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La UE, ante el dilema de la llegada de ciudadanos rusos tras la movilización parcial anunciada por Putin

Bruselas suspendió el acuerdo de visados con Rusia que mantenía en vigor desde hace 15 años. En la práctica se traduce en que para cualquier ciudadano de este país es ya más difícil acceder a suelo comunitario.

Colas en el mostrador de facturación del aeropuerto de Domodédovo en Moscú, Rusia. Los rusos buscaban billetes de avión para salir del país.
Colas en el mostrador de facturación del aeropuerto de Domodédovo en Moscú, Rusia. Los rusos buscaban billetes de avión para salir del país. Fernando Salcines / EFE

A comienzos de este mes, la UE suspendía el acuerdo de visados con Rusia que mantenía en vigor desde hacía 15 años. En la práctica se traduce en que para cualquier ciudadano de este país es ya más difícil, más caro y más lento acceder a suelo comunitario. Poco después, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia iban un paso más allá cerrándoles sus fronteras por completo alegando "amenazas a la seguridad". Tras la llamada del presidente ruso, Vladimir Putin, a movilizar a 300.000 reservistas del Ejército para apoyar la guerra en Ucrania, la medida europea –que ya entrañaba dilemas morales y estrategas- vuelve a ponerse en entredicho.

Las iniciativas de cerrojo a los ciudadanos rusos cuentan con varias exenciones: disidentes, periodistas, refugiados, diplomáticos o cuestiones como la reunificación familiar están fuera del marco legal. Pero algunos países bálticos ya se han apresurado a dejar claro que este nuevo escenario de movilización declarado la mañana del miércoles por Putin no cambiará sus políticas.

"Por razones de seguridad, Letonia no emitirá visas humanitarias o de otro tipo a aquellos ciudadanos rusos que quieran evitar la movilización ni cambiará las restricciones de cruce de fronteras para ciudadanos rusos con visas Schengen introducidas desde el 19 de septiembre”, ha asegurado a través de Twitter Edgars Rinkevics, ministro de Asuntos Exteriores letón. Por su parte, Lituania ha asegurado, según recoge la televisión pública del país, que tampoco “tiene el objetivo ni la capacidad de emitir visas humanitarias a todos los ciudadanos rusos que la soliciten". Su ministro de Asuntos Exteriores puntualiza que las aplicaciones se revisarán "caso a caso".

Las últimas medidas de restricción de visados han obstaculizado el cruce por carreteras

Las horas posteriores al anuncio del inquilino del Kremlin han desatado preocupación en la capital comunitaria y caos en Moscú. Los vuelos para abandonar el país o bien se han agotado o se han bloqueado. Y los disponibles, con precios desorbitados, están al alcance de pocos. Bajo el marco de sanciones europeas, el transporte aéreo desde Rusia a cualquier país de la UE ya estaba suspendido. Pero las últimas medidas de restricción de visados han obstaculizado una de las pocas vías que quedaba abiertas: el cruce por carreteras. Las redes sociales han circulado vídeos de colas kilométricas y pánico en la larga frontera que comparten Finlandia –que ha reducido pero no prohibido las visas turísticas- y Rusia. El jefe de la guardia fronteriza llamaba a la calma e informaba a última hora de este miércoles que la situación transcurría con completa normalidad.

En cualquier caso, la limitación y en algunos países el veto general a la entrada de ciudadanos rusos vuelve a poner en la palestra la controvertida medida europea. Muchas personas que quieren huir de empuñar las armas están atrapadas en el país siendo las clases más privilegiadas las únicas que cuentan con los recursos para sortear esta llamada a filas.

La cancelación del acuerdo de visados ya muy criticada en su momento. "Prohibir la entrada a la UE de los nacionales rusos no los aislará sino que, simplemente, les hará cambiar de destinos. La restricción jugará a favor de la propaganda del Gobierno ruso y sus acusaciones a Occidente de rusofobia. La cancelación de visados tampoco contribuirá a la victoria de Ucrania sobre el terreno", analizaba ya en agosto Marie Dumoulin, analista del European Council of Foreign Affairs.

La medida entraña dilemas desde el punto de vista moral y estratega. Por un lado, los defensores de cerrar las puertas por completo –los Bálticos y el Este, principalmente- argumentan motivos de seguridad nacional y defienden que todos los ciudadanos rusos en su conjunto deben sentir en sus carnes las repercusiones de la guerra.

Por su parte, los más escépticos denuncian que se criminaliza a un pueblo entero por las decisiones de su presidente. Alegan también que genera rechazo y "eurofobia y rusofobia" entre dos sociedades que en algún momento pasarán página a la era Putin. Y, por último, estiman que es contraproducente para los intereses de la propia UE: alimenta la narrativa del Kremlin contra Bruselas y exime a los ciudadanos rusos de ver otros países y culturas distintas a las que viven en la progresiva autocracia de Putin. Sin embargo, en este nuevo escenario que propicia la movilización militar en Rusia es poco probable que el bloque comunitario dé marcha atrás y restaure el acuerdo de visados.

Desde el inicio de la invasión a Ucrania, uno de los objetivos de la comunidad internacional ha sido convertir al país de Putin en un Estado paria en todos los niveles: financieros, culturales o turísticos desatando una cascada de medidas que han sacado a los equipos deportivos rusos de competiciones internacionales, que han dejado a museos como el ruso de Málaga desprovistos de obras nuevas procedentes del país de los zares o que han cerrado las puertas a los turistas rusos del castillo francés de Vincennes.

"La paz mundial está en peligro"

El nuevo movimiento de Putin para movilizar de forma parcial a parte de su reserva militar es visto en Bruselas como "otra prueba de que [el presidente ruso] no está interesado en la paz" y "otra señal de lo desesperado que está por cómo está marchando la guerra". Llega, además, horas después de los anuncios de celebración de referéndums exprés en las ocupadas provincias de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia.

La UE se prepara para responder a todo ello con un nuevo paquete de sanciones. Sería el octavo en estos siete meses de guerra, pero no va a ser fácil. Este tipo de medidas deben aprobarse por unanimidad y la Hungría de Víktor Orbán lleva tiempo avisando de que se oponen a nuevas medidas restrictivas alegando que no han ayudado a amainar la situación bélica sobre el terreno y el fuerte impacto que están teniendo en los bolsillos de los ciudadanos europeos.

"Los anuncios de Putin sobre los fraudulentos referéndum, la movilización militar parcial y el chantaje nuclear suponen una escalada grave. Las amenazas con armas nucleares son inaceptables y generan un peligro real para todos. La comunidad internacional debe prevenir de forma unida estas acciones. La paz mundial está en peligro", advierte Josep Borrell, Alto Representante de Asuntos Exteriores de la UE, desde la Asamblea General de la ONU.

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