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Mariví Pinilla: la alcaldesa de 'la Malaya' aragonesa vuelve al banquillo

La exalcaldesa de La Muela, uno de los pueblos que se convirtieron en paradigma de la corrupción durante la burbuja inmobiliaria, se enfrenta en dos semanas a un juicio por una tropelía urbanística y a la repetición de la vista por la operación Molinos.

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Mariví Pinilla se sentará en el banquillo estos días para responder de una tropelía urbanística y para repetir el juicio de ‘la Malaya’ aragonesa.

A Mariví Pinilla, exalcaldesa de La Muela, el pueblo de la estepa zaragozana que se convirtió en uno de los paradigmas de la corrupción durante la burbuja inmobiliaria siempre le queda una oportunidad, ya sea en la vida, en la que ha superado un cáncer y un paso por la UCI al día siguiente de conocer que Fiscalía pedía para ella 37 años de cárcel, 170 de inhabilitación y multas por 25 millones, o en los juzgados, donde el Supremo anuló por indefensión su condena de 16 años y diez millones, en los que ha salido absuelta de varios juicios más y en los que, con todo su patrimonio conocido embargado, alguien logró reunir 800.000 euros para que pudiera salir en libertad bajo fianza en julio de 2009.

Esa bola extra que le dio el Supremo comenzará a jugársela a partir del próximo 29 de noviembre, cuando la Audiencia de Zaragoza repita el juicio de la operación Molinos, ‘la Malaya’ aragonesa, para los siete acusados que no pactaron sus penas (21) ni resultaron absueltos en la primera vista.

Antes, este jueves, se sentará en el banquillo por el llamado caso de la Urbanización Okupa, en el que la Fiscalía pide para ella 10 años de inhabilitación y una multa de 4.380 euros por haber autorizado que las viviendas de la llamada Zona Norte Alto de La Muela se ubicaran sobre unos campos de tres vecinos que sumaban 45.628 metros cuadrados. “El ayuntamiento se apoderó indebidamente” de esa superficie, valorada entonces en 335.000 euros, e “impuso” a la promotora “retomar la ejecución de las obras y, con ella, la indebida adquisición de las parcelas”, sostiene el ministerio público. Los afectados reclaman dos años de cárcel; ella, la absolución.

Una prodigiosa granja de conejos

Pinilla, que siempre ha sostenido que es inocente (“he podido cometer errores, pero no delitos"), dijo en su alegato al final del juicio que ahora se repite), comenzó a hacer las cosas a lo grande a principios de los 90. Casada con Juan Antonio Embarba, de quien se divorció durante la instrucción de la operación Molinos, llegó en 1987 y en las listas del CDS a la alcaldía de La Muela, en la que cuatro años antes había estado su primo Carmelo Aured, condenado en la misma causa y que acumula nueve penas por delitos fiscales, que gobernó con UCD para pasarse después a AP.

En esa época, Pinilla y su marido explotaban una granja de conejos cuyo rendimiento, según sostenía en un escrito remitido al juzgado, resultaba prodigioso: ingresaban cinco millones de pesetas semanales con la venta de 3.000 animales a partir de una cabaña de 3.500, y a partir de ahí la familia comenzó a amasar su fortuna, complementada por el arriendo de tierras y locales, el cultivo de olivos, almendros y cereal, las subvenciones de la PAC y los 2.000 euros de sueldo que cobraba como alcaldesa.

El Grupo de Blanqueo de la Jefatura Superior de Policía de Aragón y la Inspección de Hacienda, por el contrario, apuntaban en sus informes a un origen más turbio que idílico para explicar esa prosperidad, que incluía varios chalets en La Muela, otros dos en la República Dominicana y Sotogrande (Cádiz), el primero de ellos valorado en más de un millón de euros, y varios pisos.

La Policía atribuía a la familia Embarba-Pinilla el blanqueo de más de cinco millones de euros en efectivo entre 2002 y 2009: más de uno ingresado en cuentas del matrimonio, uno y medio en inmuebles, casi 350.000 en la compra de coches y el pago de viajes y 433.000 intervenidos en la casa y en una caja de seguridad de un banco, entre otros ingresos. Parte de ese dinero, según los investigadores, procedía de comisiones pagadas por Aranade, la empresa que gestionó el urbanismo en La Muela durante la burbuja, y de pelotazos y mordidas. Hacienda habla de veinte años de ingresos en ‘B’, de 1998 a 2007. 

"Aquí atamos los gatos con salchichas"

Pinilla, que en 1991 se pasó al Par, el partido aragonesista que más tiempo ha gobernado en Aragón, tanto con el PP (y antes con AP) como con el PSOE, pilotó el espectacular crecimiento de La Muela, que entre 1987 y 2011, cuando dejó la alcaldía dos años después de estallar la operación Molinos, pasó de menos de mil habitantes a más de 5.000.

En esa época, el pueblo, colindante con Zaragoza pero con sus cascos urbanos separados por una veintena de kilómetros por carretera, pasó a contar con un potente polígono industrial llamado Centrovía, un equipo de fútbol que llegó a Segunda B aupado por las ayudas de las empresas que operaban allí, un aviario con cientos de especies exóticas (parte de las cuales resultaron carecer de ‘papeles’), un museo del viento, otro del aceite, unas fiestas patronales en las que llegó a cantar Julio Iglesias, que estrenó una plaza de toros cubierta por la que pasarían Francisco Rivera o Jesulín de Ubrique, y cientos de aerogeneradores.

Los molinos de viento se convirtieron en el símbolo del pueblo y en el argumento que oficialmente, junto con las operaciones urbanísticas, explicaba, pese a que rentaban apenas 300.000 euros al año, la pujanza de un ayuntamiento que organizaba viajes al Caribe para los vecinos. “¿Veis? Aquí atamos los gatos con salchichas”, le espetó a la periodista Lola Ester tras ver pasar a uno de esos animales con un trozo de embutido en la boca.

Sin embargo, lo cierto es que la operación Molinos, en la que además de Pinilla fueron detenidos otros dos concejales y varios empleados municipales, dejó al descubierto un consistorio más cercano a la bancarrota que a la pujanza que hoy, tras una legislatura gobernado por una minoría mayoritaria del PP (Marisol Aured) y otra con un alcalde de Cha (Adrián Tello) en minoría absoluta, va, poco a poco, saneando sus cuentas y dejando atrás la intervención de Hacienda.

"No hago más que trabajar para tí"

Pinilla siempre manejó bien sus relaciones políticas. De hecho, los agentes de Blanqueo encargados de las escuchas telefónicas se sorprendían al descubrir que la tarde del 17 de marzo de 2009, mientras unas plantas más abajo los responsables de la Jefatura Superior de Policía ultimaban el dispositivo para la redada del día siguiente, la entonces alcaldesa y varios de sus ediles se reunían con el vicepresidente del Gobierno de Aragón, José Ángel Biel, del Par.

Los cientos de horas de pinchazos de esas pesquisas incluyen momentos memorables, como cuando el consejero de Medio Ambiente, Alfredo Boné, le confesaba que “me he estirado ahí todo lo que he podido y te he metido un millón en la actuación esa… que me pediste”. "Bien hecho, y te lo agradeceré, ya lo sabes", le respondía Pinilla cuando su interlocutor le decía: "Tú matándote la cabeza y yo trabajando para tí, no hago más que trabajar para tí".

Su buena ubicación en el partido, del que sería dada de baja poco después de la detención, le llevó a sonar como candidata de Par a la alcaldía de Zaragoza en 2007, algo que ella, que poco antes había llegado a dejar temporalmente el cargo en La Muela unos meses por baja médica, ha relacionado en alguna ocasión con el inicio de sus desgracias.

“Sabía que íbais a venir”, contó que les dijo a los policías que se presentaron en su casa para detenerla. Sus pesquisas habían comenzado por las denuncias de dos personas que habían sido muy cercanas a ella: Fernando Embarba, que había llegado a ser su teniente de alcalde, y Marisol Aured, concejala de su confianza antes de que rompieran y fichara por el PP. Eso era cuando la impresión generalizada era que en La Muela de Mariví ataban los perros con longaniza.

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