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Exiliados españoles Exiliados españoles lamentan la ignorancia de España hacia los refugiados de la Guerra Civil

El Senado de la República agradeció las aportaciones de la comunidad de refugiados de la Guerra Civil en México, en un acto para celebrar los 80 años de vida de la comunidad en suelo azteca.

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Sala de Plenos. Anna Portella

Cuando en México hablan de actos de conmemoración del 80 aniversario del exilio español, no lo hacen en referencia a un hecho histórico sino presente: se celebran los 80 años de vida del colectivo de refugiados de la Guerra Civil y la dictadura franquista en el país. Eso sí, ocho décadas de existencia en México. "Hay que reconocer que para España el exilio está muerto", dijo el profesor de Ciencia Política y Derecho Constitucional de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Fernando Serrano Migallón, en la Sala de Plenos del Senado de la República. El pasado martes, fue uno de los invitados a la Cámara Alta para conmemorar el 80 aniversario del exilio. Con sus palabras, puso voz a lo que muchos llaman la "desmemoria" histórica que provocó la Guerra "incivil" y que, desde hace décadas, asumen como parte de la España democrática.

"Murió a fuerza de traiciones. Los republicanos fueron derrotados una y otra vez. Primero, al ver perdida la república luego de una guerra injusta; después, al presenciar que los arreglos internacionales entre los aliados de la segunda Guerra Mundial permitieron sobrevivir al fascismo en España. Otra vez fueron traicionados en las transiciones a la democracia española, al instalar una monarquía sin discusión; por fin, excluíos cuando el socialismo triunfante no les permitió participación en la historia de España", continuó Serrano Migallón, que habló en calidad de hijo de exiliados. Le escuchaba un auditorio formado por senadores mexicanos, el embajador de España en México, Juan López-Dóriga, y testimonios del exilio.

"Jamás pensé recibir una pensión de España habiendo salido con cuatro meses de edad", explica Pérez

Entre éstos últimos estaba Aida Pérez, que con el acto del Senado sumó uno más de los que ya lleva en honor al 80 aniversario en lo que va de 2019. Por eso, ya no se quita de la solapa de la chaqueta el pin en forma de 80 y franjas amarillas, rojas y moradas. Para ella, participar en las conmemoraciones es la forma de resistirse a que el olvido llegue también a las hasta 20.000 familias que se refugiaron en México. Al igual que sus colegas del Ateneo Español y de la agrupación del PSOE en este país, opina que si el exilio es un "tabú" en España es porque 40 años experiencia democrática no han podido con el rastro que dejó el mismo período de educación franquista. Por eso, cada mes recibe con sorpresa los 400 euros de prestación para los "Niños de la Guerra" que creó el presidente Zapatero en 2005. "Jamás pensé recibir una pensión de España habiendo salido con cuatro meses de edad", explica. Pérez y sus padres llegaron a México después de tres años en campos de concentración de Francia, pero esto no es óbice para que aún hoy, tras 77 años viviendo en ese país, siga pronunciando su apellido con zeta.

13 de junio de 1939: hacia una segunda patria

El acto en el Senado se celebró el pasado martes, pero la fecha simbólica del aniversario es el 13 de junio, porque ese día, 80 años antes, llegó en la costa de Veracruz el primero de los barcos oficiales del Gobierno republicano cargado de republicanos, socialistas y, en general, demócratas. Se llamaba Sinaia, y en él, "por suerte, había profesores, funcionarios, intelectuales que nos hablaron de México", recordó desde el atril de la Cámara Alta uno de sus pasajeros que entonces tenía 11 años de edad, Julián Atilano.

La primera de las embarcaciones que trasladaron entre 25.000 y 30.000 españoles a México protagonizó la exposición "Barcos de la Libertad", el pasado viernes 14 en Veracruz. Aida Pérez estuvo ahí porque ella y sus padres se vinieron en uno de los últimos barcos, el Nyassa, en 1942. "Mi papá decía que por qué íbamos tan lejos, si Franco no iba a durar", explica. No fue el único que llegó y se instaló en México como quien llega a su habitación del hotel y no deshace la maleta porque sabe que sólo va a pasar ahí una noche. "En aquel tiempo se pensaba que todo era temporal y todos esperaban que una vez terminada la guerra, los aliados provocarían la caída de Franco. No parecía creíble que una dictadura fascista sobreviviera en la Europa occidental", explicó el profesor Serrano Migallón.

Aida Pérez estuvo ahí porque ella y sus padres se vinieron en uno de los últimos barcos, el Nyassa, en 1942.

El académico de la UNAM destacó que la evolución del exilio en México estuvo marcado por la política internacional. Porque si hay algo en lo que coinciden los republicanos exiliados en México es en que Franco no hubiese ganado la guerra sin el apoyo de Hitler y Mussolini. Por eso, cuando la ONU admitió el ingreso de España, efectivo en 1955, los refugiados asumieron que no había vuelta posible hasta la muerte del dictador: "el exilio se volvió cada vez más mexicano", concluía el profesor Serrano Migallón.

El rastro que dejaron los intelectuales españoles refugiados en México convierten al exilio en motivo de agradecimiento recíproco

En estos años marcados por la desilusión en México, Aida Pérez visitó por primera vez España. Era 1961, voló en Iberia y tenía 23 años. Se fue directo a Asturias a conocer a sus abuelas y, de ahí, viajó por toda la península. "Me pareció triste, como en blanco y negro. Además, a cada rato me decían "cállate", "no digas esto" o "habla más bajito", comenta. En aquel entonces, ella ya había colaborado a la fundación de las juventudes socialistas en México, en 1956, cuando terminaba sus estudios de arquitectura. Aunque cursó la carrera en una universidad mexicana, fue de las privilegiadas en asistir a las clases de los arquitectos madrileños Félix Candela y José Luis Benlliure. Ambos también se refugiaron en México y se los recordó en la exposición "Presencia del exilio español en la arquitectura mexicana" que organizó la UNAM, a principios de febrero, también en ocasión del 80 aniversario.

El rastro que dejaron los intelectuales españoles refugiados en México convierten al exilio en motivo de agradecimiento recíproco entre españoles y mexicanos. Los primeros, por haberles permitido instalar el Estado republicano completo en unas tierras que siglos antes habían presenciado las atrocidades de la Conquista; los segundos, por el legado de los emigrantes españoles, como las instituciones educativas Colegio Madrid o editoriales como Séneca. "Como embajador, quiero reconocer la deuda de España con este país que, como dijo el presidente del Gobierno, no se puede pagar", afirmó López-Dóriga en el Senado, recordando las palabras de Pedro Sánchez. El presidente de España estuvo en el país en febrero, también para festejar los 80 años de vida del exilio.

Política internacional, de nuevo, determinante

Aún falta por completar al celebración de los 100 eventos planeados ese año alrededor del mundo en honor a un exilio que permitió salvar hasta 500.000 vidas de españoles. En México, se dejó la organización en manos del hijo del presidente Lázaro Cárdenas, el que abrió las puertas de México a la república española, Cuauhtémoc Cárdenas.

"Cuando en México dicen que el exilio aún vive, lo dicen porque ser exiliado, refugiado, asilado, es una identidad", explica Aida

Estas celebraciones no pueden ser más estridentes con su contexto. En España, un partido considerado de extrema derecha consigue 24 diputados en el Congreso de los Diputados en las elecciones generales; millones de catalanes acusan al Estado español de represor y denuncian la existencia de exiliados y presos políticos en el país, consecuencia del proceso independentista de Cataluña. En México, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se ha visto obligado a desplegar 6.000 militares en la frontera sur para reducir la llegada de migrantes centroamericanos que buscan asilo en Estados Unidos. El objetivo tener contento al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y contener sus arrebatos arancelarios.

Cuando en México dicen que el exilio aún vive, lo dicen porque ser exiliado, refugiado, asilado, es una identidad. Lo expresa muy bien Aida Pérez cuando dice que ella es "de aquí y de allí", porque tal y como se recordó en el Senado el pasado martes, México empezó siendo refugio, luego casa y terminó por ser patria para los inmigrantes de la península. Y prueba de ello, fueron los gritos que pronunciaron tanto mexicanos como españoles al terminar el acto: Viva México, viva el exilio español y viva España.

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