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El coronavirus liquida el periodo de prosperidad más largo de la economía de EEUU

Los indicadores que maneja la Reserva Federal de Chicago evidencian ya la contracción del PIB estadounidense tras 129 meses de crecimiento sostenido.

Un carrito de compras abandonado, entre los pasillos y anaqueles vacíos de un supermercado en la localidad californiana de Culver City. REUTERS / Lisa Baertlein
Un carrito de compras abandonado, entre los pasillos y anaqueles vacíos de un supermercado en la localidad californiana de Culver City. REUTERS / Lisa Baertlein

DIEGO HERRANZ

Cambio de ciclo. La covid-19 ha sepultado la fase de prosperidad más prolongado de la economía estadounidense. El fatídico mes de marzo, como anticipaba el consenso del mercado y alertaban instituciones como el FMI o la OCDE, ha certificado los negros augurios.

La trayectoria alcista del PIB americano, que se inició en junio de 2009, tras emerger de las cenizas del credit crunch que estalló en septiembre de 2008 con la misma fórmula que se está empleando en la crisis derivada de la pandemia del coronavirus en todo el planeta: programas de estímulo fiscal, monetario y financiero. Es decir, con un tratamiento de choque quirúrgico, sin anestesia, y sin formulaciones naturales. O, lo que es lo mismo, con recetarios keynessianos, de impulso del gasto público para espolear la actividad y encender con ello la mecha del consumo y de los negocios.

El más claro signo de que el PIB de EEUU ha entrado ya en números rojos lo ha proporcionado la Reserva Federal de Chicago. A partir de un indicador que toma el pulso a la actividad federal y que refleja un "severo impacto" sobre la producción y el empleo de la pandemia del Covid-19. Denominado National Activity Index, que cayó hasta el nivel -4,19, desde el 0,06 de febrero, que revela la suma debilidad por la que ya deambulaba la economía estadounidense antes de que la crisis sanitaria irrumpiera, inicialmente, por los dos grandes estados de la Unión: Nueva York y California.

Este baremo se refiere a las cuatro grandes categorías que incluye el indicador (vigor del PIB, demanda interna, creación de empleo y sector exterior) en términos intermensuales. Aunque también recoge el tránsito en tasas intertrimestrales en las que el barómetro desciende en menor medida, desde el 0,20 de febrero al -1,47 de marzo.

Un hombre pasa frente a una tienda cerrada por la crisis económica originada por la pandemia del coronavirus, en la ciudad de Nueva York. REUTERS / Bryan R Herrero

En cualquier caso, sus resultados son los más bajos desde marzo de 2009, cuando la última recesión estadounidense tocó fondo. Según sus parámetros de funcionamiento, una contracción se convierte en recesión en EEUU cuando este índice registra tres meses consecutivos por debajo del nivel -0,70.

El indicador de actividad  de la Fed de Chicago revela que 65 de sus 85 datos dan contribuciones negativas al PIB

La Fed de Chicago desvela que estos datos se calcularon el pasado 16 de abril y precisa que 50 de sus 85 indicadores parciales son definitivos y el resto, aún estimaciones; pero que, de todos ellos, 65 proporcionan contribuciones negativas al crecimiento, sólo 18 aportan dinamismo, aunque débil, y 2 resultan neutrales. Además de atestiguar que las rúbricas relacionadas con la producción se desplomaron hasta el nivel -2.72 y las de empleo, hasta el -1.23, unos datos que apuntan a una contracción de especial calibre.

Y que, a buen seguro, consignará en las próximas semanas -o meses, porque se toma su tiempo- la National Bureau of Economic Research (NBER), la institución privada que se encarga de poner fecha de inicio y de finalización oficial a los ciclos de negocios en EEUU.

Según la NBER, los dos ciclos expansivos que anteceden en longevidad al que acaba de poner fin del coronavirus son los 106 meses de crecimiento ininterrumpido entre 1961 y 1969 -bajo las presidencias de John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson- y el decenio 1991-2001 del doble mandato de Bill Clinton. Todos ellos demócratas. Como Barack Obama, cuyo periplo en la Casa Blanca dio origen al ciclo actual, en junio de 2009. Las crisis punto.com -que encendió su mecha en EEUU meses antes que en Europa, por ejemplo, donde arraigó de manera más virulenta en Alemania, el tsunami financiero global de hace un decenio y, ahora, la pandemia del Covid-19 han sido los epitafios de los tres últimos episodios de progreso en la mayor economía del planeta.

Un año con cita electoral a la Casa Blanca

La suma debilidad del PIB estadounidense explica el cuarto plan de estímulo fiscal en un mes, el que ahora se dirigirá con más fondos y mayor diligencia a las pymes americanas, la decisión del presidente que acuñó el America, first como lema de su mandato de no renovar los visados a los extranjeros residentes porque "el trabajo es, primero, para los estadounidenses" o la inclinación de la Reserva Federal a emplear más bazookas monetarios, además de los 2,3 billones de dólares de créditos de emergencia puestos ya en el mercado.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sonríe, flanqueado por el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, el senador Roy Blunt, la reponsable de la Oficina para las Pequeñas Empresas, Jovita Carranza y el líder de la minoría de la Cámara Kevin McCarthy, durante una ceremonia de firma de un programas de ayudas por la pandemia del coronavirus, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington. REUTERS / Jonathan Ernst

Una maniobra que los analistas consideran como una señal de que aún dispone de instrumental financiero y que lo empleará en las semanas venideras. La cita electoral del 3 de noviembre para decidir si Donald Trump revalida el mandato y accede dirigir una segunda administración o si, por el contrario, el Despacho Oval espera a Joe Biden, el aspirante demócrata, otorga opciones substanciales al triunfo del actual inquilino de la Casa Blanca a que la economía no descarrile. Una vez que el líder republicano haya claudicado en su compromiso de mantener el PIB en un crecimiento promedio anual del 3%. Tasa que sólo logró en cuatro trimestres durante su bagaje presidencial.

El despliegue monetario en EEUU supera ya el valor de la economía japonesa, la tercera del mundo

La respuesta de la Fed (asegura Rick Rieder, CIO de BlackRock en su blog corporativo) "Resulta realmente histórica" porque ha presionado el balance de activos de la Reserva Federal hasta los 6,1 billones de dólares, cantidad que supera el PIB de Japón, el tercero del planeta. Cifra que se irá incrementando si el arsenal monetario continúa su despliegue. "La especial magnitud de los recursos habilitados por la Fed es lo que está restaurando la confianza y la contratación en Wall Street", asegura Joe Manimbo, analista de Western Union a Bloomberg.

Por si fuera poco, la Fed ha entregado 454.000 millones de dólares al Tesoro para que desde el departamento de Steven Mnuchin se distribuyan créditos a empresas y ciudadanos que suponen diez veces la cantidad que, presupuestariamente, está gestionando el equivalente al ministerio de Economía de EEUU.

Un asunto sobre el que Jerome Powell, presidente de la Fed, nombrado por Trump y criticado durante meses por el mandatario estadounidense, en una clara injerencia en la independencia de los bancos centrales, por mantener elevado el precio del dinero durante el ejercicio 2018 por las presiones inflacionistas, no ha querido entrar. Se ha limitado a decir que los recursos de la Reserva Federal tienen unas áreas prioritarias que deben gestionar las autoridades económicas, aunque la Fed, admitió, "no dudará en abarcar todo el territorio" americano.

La pinza entre el Tesoro, donde Mnuchin ha ejercido de maestro de ceremonias en todas las guerras arancelarias desatadas por Washington, aunque especialmente en las hostilidades contra China, en las que dirige todas las negociaciones y aplica las sanciones comerciales, y la Reserva Federal empieza a ser más que una evidencia.  "Dudamos que vaya a ser la última liberación de crédito por parte de la Reserva Federal; habrá más fondos con destino al mercado en el futuro", escribe Priya Misra, estratega global en TD Securities en una nota a clientes.

Vivienda unifamiliar a la venta en la localidad californiana de San Marcos. REUTERS / Mike Blake

Las dudas electorales republicanas apuntan a síntomas de fragilidad, de nuevo, en las entidades hipotecarias. Powell ya admitió el 9 de abril que vigilará "cuidadosamente" el mercado crediticio y, en especial, el de los préstamos vinculados al sector inmobiliario, al que tildó de "un núcleo esencial de nuestra economía". Porque las firmas no bancarias formalizan la mitad del volumen de hipotecas del país. También presentan problemas de liquidez de los municipios; motivo por el que la Fed ha lanzado una facilidad financiera directa de medio billón de dólares a corto plazo que los estados están remitiendo a sus condados y ayuntamientos más poblados. Con respaldo de emisiones de bonos.

Sin embargo, todas estas actuaciones han levantado las suspicacias de varias instituciones como la National Association of State Treasurers, que engloba a los tesoreros de las administraciones públicas estadounidenses, en sus tres escalas, federal, estatal y municipal, desde donde se ha escrito una dura misiva dirigida a los congresistas en la que denuncia que la CARES Act, la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica de Coronavirus, ha conferido a la Fed de una autoridad que en su opinión, resulta demasiado importante para conseguir su misión de “normalizar nuestros mercados vitales”. Aunque el director ejecutivo de esta entidad, Shaun Snyder, matiza que, en cualquier caso, colaborarán con la Fed, los estados y los ayuntamientos “en el objetivo de lograr que todos los fondos, fiscales y monetarios, lleguen a sus destinos”.

Tensiones financieras empresariales

Por si fuera poco, la intensidad de la contracción también se manifiesta en los flujos de caja de las empresas. Sometidas a niveles de recesión, según Standard & Poor’s. El índice de calificación conjunta del sector privado estadounidense de la firma de rating se ha desplomado, admite Evan Gunter, analista de S&P "y se espera que caiga todavía más" porque la ratio de descensos en las calificaciones supera el 90% en el primer trimestre,  "un porcentaje sólo visto en las dos últimas recesiones", explica.

Un manifestante con una máscarilla con los colores de la bandera de EEUU en una protesta contra el cierre de actividad y de negocios decretado por la pandemia del coronavirus, en Los Ángeles (California, EEUU). REUTERS / Mike Blake

Nueve de cada diez empresas americanas, incluidas las que la agencia ha incorporado a sus diagnósticos procedentes de los paraísos fiscales de Islas Caimán y Bermudas, han rebajado sus notas entre enero y marzo. Sobre todo, en el último mes. Como consecuencia del Covid-19. Su diagnóstico, además, es más sombrío porque a la propagación del coronavirus, sin fecha de control de la curva de contagios, se une la depresión del mercado del crudo.

Estas tasas de empeoramiento financiero entre las empresas estadounidenses sólo se han visto en el primer trimestre de 2009 (cuando las rebajas de ratings saltaron hasta el 93%, en los instantes más duros de la Gran Recesión), y en el cuarto trimestre de 2001, por los atentados del 11-S y las primeras embestidas del estallido de la burbuja de las empresas tecnológicas, un periodo en el que los deterioros de las calificaciones alcanzaron el 91%. Muchas de ellas, además, cayeron en la consideración de bonos basura.

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