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El grito unánime y masivo de las mujeres latinoamericanas contra la violencia y el machismo

Las convocatorias a las marchas feministas de la región han hecho historia con participaciones masivas.

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Un grupo de mujeres se visten como los personajes de 'El cuento de la criada' en la marcha del Día Internacional de la Mujer en México. REUTERS/Edgard Garrido

Faltaba aún media hora para el inicio de la manifestación, pero la Plaza Italia, centro neurálgico de Santiago y elegido como punto de salida, estaba ya desbordada. Mujeres de todas las edades (y algunos hombres, aunque muchos menos que en ocasiones anteriores) desfilaron por el centro de la capital luciendo sus pañuelos verdes, convertidos en símbolo del movimiento, y avanzando a ritmo de tambores, batucadas y cánticos: “¡Alerta, alerta, alerta machista! ¡Que todo el territorio se vuelva feminista!”.

Según la Coordinadora Feminista 8 de Marzo, la organización convocante, más de 400.000 personas participaron en la movilización. Los cálculos de la policía reducen la cifra a 190.000. Sea como sea, lo indiscutible es que fue la marcha feminista más masiva que se ha vivido en Chile y una de las protestas más multitudinarias de los últimos años. Dividida por bloques, algunos “separatistas” –sólo de mujeres– y otros mixtos, la columna de participantes llegó a ocupar cuatro kilómetros de la Alameda, la principal avenida de la ciudad. Al punto de llegada, la cantante Ana Tijoux recibió a las manifestantes encima del escenario para dedicarles “Antipatriarcal”, el tema más esperado para todas y que no podía ser más oportuno para la ocasión.

La jornada comenzó temprano con una convocatoria de huelga feminista “contra la precarización de la vida” –la primera en el país– que recogía demandas muy diversas: desde políticas para el fin de la violencia machista en distintos espacios, hasta mejoras de las condiciones laborales o garantías para los derechos sexuales y reproductivos, entre muchas otras.

El llamado a huelga feminista se empezó a difundir desde finales del año pasado, sin embargo, ha sido durante los últimos días que se intensificaron las actividades para preparar el paro. El derecho a huelga en Chile está lejos de tener garantías plenas porque la legislación laboral aún se basa en el Código de Trabajo que se implementó durante la dictadura de Pinochet. Además, a principios de semana, el gobierno manifestó su desacuerdo con la paralización: “Las mujeres quieren participar de la marcha del progreso y del desarrollo humano y no paralizarse”, dijo la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Isabel Plá. Aunque, finalmente, el paro fue puntual y secundado sólo por algunos sectores (estudiantes y colectivos específicos de funcionarias públicas), el emplazamiento ya instaló un precedente en el que las activistas insistirán el próximo 8M.

La multitudinaria respuesta de la movilización en Chile no se entendería sin el estallido del movimiento estudiantil feminista del año pasado, que llegó a paralizar más de 20 universidades de todo el país durante casi dos meses para denunciar los abusos sexuales en las universidades y exigir una educación no sexista. Las jóvenes también reclamaron una ley de plazos para el aborto que sustituya la actual normativa aprobada hace un año y medio, que se limita a tres únicos supuestos (inviabilidad fetal, riesgo para la madre y violación).

Pese al éxito de la convocatoria, que inyectó altas dosis de emoción y entusiasmo a las chilenas, la conmemoración estuvo marcada por dos nuevos casos de violencia machista. Entre el jueves y el viernes dos mujeres fueron asesinadas por sus exparejas. Con ellas, ya son 13 las mujeres muertas a manos de hombres en Chile en lo que va de año.

Brasil recuerda Marielle

Las brasileñas que salieron este 8M a las calles tenían un nombre en su cabeza: Marielle Franco, la concejala de Río de Janeiro que fue asesinada a balazos el 14 de marzo del año pasado. Bajo el lema “Por la vida de las mujeres, somos todas Marielle”, tomaron las calles del país para protestar contra el desmantelamiento de la Seguridad Social, el aumento de los feminicidios y los retrocesos del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro.

El nombre de Marielle resonó por las calles de las principales ciudades de Brasil, convertida en un referente de la lucha feminista, antirracista y a favor de la diversidad sexual. Hasta hoy su muerte sigue impune. “Estamos aquí por la vida y por la libertad de todas las mujeres, por el derecho a ejercer el libre acceso a nuestro cuerpo de la forma que queramos”, dijo la viuda de Marielle, Mónica Benício, en la manifestación de Río de Janiero, donde se congregaron unas 50.000 personas. Durante la marcha también se escucharon gritos a favor del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores (PT) y encarcelado desde hace casi un año por corrupción.
En São Paulo, donde también se movilizaron unas 50.000 participantes, además del rechazo a la violencia, las mujeres criticaron la reforma de pensiones que pretende impulsar el bolsonarismo.
En 2018, en Brasil se registraron 1.173 casos de feminicidios, según datos del Foro Brasileño de Seguridad Pública.

Argentina, otra marcha histórica

En Buenos Aires la movilización también fue histórica. Según recogió la prensa argentina, más de 300.000 personas participaron en la marcha que recorrió la avenida de Mayo, desde el Congreso hasta la Casa Rosada.

El acto comenzó con la lectura de un manifiesto por parte de 18 mujeres que representaban a las distintas luchas e identidades: “Estamos de pie por cuarta vez, haciendo un paro general internacional y plurinacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, gordes e intersex de la clase trabajadora; ocupades, desocupades, precarizades, piqueteres y de la economía popular, visibilizando especialmente a las mujeres indígenas, originarias, afroargentinas y negras en pos de empezar a saldar la deuda histórica para con ellas”, empezó el texto.

Sus principales reclamos giraron en torno a la falta de políticas públicas para enfrentar la violencia machista, el embarazo adolescente, la legalización del aborto, la precarización económica y los feminicidios. En Argentina, 273 mujeres fueron asesinadas en 2018, según datos del Observatorio Marisel Zambrano. Entre enero y febrero se registraron 54 casos.

Las mujeres cargaron duro contra el gobierno de Mauricio Macri y los gobernadores de las provincias que no se sumaron al protocolo para la interrupción del embarazo, como Tucumán y Jujuy, donde en las últimas semanas se practicaron cesáreas a dos niñas que habían sido violadas, en lugar de interrumpirles el embarazo, tal y como indica el documento. En ambos casos, los bebés de las niñas murieron. El trato recibido por las menores provocó que incluso la ONU advirtiera al gobierno argentino de la necesidad de comprometerse con los derechos de las mujeres.

México también se levanta

En Ciudad de México, las convocadas recorrieron el transitado Paseo de la Reforma, desde el Monumento a la Independencia hasta el Zócalo Capitalino. La marcha fue menos concurrida que en otros países, pero según las participantes fue mayor que en los años anteriores. Las mexicanas tomaron las calles para exigir los mismos derechos que sus coterráneas latinoamericanas piden en toda la región, que es lo mismo que pidieron las mujeres del todo el mundo. Apuntaron contra la precarización laboral, las desigualdades económicas, la violencia de género y los feminicidios. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2018, se registraron 786 mujeres asesinadas.

Además, acusaron los presuntos intentos de secuestro en el metro de Ciudad de México y levantaron consignas a favor del aborto luego de que hace tres días el estado de Nuevo León reformara su constitución local para criminalizar a las mujeres que opten por abortar.

La marcha de este año fue la primera que se realiza bajo un gobierno federal de izquierda, encabezado por Manuel López Obrador, y con dos mujeres a cargo de importantes puestos de poder: la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y la jefa de gobierno de la capital, Claudia Scheinbaum. Sin embargo, eso no eximió a López Obrador de la polémica. Las mujeres aprovecharon la relevancia del 8M para criticar al mandatario dos controvertidas decisiones que las perjudican directamente: la suspensión de los recursos al programa de albergues para mujeres víctimas de violencia y la eliminación del programa de estancias infantiles que apoya a las madres que trabajan.

Este 8M, en México, como en Chile, Brasil y Argentina, las calles se tiñeron de verde. De verde, de morado, y de muchos otros colores. La sensación de euforia y esperanza fue real porque muchas se encontraron con muchas otras e hicieron una multitud que no dejó de gritar.

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