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Catalunya arranca la campaña del 14-F en plena cresta pandémica para unas elecciones marcadas por la incertidumbre

Las elecciones al Parlament inician la campaña electoral con la vista puesta en votar el 14 de febrero pero mirando de reojo al dictamen final de TSJC sobre el aplazamiento para el 30 de mayo. Una incógnita que se suma al hecho de tener que votar en plena tercera ola de la pandemia. Los partidos preparan actos minimalistas por la Covid y los sondeos auguran una dura pugna por la victoria en las urnas entre ERC y el PSC, con Junts a la zaga.

Pere Aragonés
El vicepresidente de la Generalitat de Catalunya y president en funciones, Pere Aragonés. EFE

Catalunya se adentrará la media noche de este jueves en una nueva campaña electoral de las elecciones al Parlament de Catalunya. Pero lo hará en una inédita situación de provisionalidad a la espera del dictamen del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya sobre la posibilidad de aplazar o no las elecciones tal como había decretado el Govern para el 30 de mayo. Decreto que el alto tribunal suspendió de forma cautelar, pero sin dirimir todavía el fondo de la cuestión. De momento, todo está preparado para iniciar la campaña electoral, a no ser que el TSJC tome la decisión de mantener o aplazar las elecciones este jueves, horas antes de que lleguen los primeros carteles electorales, que el toque de queda de las diez de la noche impedirá que se cuelguen a medianoche como es tradicional. El TSJC se ha dado tiempo para decidir hasta el día 8 de febrero, a solo seis días de la cita con las urnas.

Así pues, Catalunya votará en un nuevo estado de excepcionalidad. Las últimas elecciones al Parlament, el 21 de diciembre de 2017, estuvieron marcadas por haber sido convocadas desde la presidencia del Gobierno español ostentada por Mariano Rajoy bajo aplicación del artículo 155 de la Constitución, y por el encarcelamiento y el exilio de los líderes independentistas. Las de este 14 de febrero, si se llegan a celebrar en esta fecha, estarán marcadas por una pandemia mundial devastadora y por un lío judicial sin precedentes.

De esta forma, las elecciones al Parlament ponen rumbo a las urnas con el inicio de campaña en plena cresta de la tercera ola pandémica asumiendo una triple incertidumbre: si realmente habrá elecciones el 14-F y la fecha final que autorizará el TSJC, en segundo lugar, el nivel de participación en función de la abstención que puede generar el temor a la pandemia y, finalmente, el resultado que todo ello pueda tener sobre los comicios afectando a las expectativas de cada partido político.

Pendientes del TSJC

La primera de las incógnitas se puede resolver en cualquier momento y depende de seis magistrados del TSJC. Es cierto que en la resolución de las cautelares hubo un voto discrepante que abogaba por el aplazamiento electoral. Pero el dictamen judicial dejaba entrever de forma clara que más bien el TSJC se decanta por mantener la fecha del 14-F. Aunque algunos juristas indican que los magistrados podrían abrir una tercera vía entre esta fecha y la del 30 de mayo instando al Govern a realizar un nuevo decreto con modificaciones y una nueva fecha. Además, la evolución de la pandemia en los próximos días puede pesar en la decisión, que sería favorable al aplazamiento en caso de un sustantivo empeoramiento de la situación epidemiológica. Una opción que tendría mayor justificación en caso de que las limitaciones de movilidad de la ciudadanía se incrementaran, por ejemplo, con un confinamiento domiciliario que el Gobierno español parece tener descartado.

En cuanto a la votación del 14-F, la incertidumbre plana también sobre cómo asumirá la ciudadanía una movilización de 5 millones y medio de personas en plena cresta de la tercera ola del coronavirus. Y con toda la comunidad médica y científica exigiendo un aplazamiento electoral que evite una catástrofe sanitaria con las UCI a punto de desbordarse ahora mismo con más de 700 ingresados. De entrada, el temor a los contagios puede generar una mayor abstención de lo habitual. No tanto comparativamente a los últimos comicios de hace tres años en que la virulencia del conflicto político situó la participación en un récord del 79%, sino en relación a la serie histórica de las elecciones al Parlament que sitúa la participación entre el 60 y el 70%. Desde el Govern ya han advertido que una escasa participación podría provocar la “ilegitimidad” de las elecciones. Con todo, el Departament d’Acció Exterior, Relacions Institucionals y Transparència ha buscado dar a los votantes las máximas garantías desarrollando un plan de votación con medidas extraordinarias que contempla más puntos de votación, el cambio de muchos de ellos a edificios más grandes, ventilados y con entrada y salida diferenciada, desinfección, distancia entre las mesas y colas en el exterior, además de incentivar y facilitar el voto por correo.

Pero todo ello topa con la gran dificultad del operativo que no es otra que la votación de los positivos de Covid y de los aislados preventivos por contacto directo con un positivo. A pesar de la alarma generada en la comunidad médica y a diferencia de las pasadas elecciones de julio en el País Vasco y Galicia, no se restringirá el voto a nadie. El Govern ha establecido franjas horarias de votación en que se reserva la última hora, de siete a ocho de la tarde, para los confinados. Y se proporcionarán equipos de protección EPI a los miembros de las mesas que también serán sometidos a un test de detección del virus antes de la obertura de los colegios electorales. Las otras dos franjas horarias son de 9 de la mañana a 12 del mediodía para los colectivos vulnerables y de 12 a 7 para el resto. Hay que tener en cuenta que estas franjas son puramente indicativas y voluntarias.

Campaña en plena pandemia

Finalmente, la principal incógnita es el resultado que darán las urnas. Eso es así en cualquier elección pero en las de este 14 de febrero las excepcionales circunstancias que concurren incrementan la incertidumbre por el impacto que pueda tener el dramático escenario planteado y el rocambolesco periplo judicial. Y cuál será su impacto en todas las candidaturas presentadas. De hecho, todas las encuestas indican un altísimo número de indecisos, entre el 30% de la mayoría i el 40% del CIS. La campaña electoral tampoco tendrá el impacto movilizador de otras ocasiones, ya que las restricciones contra la Covid han llevado a los partidos a configurar la mayoría de actos con poco contacto con los electores, mítines de formato muy reducido y mucho apoyo telemático.

A pesar de todo, el Govern ha habilitado la asistencia a cualquier acto político como excepción para poder romper el confinamiento municipal que impera en Catalunya. Una decisión que a pesar de basarse en el derecho constitucional a la participación y actividad política que no se puede limitar, no ha dejado indiferente a muchos sectores, con fuertes quejas del mundo de la cultura que reivindica una medida similar para poder asistir a cines, teatros y otras actividades culturales que también consideran un derecho fundamental. La mayoría de los partidos han optado por hacer un llamamiento a los ciudadanos a participar solo en aquellos actos que se hagan en su municipio y así se discutirá en la reunión de la mesa de partidos para la supervisión de las elecciones prevista para este jueves.

Esquerra, independencia y Govern de progreso

Esquerra Republicana es uno de los partidos que aspiran a la victoria y su jefe de filas, Pere Aragonès, es uno de los más destacados candidatos a la presidencia de la Generalitat. La presidencia de la Generalitat es la espina clavada de los republicanos después de ganar las dos últimas generales y las municipales.

ERC ha iniciado la campaña electoral liderando la mayoría de encuestas, pero viendo reducida drásticamente su ventaja respecto el resto de adversarios. Plantea una campaña en que combinará dos ejes: mantenimiento de los objetivos independentistas, pero desde un Govern de perfil progresista que haga frente a la grave crisis sanitaria y económica con recetas de justicia social.

El perfil de gestor de Aragonès es otro de los elementos que se potenciará, aunque fuentes de los republicanos admiten que la acción del Govern puede ser un punto a favor pero también un desgaste votando en plena pandemia y con los principales departamentos afectados en manos de los republicanos. ERC propone un Govern de coalición soberanista amplia liderado por los republicanos que vaya desde Junts a los Comuns pasando por la Cup. Dos fuerzas estas últimas que ya han descartado la operación.

El PSC y el “efecto Illa”

Frente a los republicanos, se ha plantado para disputar la victoria electoral el PSC, que emerge espectacularmente después de una travesía del desierto que les relegó al cuarto puesto. Algunas encuestas auguran la victoria socialista. A la tendencia ascendiente de los socialistas catalanes se ha sumado la irrupción del llamado “efecto Illa” con la asunción a última hora y por sorpresa de la candidatura por parte del ya exministro de Sanidad, Salvador Illa.

El PSC planteará una campaña muy personalista entorno a la figura de Illa que tiene unas altas cuotas de reconocimiento y valoración entre los votantes después de su paso por un ministerio como el de Sanidad que inesperadamente ha tenido el foco mediático a cada minuto durante meses por la pandemia. Contará además con el desembarco de la plana mayor del PSOE con Pedro Sánchez al frente y el resto del Gobierno español. Y utilizará un discurso de apelación al voto útil de los no independentistas para concentrar fuerzas en el intento de arrebatar la presidencia al soberanismo después de años de Procés con fuerte convulsión política. Su punto débil puede ser que la marcha del ministerio de Sanidad y haber forzado las elecciones el 14-F en plena pandemia desbocada sea vista como un acto de irresponsabilidad.

El hándicap de Illa, sin duda, será que, incluso ganando las elecciones, las posibilidades de conseguir la presidencia, si el independentismo suma mayoría, son escasas por no decir nulas. Una tercera vía que podría suponer un acuerdo entre ERC y PSC –incluso un nuevo tripartito con los Comuns- se entrevé prácticamente imposible. Tanto Aragonès como Illa han descartado públicamente esta opción. Algunas fuentes republicanas apuntan que una operación de este tipo requeriría un movimiento de fondo de gran calado por parte del Gobierno español para resolver el conflicto que la pudiera justificar. Con acuerdos substanciales para resolver el tema de los presos y exiliados, y con algún tipo de consulta sobre el futuro político de Catalunya sobre la mesa. Aspectos sobre los que no ven a Pedro Sánchez dispuesto a negociar y sin los cuales los republicanos consideran el acuerdo con los socialistas catalanes un suicidio político.

Junts, la unilateralidad aún vende

La tercera en discordia es la candidata de Junts per Catalunya, Laura Borràs. Con un repunte en las encuestas, Borràs plantea un discurso centrado en el independentismo y de confrontación con el Estado español. Con apelaciones veladas a la unilateralidad. Seguramente, Junts puede ser la menos afectada por la abstención ya que tiene uno de los electorados más movilizados y hará falta estar atentos a este elemento que puede ser decisivo para una victoria que nunca se debe descartar en su caso. Borràs cuenta con el apoyo del carisma del expresident de la Generalitat en el exilio, Carles Puigdemont, que a pesar de no optar a la presidencia será el número 1 por Barcelona. Y también hará valer la opción de ser la primera presidenta de la Generalitat de la historia.

Los socialistas, en el centro del tablero electoral

Tanto Aragonès como Borràs buscarán polarizar con el PSC. Vendiendo que son la única alternativa para frenar la llegada a la presidencia de un no independentista. Este ha sido también uno de los aciertos de Salvador Illa. Situarse en el centro del tablero político, con los independentistas rivalizando por ser su competidor, los Comuns atacándole por el flanco izquierdo y el bloque de la derecha de Ciudadanos, PP y Vox intentando desgastarlo atribuyéndole connivencias con los independentistas a raíz de los acuerdos entre ERC y PSOE, para frenar la fuga de los votos más unionistas hacia el polo de concentración socialista.

El batacazo definitivo de Ciudadanos

Entre el resto de fuerzas políticas, destaca el batacazo que se augura a Ciudadanos que podría perder más de la mitad de su representación con Carlos Carrizosa al frente después de defenestrar a la candidata elegida en primarias, Lorena Roldán, y su paso a los competidores del PP. Una debacle después de ser la primera fuerza hace tres años que podría ser el colofón del desastre electoral de los generales y dejaría al partido en grave situación. La formación de Arrimadas intenta maquillar el resultado con llamadas a un posible Govern de concentración constitucionalista.

En cuanto a los populares, están liderados por Alejandro Fernández que apuntaló el PP en Catalunya al borde de la desaparición y ahora aspira simplemente a la consolidación que supondría pasar de cuatro a seis u ocho diputados. Estos resultados no le otorgarían ningún papel relevante pero supondría volver a renacer como partido en Catalunya y un cierto crecimiento sería un aval para Pablo Casado, del cual Fernández es un candidato afín. Quedar por delante de Vox es un objetivo prioritario e inapelable que marcará si se impone en el PP la percepción de derrota o de avance al margen del número de diputados propios conseguidos.

La CUP sale también con buenos augurios de duplicar de 4 a hasta 8 diputados con una candidata de peso como la exalcaldesa de Badalona, Dolors Sabater, aunque la coalición con el Guanyem de Sabater también ha generado algunas tensiones en el independentismo anticapitalista. Por su parte, En Comú Podem apuesta por su líder en el Parlament, una desconocida para el gran público Jéssica Albiach, con unas encuestas desfavorables que le auguran un retroceso por debajo de los 10 diputados seguramente como consecuencia de la emergencia del PSC. Y finalmente, el tocado PDeCAT después de la escisión de Junts, aspira a conseguir representación con la exconsellera Àngels Chacón al frente y el apoyo del expresident Artur Mas. Una representación que serviría para no pasar de tocado a hundido y que podría, quien sabe, darle un papel de bisagra en futuros pactos electorales, aunque no parece un objetivo fácil para los postconvergentes.

La ultraderecha es el noveno pasajero de estas elecciones. A pesar de no tener representación y de hacer una campaña de perfil más bien bajo, todas las encuestas le dan a Vox una entrada segura en el nuevo Parlament con un mínimo de cuatro diputados. La candidatura la lidera el diputado al Congreso, Ignacio Garriga. Las declaraciones -rectificadas posteriormente- asegurando que en caso de sumar darían la presidencia al socialista Salvador Illa para frenar al independentismo han generado polémica.

Con todos estos ingredientes la campaña ya está a punto para el 14-F, ahora solo falta por saber si habrá elecciones en esta fecha.

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