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Transición energética Hidrógeno verde, ¿el combustible alternativo contra la emergencia climática o una burbuja especulativa?

El Gobierno apuesta por el hidrógeno verde, una alternativa sostenible con puntos positivos, como la capacidad que puede tener a la hora de descarbonizar el transporte aéreo, pero también con puntos negativos como su escasa penetración en el transporte privado o su baja competitividad en los mercados energéticos.

Un surtidor de hidrógeno para coches propulsados por este combustible.
Un surtidor de hidrógeno para coches propulsados por este combustible. Mark Blinch / REUTERS

El hidrógeno está en boca de todos. La transición ecológica ha puesto en el centro mediático a este elemento químico que, desde algunos sectores, se presenta como una receta indispensable para conseguir descarbonizar el sector energético y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El Gobierno español, de hecho, ha impulsado su propia hoja de ruta y ha anunciado que destinará 1.500 millones de los fondos europeos a impulsar el desarrollo del denominado hidrógeno verde. Si bien es cierto que este gas tiene grandes capacidades para disminuir la contaminación asociada al sector transporte y a determinadas prácticas industriales, la realidad es que hay tantas certezas como preguntas por resolver.

El economista norteamericano Jeremy Rifkin fue uno de los primeros en advertir a principios del siglo XXI que el hidrógeno se convertiría en el nuevo eje vertebrador de la economía, poniendo fin a la tiranía del petróleo y los combustibles fósiles, y reconciliando la economía capitalista con la Tierra. Veinte años después de que el prestigioso experto tomase posición, este gas empieza a atraer las miradas –y los bolsillos– de Gobiernos y grupos empresariales. La clave está en su capacidad energética, que llega a ser hasta tres veces superior a la de la gasolina, según advierte en una publicación reciente Antonio Turiel, investigador del CSIC y autor de Petrocalipsis. El problema, sin embargo, tiene que ver con que no es una fuente de energía que se pueda hallar directamente en la naturaleza, sino que requiere de un proceso para su producción, lo que arroja dudas a su rentabilidad.

"Hay varias formas básicas para conseguirlo. La primera es por un reformado químico de gas natural, que da como resultado lo que se conoce como hidrógeno gris, que ya se usa en algunas industrias para refinar o purificar gasolinas o gasóleo. Es decir, se produce utilizando un combustible fósil por lo que se emiten gases de efecto invernadero y no es tan sostenible como parece", explica Pedro Fresco, especialista en mercados energéticos y autor del libro El nuevo orden verde. La otra opción, que es la que busca impulsar el Gobierno, es la producción a través de un sistema de electrólisis, que consiste en separar los dos componentes del agua a través de la aplicación de una descarga de electricidad generada con energía renovable. Ésta última es la opción ideal en un contexto de transición energética como el actual, tal y como apunta a este diario Carlos Fúnez, responsable de la Unidad de Innovación Abierta del Centro Nacional de Hidrógeno.

Por tanto, para conseguir hidrógeno se requiere de una inversión energética previa, a través de plantas fotovoltaicas o solares, lo que implica que al final del proceso haya una pérdida de eficiencia notable. "Imaginemos que tenemos una planta eólica. Si usamos la electricidad generada para producir hidrógeno, podremos perder un 20% de la energía inicial. Además, ese hidrógeno se debe comprimir, transportar y liberar antes de quemar. Al final, nos encontramos con una pérdida de cerca del 70%", expone Fresco.

"Para producir 33 kw de energía de hidrógeno tienes que emplear 55 kw de energía renovable, al final se genera una pérdida de eficiencia que hace que, por el momento, el hidrógeno no sea competitivo en el mercado energético", detalla Fúnez. "Estamos en el mismo punto en el que estaba la energía fotovoltaica en 2008. Todavía es muy caro y se debe mejorar su eficiencia", valora, para añadir que el "hidrógeno tendrá un papel muy importante en el futuro, pero hay que saber que no estará solo". Es decir, la idea del economista Rifkin de tejer una tercera revolución industrial en torno a este gas parece muy lejana por el momento.

Javier Andaluz, responsable de la campaña de Energía de Ecologistas en Acción reconoce que puede tener "un papel importante", pero reclama que no se oriente todo el mercado en torno al hidrógeno, para que se "aproveche" su capacidad para "almacenar el exceso de producción que a veces tienen las energías renovables" debido a los picos de las eólicas o fotovoltaicas.

Del tren al avión: nichos por explorar

La hoja de ruta del hidrógeno presentada por el Gobierno de coalición otorga un papel fundamental a este gas para reconvertir el transporte en todas sus vertientes. Sin embargo, la realidad es que su entrada en juego abre un debate sobre la necesidad de electrificar o hidrogenizar. El caso del tren es el más llamativo, ya que se trata del sector más sostenible de todos. "No tiene mucho sentido coger una línea que ya está electrificada y transformarla para el hidrógeno", sostiene Fresco. "Lo que sí puede tener sentido es reconvertir algunas de las líneas que funcionan con diésel, pero habría que ver caso por caso si conviene, o si realmente basta con electrificarlas como el resto".

Por el momento, el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) señala esta vía como segunda opción y "siempre que la electrificación no sea viable", lo que deja ver los límites que, por el momento, este tipo de tecnologías tienen.

Algo similar ocurre con los vehículos privados, los turismos con los que se mueve gran parte de la ciudadanía española. En la actualidad, sólo hay diez coches propulsados por pilas de hidrógeno, todos ellos pertenecientes a proyectos de demostración, según los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT). Este nicho, en cualquier caso, también está sujeto a debate y por el momento, el Miteco pone sus ojos en los vehículos pesados como principal objetivo para la llegada de nuevos modelos propulsados a hidrógeno. "A escala nacional se están llevando a cabo varios programas piloto que analizan la viabilidad de utilizar el hidrógeno renovable en vehículos industriales tales como carretillas elevadoras, así como en autobuses y camiones", valora el plan presentado por el ministerio de Teresa Ribera.

La aviación y el transporte marítimo también son algunos de los sectores que podrían ser repensados por la llegada de este gas, tal y como explica el experto del Centro Nacional del Hidrógeno. De esta forma, las bondades de este combustible libre de emisiones podrían solucionar el problema de las emisiones asociadas a la movilidad área y a los grandes buques de carga, los cuales no habían encontrado alternativas sostenibles en la innovación eléctrica.

El peligro del 'greenwashing' o lavado verde

Desde el punto de vista ambiental, el hidrógeno tiene un problema de cara a la transición energética, ya que se puede mezclar en pequeñas cantidades con el gas, por lo que podría ser utilizado por las empresas del sector para mantener o alargar la vida del gas, vendido al consumidor como una variante del combustible más verde y sostenible. "Es importante remarcar que las tecnologías y los recursos no son ni buenos ni malos, todo depende del uso que le des", sostiene Fresco, que señala que este tipo de prácticas puede ser, en parte positivas, ya que reducirían la cantidad de gas, pero también negativas, ya que "retrasaría" el fin de este combustible. "Si lo usas para hacer greenwashing, no tiene ningún sentido", espeta, relación a la utilización del hidrógeno para blanquear la imagen de empresas contaminantes.

"Actualmente todas las empresas saben que tienen que descarbonizarse para 2050. El problema es cómo se descarboniza una empresa que vive del gas y el petróleo. Es más fácil que se adapten usando el hidrógeno que generando otro tipo de electricidad, porque es un gas y es mucho más fácil para ellos, tienen conocimiento de como trabajar con este material y tienen infraestructuras para el transporte que podrían adaptar", agrega el experto. "Por eso se debe crear un marco jurídico específico que limite la mezcla con el gas, no puede ser algo sine die y sin límites. Hay que recordar que el objetivo es el fin del gas".

Andaluz, por su parte, muestra temor a que el plan del Gobierno sea resolver "el lucro cesante de las empresas energéticas". A su juicio, la llegada del hidrógeno debe ser una oportunidad para almacenar los excesos de energía renovable y para sustituir el hidrógeno gris producido con combustibles fósiles, que sustenta la producción de algunas industrias determinadas como la metalurgia o la química. "Nos da miedo que se genere una burbuja sobre esto y se dejen en la basura otros proyectos que son interesantes", zanja.

Finalmente, Fúnez valora la buena posición estratégica que tiene España de cara al exterior.  "Somos un país con mucha energía renovable y esto abre la posibilidad de convertirnos en uno de los principales exportadores de hidrógeno verde", argumenta. Su demanda en países europeos como Francia o Alemania puede condicionar su llegada, sin embargo, Andaluz, pide que se analicen los impactos ambientales de cualquier propuesta, ya que crear nuevos parques de renovables exclusivamente para producir hidrógeno puede tener consecuencias en los ecosistemas y los entornos rurales. 



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