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Jóvenes al borde de la exclusión: el duro camino hacia la integración social

El Ayuntamiento de Madrid, a través del programa ASPA, atiende a 65 chicos y chicas a los que ayuda a encontrar un hogar y a conseguir un empleo

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Jóvenes del programa ASPA ./ ASPA

Son jóvenes que no responden al clásico perfil de personas sin hogar e incluso su aspecto físico, a primera vista, no hace pensar que tengan problemas económicos o de adaptación. Sin embargo, las grandes urbes acogen a un colectivo de chicos y chicas que se encuentran en riesgo de exclusión social. Tienen el reto de integrarse en la sociedad y de superar un pasado marcado por los malos tratos, el abandono y el desarraigo familiar.

En el caso de Madrid, el Ayuntamiento tiene en marcha un programa de asistencia a estas personas, pero la ayuda que reciben no siempre es suficiente para rehacer sus vidas.

Estos jóvenes arrastran desde edades muy tempranas un drama personal que quieren superar mediante su integración sociolaboral, pero su situación extremadamente vulnerable requiere de una mayor atención y de apoyos específicos por parte de las autoridades públicas y los servicios sociales.

Detrás de este fenómeno se encuentran las familias desestructuradas y con graves carencias económicas y afectivas, los padres que entran en prisión y no pueden hacerse cargo de los hijos, el maltrato, los conflictos familiares de todo tipo y los casos de menores extranjeros no acompañados que han llegado al país y que tienen que hacer frente a un futuro incierto.

El Ayuntamiento de Madrid, a través del programa ASPA (Apoyo Socioeducativo y Prelaboral de Adolescentes), trata de ayudar a estas personas en riesgo de exclusión social, mediante la búsqueda de un hogar y el asesoramiento para la incorporación al mercado laboral.

Los 83 profesionales (psicólogos, técnicos de empleo y educadores sociales) que forman parte del programa no lo tienen fácil. Su misión es acercar al mundo laboral a un grupo de chicos con edades comprendidas entre los 18 y los 23 años, que carecen de formación y cualificación profesional, que han sufrido emocionalmente durante buena parte de sus vidas y que tienen limitada su capacidad para desenvolverse con normalidad en la sociedad.

La mayoría extranjeros

El programa ASPA, dotado con un presupuesto anual de 2.600.000 euros (un 30 por ciento más que el año pasado), cuenta en la actualidad con 64 participantes, de los que 50 son chicos y 14 chicas. Un total de 44 son de nacionalidad extranjera y los 20 restantes son españoles.

Asimismo, 40 de ellos han estado acogidos durante algún momento de su vida a algún programa de tutela, 20 son perceptores de la Renta Mínima de Inserción (RMI) de la Comunidad de Madrid, 6 de ellos tienen algún tipo de discapacidad y 8 pertenecen al colectivo LGTBI, según consta en un informe al que ha tenido acceso este diario.

De los 64 participantes en el programa, 26 han conseguido un trabajo relacionado generalmente con la hostelería, el comercio y el sector servicios. Muchos de estos chicos también han conseguido este verano un puesto de socorrista de piscina, después de haber realizado un cursillo profesional.

El Ayuntamiento de Madrid, a través de la empresa concesionaria del servicio, Opción 3, tiene firmados acuerdos de colaboración con 66 empresas colaboradoras, entre las que destacan VIPS, Carrefour, Primark, Burger King, Rodilla, El Corte Inglés, FNAC o Telepizza.

Cumplen las expectativas

Ana María Maya, jefa del Departamento de Prevención de Riesgos Sociales en la Infancia y la Adolescencia del Ayuntamiento de Madrid, ha explicado que algunas empresas están muy satisfechas con la iniciativa porque los jóvenes a los que contratan cumplen sobradamente con las expectativas y tienen la garantía de que el programa ASPA cubre cualquier eventualidad.

“Lamentablemente”, agrega, “son pocos los chicos que se incorporan a cada una de estas empresas. Nosotros les ayudamos en todo lo posible porque casi ninguno ha asistido a una entrevista de trabajo. Cuesta decirlo, pero para ir a una entrevista de trabajo lo primero que tienen que hacer es ir comidos, duchados y con una camisa humilde pero limpia, y nosotros nos encargamos de todo eso”.

Con todo, otro de los principales problemas a los que tienen que hacer frente los responsables del programa ASPA es el del alojamiento de estos chicos.

“Algunos duermen en el coche, otros en casa de un amigo, otros en alguna casa ocupada. Pero esos no son sitios adecuados y nosotros tratamos de ver qué posibilidades de alojamiento hay en los centros específicos para personas sin hogar del Ayuntamiento, aunque tampoco estos son los lugares idóneos porque allí hay gente que lleva muchos años en la calle, personas muy deterioradas que no son la compañía ideal para un chico o chica de 18 años”, subraya Ana María Maya.

Conclusiones

El informe sobre el programa ASPA recoge una serie de conclusiones sobre la prestación del servicio, entre las que destaca la necesidad de disponer de servicios sociales específicos para estos jóvenes, que tienen que tomar “decisiones complejas y arriesgadas, sin estar preparados para ello”.

Igualmente, se insiste en que los recursos y servicios han de contemplar el asesoramiento en cuestiones económicas y jurídicas, “que les ayuden a superar situaciones relacionadas con un manejo inadecuado de sus recursos”.

Finalmente, los técnicos municipales consideran indispensable tener recursos suficientes para garantizar la seguridad de las personas acogidas al programa. “En el trabajo con jóvenes”, indica el informe, “el principio de ‘el alojamiento primero’ (conocido por su nombre en inglés, housing first) es fundamental. Cuanto más tiempo pase una persona joven sin hogar, más difícil le será salir del sinhogarismo.