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La FIFA silencia en el Mundial de Catar las protestas por la falta de derechos del colectivo LGBTI

La diversidad sexual está castigada con penas de prisión. Algunas selecciones proponían lucir brazaletes como gesto de protesta, pero la FIFA se lo ha prohibido. 

Protesta en la sede de la FIFA contra la falta de derechos para el colectivo LGBTI en el Mundial de Catar
Protesta en el Museo de la FIFA contra la falta de derechos para el colectivo LGBTI en el Mundial de Catar. Arnd Wiegmann / REUTERS

Catar es uno de los 70 países del mundo que criminaliza las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Los códigos de conducta del país son bien claros: penas de prisión a quienes "instiguen o seduzcan a un hombre para practicar la sodomía". El colectivo LGBTI está arbitrariamente perseguido. Ser homosexual se considera un delito, penalizado con hasta siete años de prisión. El Mundial de fútbol ha arrancado y la FIFA, que se había comprometido a introducir avances y derechos reales para las personas LGBTI, no ha querido ceder ante las leyes del emirato. El organismo deportivo se calla ante el hostigamiento. Se calla y manda callar. Y dicen que, el que calla, otorga. 

Hace poco más de un año, el presidente del comité organizador del Mundial, Nasser Al-Khater, recordaba en una entrevista para la CNN que la homosexualidad en Catar estaba prohibida. El discurso no dejaba lugar a dudas: "No está autorizada y no están permitidas las muestras de afecto en público". Por si alguien se había olvidado de que los derechos del colectivo LGBTI no eran una prioridad para Catar, Jalid Salman, embajador de la competición, volvía a la carga hace un par de semanas. Salman iba más allá y calificaba las relaciones sexuales entre hombres de "daño mental". La FIFA, para variar, guardó silencio. 

En sus estatutos, presume de trabajar por la protección de "todos los derechos humanos reconocidos internacionalmente". Lo cierto es que la FIFA no ha hecho demasiados esfuerzos para impedir que Catar vulnerase, y vulnere, las libertades de las mujeres o del colectivo LGBTI. Esta semana, la federación rompía con su larga afonía. Pero lo hacía para suscribir las palabras del comité organizador del Mundial de fútbol: cualquier muestra de apoyo a la diversidad sexual durante los partidos del torneo estará deportivamente sancionada. 

Las selecciones europeas, amenazadas

En septiembre, ocho selecciones europeas anunciaban que sus respectivos capitanes lucirían el brazalete con el arco iris en los encuentros del Mundial, como gesto de apoyo al colectivo LGBTI, judicialmente oprimido. España nunca estuvo entre ellas. Finalmente, los equipos de Alemania, Bélgica, Suiza, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Inglaterra y Gales también han tenido que dar un paso atrás. La FIFA, después de una reunión con el comité organizador del evento y con la élite política de Catar, ha amenazado con sanciones a los conjuntos que secunden la protesta.

En un principio, muchos de los jugadores asumían el coste de las multas. Pero la noticia de que las sanciones no serán económicas, sino deportivas, ha supuesto un giro de guion. En el caso de que alguno de los futbolistas salga al campo con el brazalete de One Love, la penalización será una tarjeta amarilla. Según las reglas del fútbol, la acumulación de dos cartones por un mismo jugador implica su automática expulsión del partido y le impide ser convocado para el siguiente encuentro. Las selecciones, ante esta amenaza, han preferido cubrirse las espaldas y no correr riesgos. 

El desafío de la prensa

Diferente ha sido la actuación de dos mujeres, una de ellas comentarista de televisión y la otra periodista, que han colado la bandera del colectivo LGBTI en el Mundial de Catar. Alex Scott, exfutbolista inglesa que comenta los partidos para la BBC, ha lucido el brazalete reivindicativo durante la previa del partido que la selección británica disputó este lunes contra Irán. Amanda Davies, presentadora de la CNN, también ha desafiado a la FIFA durante su retransmisión en directo desde el emirato. La periodista ha portado, durante la conexión, un vestido de estampado arco iris. Sin duda, dos muestras de valentía que han sido muy aplaudidas en las redes sociales, sobre todo porque la protesta es, en sus casos, doble: son mujeres y levantan la voz por la diversidad sexual. Dos cosas que, en Catar, no gustan. 

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