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Cicatrizar heridas, abrir memorias: Euskadi, 10 años sin ETA

La sociedad vasca afronta los fantasmas del pasado instalada ya en un escenario radicalmente distinto. Sociólogos, alcaldes y activistas de distintos ámbitos destacan el papel de la sociedad a la hora de impulsar este peculiar proceso hacia la paz.

Centro de Bilbao
Una mujer pasea por Bilbao, con el Museo Guggenheim al fondo, en una imagen de archivo. EFE

Era cuestión de días. Quizás horas. Aquel 20 de octubre de 2011, el reloj del País Vasco avanzaba inexorablemente hacía el momento clave, que llegó a las siete de la tarde. Mediante un comunicado enviado al diario Gara, ETA anunciaba lo que se preveía y esperaba: el cese definitivo de la actividad armada. Ahora, diez años después, Euskadi está instalada ya en otra fase. En otro tiempo. En otro reloj.

"Aquello fue una alegría enorme", dice la sindicalista Loli García, actual secretaria general del sindicato Comisiones Obreras (CCOO) en Euskadi. Seguidamente, en una frase, busca resumir en sus recuerdos lo que aquel 20 de octubre de 2011 dejó definitivamente atrás: "Tantos años de sufrimiento, de sinrazón, de vidas arrebatadas de manera completamente inútil...".  

Tres días antes de aquel 20 de octubre, el sindicato de García había estado presente en el Palacio de Aiete, un edificio neoclásico construido en 1878 y recordado en 2021 como el lugar donde se dio oxígeno a la paz. Fue allí, en Aiete, donde el 17 de octubre de 2011 se celebró la conferencia internacional que buscaba blindar el final de ETA y, al mismo tiempo, sentar las bases de un proceso que llevase a solucionar los puntos no resueltos del conflicto vasco. 

"La sociedad vasca ha cambiado muchísimo desde entonces. Los avances que se han producido son claros", dice Agus Hernan, integrante del Foro Social Permanente, una organización que se involucró para tratar de ayudar a coser esas heridas abiertas que hoy ya cicatrizan. 

La sociedad vasca ha recorrido desde entonces su propio camino, que no siempre ha coincidido con el transitado por el mundo político. En otras palabras, la utilización del terrorismo y de las víctimas para confrontar políticamente con el adversario y tratar de desgastarlo –una herramienta que sigue presente en el discurso del PP y de Vox– carece de reflejo social en Euskadi. 

"Hemos pasado de un estado artificial de guerra a un estado natural de paz", señala el sociólogo y profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) Imanol Zubero, quien lo describe también de otra forma: "De una sobredramatización forzada por el terrorismo hemos pasado a una vida cotidiana más pacificada, en la que las relaciones sociales son más normales". 

"Toda acción política hay que hacerla desde la política, jamás desde la  violencia"

Zubero subraya que si bien "hubo muchas fracturas o microfracturas" a causa de la violencia –lo que llevó, entre otras cosas, a "rupturas o enfrentamientos familiares–, en realidad la sociedad vasca "nunca se llegó a fracturar del todo". ¿El motivo? "La vida cotidiana –explica este sociólogo– tiene una fuerza cohesiva que hizo que a pesar de todo siguiéramos funcionando, aunque sí pudo haber una especie de darnos la espalda o vivir en mundos yuxtapuestos o paralelos".

El ahora alcalde de Lekeitio y militante del PNV, Koldo Goitia, vivía en uno de ellos. "En municipios como el nuestro, donde estábamos 50% a 50% entre gente que defendía la estrategia de la izquierda abertzale y otra gente que no la compartía, hubo una tensión muy alta en las épocas duras. Nada que ver con lo que pasa hoy en día: la convivencia se está normalizando a grandes pasos. Hoy, al pasear por Lekeitio, te sientes muy cómodo". 

Goitia dice que en su pueblo existe ahora una "mezcla entre esas ideologías" que dividían a su pueblo, aunque en algunas ocasiones ha sentido que el reloj volvía atrás. Lo experimentó, por ejemplo, en febrero pasado, cuando aparecieron pintadas en el ayuntamiento, en el 'batzoki' (bar del PNV) y en la 'herriko taberna' (bar de la izquierda abertzale) de esa localidad. "Aquello fue una falta de respeto y de reconocimiento a la diversidad y pluralidad política que está en la calle y que es la base de la sociedad vasca de hoy en día", sostiene el alcalde lekeitiarra.  

Las palabras del alcalde del PNV son suscritas por EH Bildu, que tras aquellas pintadas afirmó desde Twitter que estaban "fuera de lugar". "No sois nada, sois un partido más", habían escrito fuera de la 'herriko' de Lekeitio. 

Más allá de esos hechos esporádicos, los distintos protagonistas sociales coinciden en señalar que se han producido cambios evidentes. Xabi Ansa, un militante histórico de distintos movimientos sociales y del sindicato ELA, echa hoy la vista atrás para mirar esa época.

"ETA cruzaba toda tu vida; como militante político, sindicalista, empresario o lo que fueses"

"La inexistencia de violencia política supone un alivio enorme para todos. Se ve en lo cotidiano, y para quienes tenemos cierta edad se ve en nuestros hijos: tengo 55 años y pertenezco a una generación que ha estado absolutamente marcada por eso. ETA cruzaba toda tu vida, también como militante político, sindicalista, empresario o lo que fueses", afirma.

"En estos diez años ha habido evoluciones en diversos aspectos. Hace 10 años, por ejemplo, muy pocos pueblos de Gipuzkoa se animaban a generar mesas con sus representantes políticos para hablar de paz y convivencia. Hoy tenemos entre 20 y 25 pueblos que están trabajando en esas áreas", relata por su parte la directora de la Fundación Baketik, Maider Maraña.

Esta organización creada en 2006 trabaja precisamente en proyectos de diálogo sobre la paz en torno a tres ejes y preguntas: "pasado (qué nos ha pasado y qué conclusiones extraemos); presente (qué podemos hacer ahora); y futuro (qué debemos hacer para que no vuelva a repetirse)". En el ámbito de la convivencia, Baketik promueve "espacios y procesos de encuentro y aceptación entre diferentes en una realidad cada vez más diversa". 

Construir memoria, resolver conflictos

"Antes éramos nosotras las que llamábamos a los pueblos; ahora son los pueblos las que nos llaman a nosotras", dice Maraña a Público en los días previos a que se cumplan 10 años de la Conferencia de Aiete y del cese definitivo de la violencia por parte de ETA. "Hemos notado una evolución a la hora de hablar de temas que entonces eran tabú", subraya. 

"Hemos notado una evolución a la hora de hablar de temas que entonces eran tabú"

En cualquier caso, Maraña llama a mantener los pies pegados al suelo. "Si bien la sociedad ha ido perdiendo miedos, sigue siendo un grupo minoritario el que promueve estos espacios". Ahí entra, precisamente su otra preocupación: la construcción de la memoria o, como ella prefiere decir, "las memorias en plural". "Empezamos a sentir que está todo superado cuando hay procesos de reconstrucción social, convivencia y memoria que todavía no se han trabajado", sostiene.

"Tengo mis preocupaciones respecto al futuro", dice por su parte Xabi Ansa, el histórico militante del sindicato ELA. En esa línea, llama a no olvidar "la violencia, también la del Estado, que respondía a un conflicto político e histórico, y ese conflicto a día de hoy permanece". "Nuestra generación no está para truenos y no va a coger las armas. Pero en la medida en que no se hable de la naturaleza del conflicto, es muy difícil garantizar a futuro que otras generaciones no vuelvan a cometer los errores que se cometieron", subraya.

"Ni vencidos, ni vencedores"

Las memorias de las que hablaba Maraña se cruzan con la batalla del relato, otro de los hitos que siguen presentes tras el cese definitivo de la violencia de ETA en 2011 y su disolución en 2018. ¿Quiénes escribirán lo que ocurrió aquí? ¿Qué van a contar? "La historia no se puede reescribir de dos formas", responde Loli García desde la oficina de CCOO en Euskadi, donde mantienen vivo el recuerdo de los 11 afiliados de este sindicato asesinados por ETA a lo largo de su trayectoria. 

A la hora de hablar sobre las claves de ese relato, la sindicalista destaca que "no va de vencidos y vencedores". "Va de que aquí se ha hecho un daño injustificado, que no tenía sentido. La enseñanza que debe dejarnos es que toda acción política hay que hacerla desde la política, jamás desde la utilización de la violencia". Una violencia, la de ETA, que se cerró definitivamente aquel 20 de octubre de 2011 a las siete de la tarde. 

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