiza, vivió en Estados Unidos, en Catalunya y ahora —luego explicará el motivo— en Portugal.

Lorenzo escribe y firma con una estilográfica que lleva su nombre, aunque también lo llaman el último Medici.

Lorenzo de Medici, un príncipe republicano. Empezamos bien…

Somos una familia obviamente aristocrática, pero no necesitamos un título para ser conocidos. Recibimos una educación conservadora y tradicional, si bien nos dejaron claro que debíamos vivir la realidad, que no la realeza. O sea, en una república, cuyo espíritu hay que defender.

¿Deberían presentarse los Saboya o los Borbones a las elecciones?

Los Saboya las perderían. Felipe VI, en cambio, está ganando puntos y podría ganarlas [risas].

¿Al frente de qué partido?

Seguramente, no con el PP [risas].

Sus antepasados, en origen unos burgueses, contrajeron matrimonio con nobles para limpiar su sangre.

En esa época, para reforzar el poder había que casarse bien. No eran matrimonios por amor, sino puramente políticos. El caso más evidente fue el de Catalina, quien se convirtió en reina de Francia, aunque en realidad era una peona de la estrategia política del papa.

Los arreglos matrimoniales hoy resultan anacrónicos. Sin embargo, las bodas por lo que viene a llamarse amor son muy recientes en la historia de la humanidad.

Y muy populares. Los privilegiados simplemente buscaban una posición ventajosa.

Y los no tan privilegiados: el amor como catalizador del matrimonio es algo moderno. Más allá de la poesía trovadoresca, ¿el amor lo inventó el cine y la publicidad?

No hay que ir tan lejos. El de mis padres fue un matrimonio organizado. Eran primos y en casa de mi madre se vivía mejor, por lo que se casaron. No tuvieron hijos durante dieciséis años, lo que demuestra que no se entendían bien.

"Los Saboya perderían unas elecciones en Italia. Felipe VI, en cambio, está ganando puntos y podría ganarlas en España, pero no al frente del PP [risas]"

Hasta que mi abuela los cogió del brazo y les advirtió: “Aquí necesitamos un heredero sí o sí”. Entonces, se pusieron a la faena y nació mi hermano. Tres años después, llegué yo.

Usted se ha casado tres veces, pero no ha tenido hijos.

Ni mi hermano. Es el destino.

El fin de los Medici, quienes en los siglos XIV y XV desafiaron el sistema establecido de la época, dominado por la nobleza.

Fueron inteligentes y no entraron en el juego de los nobles. Impusieron su poder a través del mecenazgo artístico y de las obras públicas. La máxima aspiración de los Medici —inicialmente comerciantes de lana y, luego, banqueros— era estar cerca del poder y, sobre todo, ganar dinero.

"Catalunya no puede exigir la secesión. Les calentaron la cabeza. Dejé Barcelona justo por eso: era invivible"

Los aristócratas, para afirmar su poder y demostrar su grandeza, construían castillos. Los Medici, en cambio, edificaban maravillosas villas en el campo. Esa metamorfosis, de una gran importancia psicológica, refleja la transición del viejo al nuevo régimen.

El escritor Lorenzo de Medici. / GUILLERMO LANZOS

Juan de Medici, el fundador de la saga familiar, fue el banquero del Vaticano. Sin embargo, era austero en el vestir, porque los Medici, defendía él, no alardean ni ostentan. Muy Amancio Ortega…

Es un principio de la familia desde siempre. No es necesario alardear del dinero, porque si tú eres, eres. Si necesitas demostrarlo, es que no eres. Aunque eso no quiere decir que no tuviesen buena ropa [risas].

A principio, ¿fueron unos nuevos ricos?

No, porque al nuevo rico le gusta mostrar su riqueza. Los Medici no lo hicieron. Sin embargo, reflejaron su poder construyendo la cúpula de la catedral de Florencia o el convento de San Marcos.

"No puedes pedir al independencia de un país que no existe. Y la Padania no existe"

Así, venían a decir: “Yo tengo el poder financiero para construir un gran templo”. Algo que no se le habría pasado por la cabeza a la aristocracia.

Además, la construcción de obra pública estimulaba una economía estancada: el New Deal de Roosevelt, cinco siglos antes.

Claro, dieron trabajo a muchísima gente, el dinero comenzó a circular y se recuperó la ilusión. Siempre ha sido así: cuando parece que están ayudando a la gente, en realidad están ganando votos. Es una cuestión de poder.

Los Medici fueron los precursores del Renacimento. Según ellos, había que dejar atrás el oscurantismo y la superstición de la Edad Media. Aprovechando su origen humilde, vendieron que si el sistema no se modernizaba “el pobre seguiría siendo pobre”. ¿Cuánto había de buena intención y cuánto de marketing político?

Fue un lema, obviamente, político.

Volviendo a Estados Unidos, concretamente a la idea del american dream, ¿creían de verdad en el sueño florentino?

Lo defendían, pero no creían que fuera posible universalizarlo. Si en la India impera el sistema de castas, en función del nacimiento, en Italia había gremios.

"En Italia no votaría a ningún candidato: son unos desgraciados. Grillo, un iluminado. Salvini, un populista"

No obstante, el acceso era muy difícil y, una vez dentro, te otorgaba una posición social. Los Medici pertenecían al gremio de la lana, aunque se transformaron en el gremio del cambio, o sea, en la banca. En el fondo, también eran castas.

Incluso hoy en día, en Italia sigue habiendo cotos: el Ordine dei Giornalisti, el Ordine degli Avvocati y otros colegios profesionales, cuyo acceso resulta más complicado que en España. Pensemos en el presunto fraude de convalidaciones y colegiaciones de licenciados en Derecho italianos en la Universidad Rey Juan Carlos, que está siendo investigado por la Justicia. Por no hablar del tratamiento pomposo y campanudo, que termina resultando tan anticuado: signore, professore, dottore, ingegnere

Eso es muy italiano y muy alemán. A veces, cuando me entregan una tarjeta de visita, leo “señor, profesor, doctor Equis”. ¿Pero qué es eso? Si tienes formación y conocimiento, no necesitas demostrarlo, porque salta a la vista.

La banca fue el ascensor social de su familia, aunque en su día fueron criticados por especuladores y usureros.

Esa crítica es producto de la desinformación fomentada por los enemigos de los Medici. Por un lado, los usureros, habitualmente judíos, prestaban dinero a un interés muy alto.

"Mi padre era fascista, pero se exilió cuando Mussolini dictó las leyes raciales y antisemitas"

Por otro, los cambistas cambiaban los florines por monedas de menor valor, para su uso cotidiano. Finalmente, estaban los banqueros, que prestaban dinero al papa, a los reyes y a los Estados. Además de la banca, los Medici eran emprendedores y se dedicaban a la industria de la lana, del vino, etcétera.

Y también tenían una fábrica de papas.

La ocasión hace al ladrón [risas]. ¿Sabes cómo se convirtió Giovanni, el segundo hijo varón de Lorenzo de Medici, el Magnífico, en León X? 

"Nuestra educación es conservadora y tradicional, pero nos dejaron claro que había que vivir en la realidad y conservar el espíritu republicano"

Cuando se enteró de que el papa Julio II estaba a punto de morirse, se trasladó en litera desde Florencia hasta el mismísimo Vaticano, donde ya había comenzado el cónclave. Giovanni tenía una fístula anal que le causaba dolor, pero fingió estar mucho más enfermo. Los cardenales pensaban que iba a durar poco, por lo que decidieron elegirlo papa. Obviamente, se equivocaron, porque ejerció durante ocho años.

Lorenzo de Medici, en Madrid. / HENRIQUE MARIÑO

Juan Vicente Boo, corresponsal del ABC en Nueva York, fue enviado con urgencia a Roma en 1996 para cubrir la sucesión de Juan Pablo II. Su diario quería a alguien experimentado, pues Wojtyła se había sometido a varias operaciones tras el atentado sufrido en 1982 y padecía párkinson, por lo que su estado de salud no era muy halagüeño. Pese a las prisas del periodista, huelga a decir que el papa no moriría hasta 2005.

¡Y su papado duró casi treinta años, algo alucinante! [risas].

Y Boo ya ha superado las dos décadas en Roma y conocido a Wojtyła, Ratzinger y Bergoglio. Aprovechando que el río de la Plata pasa por Buenos Aires, ¿qué le parece Francisco? ¿Un papa —entre comillas— renovador o alguien con buenas formas?

Ni una cosa ni la otra. Es un experto en marketing y comunicación. Un hombre de buenas palabras que no pasa a la acción. ¡Hechos, no retórica!

¿Qué le debe el arte a su familia?

Los Medici fueron muy importantes para la humanidad, porque impusieron una visión de la vida inédita hasta entonces.

"La gente piensa que soy de derechas y que, si fuera español, sería del PP. Sin embargo, voto al PSOE"

A ellos se les ocurrió contratar a artistas que creasen belleza para los sentidos, porque antes, en las fortalezas, no había nada.

Su legado artístico sigue siendo placentero para nuestros ojos y oídos.

Arte y mecenazgo, pero también envenenamientos y asesinatos.

Seguramente, es una leyenda negra difundida por sus enemigos. Se dice que Rinaldo degli Albizzi, el principal adversario de Cosme de Medici, fue traicionado y asesinado cuando partía hacia el exilio, como muestra la serie Los Medici: Señores de Florencia.

Vaya, me ha destripado el final de la primera temporada, porque todavía no he visto el último capítulo. Menos mal que es historia...

[Carcajadas] No hay pruebas de esa ejecución. Cosme no necesitaba matarlo, porque Rinaldo ya había perdido la disputa que mantenían desde hacía años y estaba condenado al exilio. ¿Qué sentido tenía eliminarlo? Pudo matarlo cuando estaba en prisión y, al contrario, pidió que sólo fuera desterrado.

Cui prodest… Cuando asesinan a alguien, la primera pregunta que se plantea es a quién beneficia el crimen. El problema surgía cuando mataban a un Medici, pues los enemigos eran muchos.

Como sostenía en su libro The Medici el coronel George Frederick Young, para mantenerse trescientos años en el poder, mandaron al exilio a todas las familias que se oponían a ellos, no sin antes requisarles sus bienes. No les rebajaban su posición social, sino que los marginaban totalmente.

"No es necesario alardear del dinero, porque si tú eres, eres. Cuando necesitas demostrarlo, es que no eres"

El propio Maquiavelo comentó en su momento que mis antepasados elegían como subalternos a personas que no les disputasen el poder. Es decir, no se rodeaban de personalidades con pretensiones, sino que promocionaban a gente más sencilla y sin grandes aspiraciones.

Maquiavelo escribió El Príncipe mientras estaba encarcelado por conspirar contra los Medici, aunque luego le dedicó el libro a Lorenzo.

Concretamente, a Lorenzo II de Medici, el padre de Catalina, quien se casaría con el rey Enrique II de Francia. Porque según el imaginario popular se lo regaló a Lorenzo I, el Magnífico.

¿Y usted sería Lorenzo de Medici…? ¿Qué número?

Séptimo, creo [risas].

¿El poder acarrea el derramamiento de sangre?

Hoy en día, no, aunque antes creo que tampoco. El único asesinato demostrado fue el de Lorenzino de Medici, que beneficio a Cosme I, duque de Toscana [no confundir con el fundador de la dinastía, Cosme el Viejo, esposo de Contessina Bardi y protagonista de la citada serie]. ¿Por qué ordenó su ejecución? Porque Lorenzino pertenecía a la rama principal de la familia, no porque hubiese matado al duque Alejandro, de quien yo desciendo.

"El poder lo detentan los círculos políticos, no el dinero: el de Aznar, el de Rajoy, de nuevo el de Aznar… Quienes gobiernan recurren a sus conocidos: te hago un favor hoy para que me lo devuelvas mañana"

Si hubiese tenido cojones [conste en acta el taco porque es el único que proferirá el entrevistado durante una hora larga de conversación], asumiría el poder, pues era el heredero más directo, pero Lorenzino se acobardó y escapó a Venecia.

Entonces Cosme decidió asesinarlo no por haber despachado a Alejandro, como señalaba antes, sino porque era el legítimo heredero y habría supuesto siempre una amenaza para Cosme.

¿Los Medici han dado o quitado más? ¿Fueron unos filántropos de la época? ¿Acaso unos —entre comillas— revolucionarios burgueses?

Los Medici siempre han dado. De hecho, Ana María Luisa, la última Medici de la rama gran ducal, regaló las obras de arte acumuladas por la familia a la ciudad de Florencia para que las futuras generaciones pudiesen disfrutar de aquellos tesoros.

Y, además, exigió que no saliesen de Florencia.

Una visión increíble y futurista, porque hablamos de 1737.

Ana María Luisa rechazó ser la regente del Gran Ducado de Toscana y abandonó la banca, que había sido la principal fuente de riqueza de la familia.

Realmente, la banca ya la había abandonado Cosme II, presionado por su esposa, María Magdalena de Austria. Siendo ella de familia imperial, consideraba que no era digno dedicarse al comercio.

Es decir, ostentar el poder económico y político.

Claro, pero fue un grave error, porque los beneficios de la banca proporcionaban al Ducado una riqueza de la que carecían otros. Ojo, hablamos de la segunda banca de los Medici, porque la primera fue cerrada cuando murió Lorenzo el Magnífico, quien había desatendido el negocio.

Para los Medici, importaba más la familia que cualquier miembro de la misma. O sea, frente a la persona, primaba la perpetuación de la sangre y del apellido.

Absolutamente. Como subrayo en el libro Los Medici, nuestra historia (Plaza y Janés), en mi familia el individuo no cuenta. Nos han enseñado que debemos preservar una imagen que nadie posee en el mundo. Allá donde vayamos, saben quiénes somos y qué hemos hecho. Aunque algunos se confunden y piensan que somos músicos. A mí han llegado a decirme: “¡Anda, usted es el famoso músico!” [risas].

Y, curiosamente, algún papa pasó por Medici sin serlo... León X, Clemente VII y León XI llevaban su apellido, pero Pío IV no era de la familia, como ha asegurado en alguna ocasión.

También conocido como Medichino, de ahí que cambiase su apellido por Medici. Sea como fuere, tres siglos después, la familia sigue siendo considerada la más importante del Renacimiento.

Y a usted le cierran los museos en Florencia para que pueda contemplar su legado y muchos lo siguen saludando por la calle.

"Mi familia impuso su poder a través del mecenazgo artístico y de las obras públicas. Su aspiración era estar cerca del poder y, sobre todo, ganar dinero"

Por eso me he venido aquí [risas]. La estatua ecuestre de Felipe III, situada en la plaza Mayor de Madrid, fue un regalo de Cosme el Viejo. El escudo que figura en el pedestal no es de Felipe III, que era un austria, sino de Isabel II, de la Casa de Borbón. Si te fijas —y yo lo he hecho esta mañana, mientras paseaba por la plaza—, dentro del escudo puedes observar los roeles de los Medici. ¿Qué familia puede presumir de ello?

Sin embargo, cree que Florencia no ha tratado bien a los Medici o no ha preservado adecuadamente su legado.

Nos han tratado fatal. Florencia vive de nuestro legado, si no sería una pequeña ciudad de provincias, como Piacenza, Cremona o cualquier otra.

Poveri piacentini e poveri cremonesi!

Ya... [risas]. Florencia, además de la capital de los Medici, es uno de los centros turísticos más importantes del mundo, como Roma o Venecia. Sin embargo, no existen calles o avenidas importantes dedicadas a mis antepasados. Vale, hay una pequeña plaza y la vía Lorenzo el Magnífico... ¡Y ya está!

¿No hay ninguna avenida del Duce?

La había, pero la han eliminado [risas].

¿Qué es más importante: el dinero, la influencia o el poder? ¿O van unidos?

La influencia es más importante que el dinero.

El escritor Lorenzo de Medici. / GUILLERMO LANZOS

Cosme el Viejo quería ser artista, si bien se impuso la ambición de su padre, Juan, quien se preguntaría retóricamente: “¿Cómo va a ser un artista mi hijo?”.

Cuidado, porque en aquella época no eran artistas, sino artesanos. Y te hablo de Miguel Ángel, de Leonardo da Vinci, de Brunelleschi o de Donatello… La figura del artista nació precisamente en el Renacimiento.

Ha sido diseñador y actualmente es escritor, aunque estudió Economía. ¿Herencia familiar?

Eeeeeh... Yo soy una persona muy curiosa y, cuando consigo lo que quiero, me aburro y lo dejo.

"El dinero que gasta el Reino Unido en Isabel II revierte en el país, porque la realeza es un reclamo turístico"

Cuando tenía el estudio de diseño, ganaba muchísimo dinero trabajando para Ermenegildo Zegna, Loro Piana o Fendi. Pero, además de aburrirme, tenía que someterme a los caprichos de los clientes: ¿por qué iba a seguir por ese camino si ya no me divertía?

Y, claro, se pone a estudiar Historia del Arte, si bien no termina la carrera.

No. Todavía no la he terminado aún.

¿Seguro? Porque en España están buscando los títulos hasta debajo de las piedras...

¡Juro que no la he acabado! [risas].

¿Cuál es el estado de salud del arte contemporáneo?

Con internet y las nuevas tecnologías, hoy es muy difícil ser artista, porque no compites con tu vecino, sino con un señor que vive en Shangay o en Lima. Lo cual no quiere decir que no haya grandes artistas. A veces, me escriben para pedirme consejo o se ofrecen a pintarme cuadros. El otro día, uno me dijo que quería hacerme un retrato y que estaba dispuesto a regalármelo. No tardé en responderle: “Te lo agradezco mucho, pero yo no quiero un retrato mío en mi casa” [risas].

Sostiene que los mecenas hoy no son tales: invierten en arte, mas no apuestan por los jóvenes.

Efectivamente. Una beca no es un mecenazgo. Vale, se agradece la generosidad, si bien resulta insuficiente. Al artista hay que ayudarlo durante años y, hasta que logra vivir de su arte, tiene que comer.

¿Cuánto había en los Medici de mecenas y cuánto de expertos en mercadotecnia?

Eran mecenas, aunque más tarde descubrimos que lo que acababan de inventar era el marketing.

¿Las monarquías se vienen abajo?

Hay una lógica histórica y democrática que condena poco a poco a las monarquías a la desaparición. Van a menos... por desconocimiento. Hay gente que se queja de que la Casa Real española cuesta casi ocho millones al año, pero el presupuesto de la británica supera los cuarenta. ¿Y cuánto cuesta el Palacio del Quirinal [sede de la Presidencia de la República italiana]? ¡Más de doscientos millones!

Si ejerciese de abogado del diablo, podría decirle que la monarquía británica es un reclamo turístico.

Sin ninguna duda. El dinero gastado revierte en el país. Es una operación de mercadotecnia muy bien organizada. Ahora bien, los ingleses son un pueblo aparte y tienen muy claro cuáles son sus tradiciones. No puedes compararlos con los suecos o con los holandeses, quienes no vacilarían en darles una patada en el trasero a sus reyes si hicieran algo malo. Eso nunca sucedería con la reina Isabel.

No sorprende tanto que hable francés, italiano, inglés, alemán y español, como su dominio de esas lenguas.

Porque tengo amigos en todas partes y converso mucho con ellos. Hablo un sexto idioma, el catalán, pero dejé de practicarlo... [risas]

¿Tampoco lo habla en la intimidad?

Ni siquiera en la intimidad [risas].

¿Las Medici eran más interesantes que los Medici?

Catalina era una verdadera Medici: alguien curiosa y con interés. Volvamos al discurso inicial sobre la importancia del dinero y la influencia: si no fuera reina de Francia, no podría haber hecho lo que hizo, la verdad; pero ella importó el perfume, la patata, el espárrago, el tenedor y muchas otras cosas.

Por cierto, ¿el perfume que usa es el de su marca?

Hoy no [risas]. Ha tocado Dior.

¿A qué debe oler un perfume? ¿Y qué debe transmitir?

El perfume no se puede regalar. Debes elegirlo tú, porque es muy personal. Además, depende de la piel, que es diferente en cada persona.

Libros escritos por Lorenzo de Medici.

¿Los italianos visten mejor que los españoles?

Sin duda. Los italianos tienen una obsesión por la moda que me resulta, además de estresante, muy irritante. Me gusta pasear por Madrid o Barcelona sin tener que ir hecho un pincel. Resulta más relajante, si bien es verdad que ellos visten mucho mejor.

¿Por qué dejó de usar corbata?

¿Tú ves a mucha gente que la use?

Ha acumulado matrimonios, pero también divorcios.

Me he divorciado dos veces y ahora disfruto de mi tercer matrimonio.

Pensaba que eran más. En todo caso, al contrario que los Medici, usted se ha casado por amor.

Eeeeeh… ¡Sí! [risas].

¿Qué significa hoy ser Medici en Italia? ¿Cuál es el legado de los suyos?

Es un fardo muy pesado, porque siempre he querido evitar que me señalen con el dedo. Ser un Medici te obliga a guardar las formas y a mantener, por decirlo de alguna manera, cierta dignidad. Yo no puedo ir vestido como un barbone [vagabundo], porque me mirarían por la calle y dirían: “Fíjate cómo va el Medici”. Te fuerza a estar a la altura del apellido, porque yo no voy a destruir un regalo de quinientos años.

"Los vuelos baratos y los pisos turísticos han enriquecido el país. Antes la gente no podía viajar y ahora lo hace por un precio reducido: ¡fantástico!"

Sin embargo, usó el apellido de su madre durante un tiempo: Bertolini.

Fue en mis años rebeldes de adolescente. Cuando estudiaba, me trataban de una forma diferente al resto, y eso era insoportable tanto para mí como para mis colegas.

Fue hijo de exiliados en Argentina. ¿Huyeron sus padres del fascismo?

No fue exactamente así. Mi padre era un fascista y apoyaba a Mussolini. Pero consideró que había llegado demasiado lejos, véanse las leyes raciales o contra los judíos.

"Bergoglio no es un renovador, sino un experto en marketing y un hombre de buenas palabras que no pasa a la acción. ¡Hechos, no retórica!"

Como no estaba de acuerdo, empezó a alzar la voz y el alcalde le chivó que al día siguiente iban a detenerlo. Esa misma noche, se fue a Argentina, donde vivieron veinte años.

Luego volvieron a Europa, que todavía estaba reconstruyéndose tras la Segunda Guerra Mundial. Tiempos difíciles...

¿A qué se dedicaba su padre?

Al comercio internacional de cereales.

Y se instalan en Suiza. ¿Eligieron Lausana por el francés?

Sí. Y también porque era una ciudad más chic. En Ginebra estaban las organizaciones internacionales, mas él prefirió Lausana.

Aunque usted nació en Milán, nunca vivió en Italia.

No, pero iba a menudo.

¿Qué siente cuando visita Florencia?

¡Oooh! No me gusta. Demasiada gente.

Entonces no le pregunto por Venecia…

Los aristócratas italianos hoy me reciben con los brazos abiertos, como refleja la serie documental sobre las villas de la Toscana que hice para el canal Arte. Fue muy emotivo, porque los nobles me decían: “Hemos sido enemigos, pero ya no”. Lo que cuentan los libros de Historia es agua pasada.

La aristocracia, abrazando al Medici indignado... Aunque, obviamente, no de izquierdas.

Sí [un sí prolongado, que estira como un chicle].

¿Disculpe?

Sí, claro [risas].

Ha comentado que le indigna que los más débiles paguen la crisis, pero no presuponía que fuese progresista.

Absolutamente de izquierdas. Voto socialista.

Vaya… Usted que sostenía que los Medici no revelan a quién votan.

La gente piensa que soy de derechas y que, si fuera español, sería del PP. Sin embargo, en las elecciones municipales y en las europeas voto al PSOE. En las generales no puedo hacerlo, porque soy italiano.

El escritor Lorenzo de Medici. / GUILLERMO LANZOS

¿A quién votaría en Italia?

A nadie, porque son una banda de desgraciados.

Y tras el Partido Socialista de Bettino Craxi…

El socialismo italiano se perdió para siempre.

¿Beppe Grillo?

Es un iluminado. Y muy peligroso.

¿Más que Matteo Salvini, el vicepresidente y ministro de la xenófoba Liga Norte?

Salvini no es un iluminado, sino un hombre muy inteligente que se está aprovechando de una situación. O sea, un populista.

Umberto Bossi jugó con el sentimiento de los pueblos del norte, apelando primero al secesionismo y luego al federalismo. Sin embargo, el ideólogo del partido, Gianfranco Miglio, abandonó la Liga Norte porque realmente creía en la independencia y consideraba que Bossi no era un verdadero soberanista, sino un oportunista que agitaba la bandera en beneficio propio.

Conclusión: no puedes pedir la independencia de un país que no existe. Y la Padania no existe.

¿Y Catalunya puede exigir la independencia?

No. Aunque por decir esto me van a odiar todos...

Ha vivido en Barcelona y…

Bueno, dejé Barcelona precisamente por eso. Era invivible.

¿Qué tal en Portugal?

Después de un año y medio en Azeitão —ubicado entre Lisboa y Setúbal—, estoy encantado. Es un pueblo muy agradable en medio de viñedos. Y bastante chic, porque algunos lisboetas tienen allí su residencia de verano.

¿Cómo progresa su portugués?

Mal. Hablo seis idiomas y se me va la olla. Como me suena a catalán, a veces les hablo en catalán [risas]. Y cuando no me comprenden, me dirijo a ellos en castellano. Los portugueses son tan inteligentes que lo entienden todo.

Los españoles deberíamos mirar más hacia abajo o hacia la izquierda, sin embargo…

Portugal tiene una imagen más retrógrada que España, Francia u otros Estados europeos, pero resulta una apreciación falsa. Al contrario, es un país a la vanguardia y muy abierto.

"Portugal tiene una falsa imagen más retrógrada que España, pero es un país a la vanguardia y muy abierto"

Volviendo a Catalunya, lo han hecho muy mal, porque en la escuela enseñan un catalanismo que realmente no es [sic]. La propaganda de TV3 resulta vergonzosa, pese a ser la televisión de todos los los catalanes. Seguramente, algún día puedan lograr la independencia, aunque respetando las reglas que hay en Europa.

¿Se imagina un terrone votando a la Liga Norte? Y me refiero a un sureño que emigrase en los setenta a Milán, Turín, Brescia o Verona, no a un residente en la isla de Lampedusa.

Sí, porque los hay. Igual que sucede en Catalunya, donde los hijos de los padres andaluces son más independentistas que los propios catalanes.

¿A qué lo atribuye? ¿Un medio de integración social?

¡Qué va! Les han calentado la cabeza.

¿La pirámide social sigue existiendo hoy, pero la cúspide es menos visible u ostentosa?

No lo creo. La pirámide es igual, si bien hay muchos más ricos de lo que se piensa. Simplemente, la parte media y baja es más visible, pues representa a la mayoría.

Quería decir si los potentados exhiben menos su dinero, sean aristócratas, dinero viejo, nuevos ricos o...

Bueno, a algunos aristócratas se les ha caído la fortuna por la alcantarilla, ¡eh! [risas]. Hay poco que ostentar…

¿Cómo se arruinó su familia?

Más que mi familia, mi padre se arruinó haciendo inversiones equivocadas. Por ejemplo, fue engañado por Bernie Cornfeld, el Madoff de la época, quien estafó cientos de millones de dólares. Gracias a dios, tenía un abuelo previsor que miraba mucho más allá. Nos dejó una herencia a mi hermano y a mí que nos ha permitido vivir muy bien hasta hoy [risas].

Descuide, no voy a entrar en detalles. Nobleza obliga...

[Risas]

Ya sabe, en la mesa no se habla de dinero.

Claro que no, aunque aprovecho para darle las gracias a mi abuelo.

¿Quién detenta actualmente el poder? No me responda que el dinero. O sí...

Los círculos políticos. En función de la situación, suben o bajan: el círculo de Aznar, el de Rajoy, de nuevo el de Aznar… Quienes gobiernan recurren a sus conocidos: "Te hago un favor hoy para que me lo devuelvas mañana". No creo que el dinero tenga que ver.

El escritor Lorenzo de Medici. / GUILLERMO LANZOS

¿La novela histórica es una manera de perpetuar el legado de su familia?

No. Me gusta mucho, a pesar de que llegué al género por casualidad. Me encargaron una biografía de Catalina y, cuando me puse a escribirla, la encontré aburrida. Entonces decidí introducir elementos de ficción, sin desvirtuar la pureza de la historia de la reina consorte francesa. Ésa fue la primera novela y, a partir de ahí, llegaron las siguientes.

Su firma figura en perfumes, plumas estilográficas y botellas: ¿vino español o italiano? O, más difícil todavía, ¿italiano o francés?

El italiano, sin duda. El Montepulciano es irrepetible. Claro que en Francia hay buenos vinos, pero no como los italianos.

Ni palabra sobre el boom de los españoles...

El vino es un mundo aparte, donde cada país y cada región persiguen la excelencia. Hay un deseo de que la calidad sea alta, por lo que la competencia es atroz. Hay vinos buenísimos completamente desconocidos. Sin ir más lejos, Azeitão está lleno de bodegas, entre ellas la de José María da Fonseca, cuyos caldos son magníficos.

Tampoco está nada mal el queijo de Azeitão, que recuerda a las tortas del Casar y de la Serena.

Le quitas la tapa y te lo comes con la cuchara: ¡riquísimo!

Viajar es…

Abrir la mente. Es muy importante, aunque hay gente que viaja y no ve nada. No consiste en pisar siete ciudades en una semana, sino en disfrutar y enriquecerse con la cultura y la idiosincrasia local. Estar en una playa, más que abrirla, te relaja la mente, pero sobre la arena no hay museos.

¿Cree que han sido positivos los vuelos baratos para, digamos, democratizar el turismo?

Absolutamente.

¿Pese al daño colateral de la turistificación? Ya habrá visto que en España no hemos aprendido de Florencia o Venecia?

Bueno, tú eres más exclusivista que yo [risas].

¿¡No me diga!?

[Carcajadas] Los vuelos baratos y los pisos turísticos han enriquecido el país. Antes, la gente no podía viajar o tenía que esperar a las vacaciones de agosto para salir de casa. Ahora, en cambio, las escapadas de fin de semana son posibles por un precio reducido. Y eso es fantástico.

Preguntar no es afirmar y, en este caso, tampoco implica compartir.

Te olvidas de que soy socialista, ¡eh! [risas].

¿Cómo le ha ido por el Hay Festival de Segovia?

Es una ocasión única para encontrar mucho talento, en un solo lugar, durante tan pocos días. Y de diferentes campos: literatura, cine, arquitectura, filosofía…

"Con la obra pública, los Médici crearon empleos, el dinero circuló y se recuperó la ilusión. Siempre fue así: cuando parece que estás ayudando a la gente, en realidad estás ganando votos"

El Hay Festival es un concentrado de cultura, por lo que sería necesario que hubiera uno en cada país. He participado en dos ediciones y salgo del evento recargado. Cada vez que voy, me siento galvanizado.

Y la ciudad acompaña.

Segovia es maravillosa. Y con una alcaldesa socialista: ¡fantástico! [risas].

Nuevo libro a la vista, pero nada que ver con los Medici.

Es la historia de Romain Gary, escritor y diplomático francés de origen lituano. Publicó unas treinta obras y, tras ganar el premio Goncourt, empezó a ser maltratado y la crítica literaria renegó de él. Sumido en una depresión, escribió otro libro y lo firmó bajo el pseudónimo de Émile Ajar. Entonces, volvió a ganar el Goncourt, un galardón que sólo puede concederse una vez al mismo autor, por lo que no pudo recogerlo. En mi novela, convierto al escritor en escritora. La misma trama, con voz de mujer.

¿Es complejo meterse en la mente de un personaje femenino?

Sí, por eso la mujer que sale de mi pluma es un poco masculina.

Por cierto, ¿dónde le gustaría vivir?

Donde vivo ahora.

¿Y dónde morirá el último Medici?

En una isla griega.

¿Llamada?

Da igual. Lo importante es que la muerte me sorprenda allí.