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Welcome sense sostre El éxito de autogestionar la pobreza

Cumple un año 'Welcome sense sostre', un centro de acogida para personas sin techo gestionado íntegramente por personas sin techo situado en el centro de Barcelona.

Las personas que duermen en la Casa de Cádiz se ocupan ellos mismos del día a día del espacio. - @SenseSostreBCN

JORGE GARCÍA LÓPEZ

Eran en torno a una veintena los sin techo que en noviembre del año pasado ocuparon la Casa de Cádiz de Barcelona, un espacio sin uso situado junto a la Sagrada Familia. Allí fundaron Welcome sense sostre (bienvenidos sin techo), un proyecto asambleario que se proponía ayudar a la reinserción social de aquellos que viven en la calle, dándoles temporalmente un espacio en el que pudieran sentirse resguardados y también un espacio del que, como únicos responsables, habrían de ocuparse día tras día. Estas son algunas de las claves que no dan para completar un abecedario, pero casi. Se trata de un proyecto insólito y, puede decirse sin miedo, tremendamente exitoso.

A de asamblea

Se celebra cada dos semanas y acuden todos los inquilinos de Casa Cádiz. En ella se exponen las cuentas y se asignan las tareas. Prácticamente todas son rotativas y, por supuesto, de obligado cumplimiento: el fin de Welcome sense sostre es que sus inquilinos se vinculen con el espacio y se responsabilicen con unas tareas concretas. Lagarder Danciu, activista y principal impulsor del proyecto, asegura que es tener una ocupación, ejecutar una tarea, lo que realmente contribuye a que una persona sin techo recupere la autoestima.

Las asambleas se celebran cada dos semanas y acuden todos los inquilinos de Casa Cádiz. - J. GARCÍA

B de Babel

"Esto es un español, un alemán y un francés que…" La Casa de Cádiz parece una permanente puesta en práctica del clásico chiste, un hurgar en la fórmula, un reencontrarla en imaginativas variables geográficas. Por ejemplo: "Esto es un persa, un afgano, un español y un senegalés instalando un suelo de parqué". O "esto es una colombiana, un rumano y un senegalés cocinando tortilla española". En la Casa de Cádiz conviven actualmente 24 personas de un total de 13 nacionalidades distintas, y si bien el perfil más repetido es el del refugiado, casi un tercio de los 24 son españoles. No todos hablan inglés ni todos hablan castellano. Muchos se entienden con gestos. En las conversaciones hacen falta a menudo uno o varios intérpretes.

C de cocina

En la Casa de Cádiz, trabajar en la cocina es una actividad rotativa que no todos asumen con igual peso. En primer lugar porque no es fácil cocinar para cerca de veinte personas. Luego, está el tema de las intolerancias, los impedimentos por cuestiones culturales o, simplemente, las preferencias. A Alseny le gusta cocinar chep, guiso senegalés, solo que algunos no comen carne. Chaminda prepara curry, el plato más típico de Sri Lanka, pero ha de elaborarlo por separado: a unos les gusta el picante y a otros no. Más consenso hay con la cocina de Casilda. Parece ser que el punto de encuentro gastronómico de la Casa de Cádiz pasa por Colombia.

La cocina de la Casa de Cádiz. - J. GARCÍA

D de despensa

Mercabarna suministra gratuitamente verdura y fruta fresca a Welcome sense sostre dos veces a la semana. A veces llega tanta, que la dejan en la puerta, a disposición de quien pueda necesitarla.

Carteles en la puerta del centro. - J. GARCÍA

E de 'Ellos también son Barcelona'

Trascendió en la prensa como, hace unos meses, el proyecto Welcome sense sostre ayudó a visibilizar en las redes sociales la situación de un vecino del mismo bloque de viviendas, el dibujante de la editorial Bruguera Enric Pons, que iba a ser desahuciado de su piso tras 75 años viviendo en él a causa de la especulación inmobiliaria de la zona. Finalmente, Enric murió. Un amigo suyo, el también dibujante Josep Callejón, comenzó a implicarse con el proyecto y realizó retratos individuales de todos los sin techo que habían pasado por la Casa de Cádiz. En septiembre de este año se inauguró la exposición Ellos también son Barcelona, en la que se mostraban dibujos de distintas zonas de Barcelona hechos por Callejón y, entre ellos, en el centro mismo, los retratos de los sin techo, sujetos que no producen y no consumen a los que, no las ciudades sino las dinámicas cuantitativas que el capitalismo inscribe en ellas, convierten ya sea en elementos culpógenos, arquetipos a exorcizar o, simplemente, en materias invisibles.

Retratos de algunos de los sin techo que han pasado por la Casa de Cádiz. - J. GARCÍA

F de fe

Chaminda no lo descubrió hasta que llegó a España. Estaba en su maleta, guardado en un sobre que, sin él saberlo, su mujer había escondido en un bolsillo lateral. Una estampa budista que ahora es algo más que eso: un recuerdo de su familia, que se quedó en Sri Lanka, país de donde él, a causa de su condición de activista político, tuvo que huir. Es el único que profesa el budismo en la Casa de Cádiz y, sin embargo, entre la decoración ecléctica del espacio, proliferan los elementos de simbología budista. Por contra, hay varios inquilinos que se consideran musulmanes y cristianos y, salvo alguna edición antigua de la Biblia, estas religiones no tienen presencia simbólica aquí. No supone un problema para nadie y además, Chaminda se aprovecha de este desequilibrio confesional del espacio:

- Mire a donde mire, puedo rezar a gusto.

Estampita budista de Chaminda. - J. GARCÍA

G de Goteo

Con los cerca de 1.000 euros que recaudó recientemente a través de una campaña en la plataforma Goteo, Welcome sense sostre editará un calendario solidario 2020. Actualmente, el proyecto funciona gracias a donaciones, algunas de ellas provienen de sus actuales o antiguos inquilinos. El gasto mensual medio del proyecto es de entre 300 y 400 euros.

H de horarios

Claros. Clarísimos. En la Casa de Cádiz hay un tiempo para cada cosa. Hay un horario para despertarse, un horario para el desayuno y la cena y también para las duchas y el ropero (mirar P de Prendas).

K de Kichi

La Casa de Cádiz, espacio donde se fundó 'Welcome sense sostre'. - J. GARCÍA

Como alcalde gaditano de Podemos que es, José María González Santos Kichi debía una explicación. Y esa explicación finalmente la dio: El ayuntamiento de Cádiz, propietario de la Casa de Cádiz de Barcelona ─espacio que llevaba vacío y sin uso desde hacía más de 10 años─, denunció a los sin techo que lo ocuparon si bien lo hizo solo para que no se le pudiera acusar de prevaricación. Actualmente la denuncia está archivada, por lo que no existe riesgo de desalojo.

L de libros

En total hay unos 5.000 libros en la Casa de Cádiz. Muchos de ellos ya estaban allí pero otros tantos, más de mil, han sido donados por los vecinos. Chantal, catalana de mediana edad, es la principal encargada de catalogarlos. Y no solo lo hace por orden alfabético, actualmente se encuentra clasificándolos por género: ensayo, novela, poesía,… La intención es crear una biblioteca a disposición no solo de los inquilinos de la Casa de Cádiz sino también de los vecinos del barrio. Chantal es también una gran lectora. En su mesilla de noche, la novela que lee ahora mismo: Las uvas de la ira, de John Steinbeck.

M de menores extranjeros no acompañados

Cuando uno de los llamados MENAs cumple la mayoría de edad, queda en muchos casos excluido de un sistema de ayuda; sin acceso a una vivienda digna, sin una red de apoyo y con escasa formación, apenas cuentan con herramientas para construir una vida autónoma. De los algo más 4.000 que tutela actualmente la Generalitat de Catalunya, la mitad cumplirá 18 años en breve.

En la Casa de Cádiz hay actualmente cuatro jóvenes extranjeros extutelados. Aquí reciben asesoramiento y se les ayuda a buscar un trabajo. Lagarder explica que, en ocasiones, se trata de adolescentes que no muestran una gran predisposición a incorporarse al mercado laboral y a los que cuesta incluso implicar en las tareas de la casa. En su opinión, se debe a que se han acostumbrado al trato asistencial que han recibido en los centros de menores.

El activista Lagarder Danciu con Chantal. - J. GARCÍA

O de orden

Y también podría ser C de cuidado. Lagarder observa no sin inquietud el gran espacio donde, cada noche, duermen los hombres de la Casa de Cádiz ─las mujeres tienen su propia habitación─. Se arranca a caminar entre las filas de camas; se detiene frente a algunas, estira bien las sábanas, levanta la almohada, comprueba que los pijamas están bien doblados. La rutina de la Casa de Cádiz se estructura sobre un puñado de normas, entre ellas, la prohibición de fumar y beber alcohol. No hay lugar para el desorden aquí. Dos leyes que son una misma: hacerse responsable del espacio, comprometerse con la convivencia.

P de prendas

El ropero ocupa tres habitaciones enteras. Son donaciones de los vecinos que Habib (huido de Afganistán por la amenaza talibán) se cuida de clasificar por género y talla. Está a disposición de todos aquellos sin techos que lo requieran... siempre y cuando sea en los horarios acordados (mirar H de Horarios).

Una imagen del ropero. - J. GARCÍA

S de sin techo de larga duración

Son pocos los sin techo de larga duración que están actualmente en la Casa de Cádiz. Lagarder explica que estas personas necesitan un acompañamiento y unos apoyos especiales que no pueden darles aquí, al menos de manera continuada. Son personas que llevan años habitando el circuito de pobreza, entre albergue y albergue, de un punto a otro de la ciudad en busca, sí, de una ducha o un plato caliente, pero sobre todo de un orden, una rutina salvadora. Pese a que en la Casa de Cádiz se sirven desayunos cada día, Lagarder explica que algunos de ellos se despiertan antes de que amanezca para ir a tal o cual sitio a tomar el bocadillo porque ese ha sido su hábito durante años. Como si con el tiempo, ese hábito se hubiera convertido en una segunda piel. En la ciudad de Barcelona se calcula que hay en torno a mil sin techo de larga duración.

T de trampolín

Y aquí tenemos el mantra de Welcome Sense Sostre: los inquilinos de la Casa de Cádiz no deben perpetuarse en la Casa de Cádiz. Lagarder define este proyecto como un trampolín para que las personas en riesgo de exclusión social vuelvan a integrarse en el sistema. Por ello, los nuevos inquilinos deben firmar un compromiso al entrar: pueden quedarse durante un periodo de 3 meses prolongable otros tres en caso de que, pese al esfuerzo, no hayan podido encontrar un trabajo o reunir ahorros suficientes. Desde que abrió hace un año, casi 40 de las personas que han pasado por la Casa de Cádiz tienen ahora trabajo y techo. De los alrededor de 20 que iniciaron el proyecto, solo siguen cuatro.

Resultado de uno de los talleres de dibujo. - J. GARCÍA

T (bis) de talleres

En la Casa de Cádiz se organizan varios talleres a los que asisten no solo sus inquilinos sino también vecinos del barrio. Clases de pintura, de español, de costura... y también un debate filosófico, dinamizado por el escritor y periodista Albert Lladó. Se realiza de manera mensual y es uno de los eventos que reúne a más personas. Entre sus asistentes, sin embargo, no está Alseny. Y eso que este senegalés de apenas 25 años es licenciado en filología inglesa.

- No me gusta la filosofía. Me aburre.
- ¿Por qué?
- Siempre están discutiendo los materialistas contra los idealistas y los idealistas contra los materialistas.
- ¿Y tú con quién vas?
- Yo con ninguno, soy equidistante.

V de vecinos

Ni una sola denuncia de los vecinos en todo este tiempo. Estas navidades, un grupo de ellos se ha comprometido a cocinar escudella catalana para los inquilinos de la Casa de Cádiz. Nada que añadir.

W de 'Welcome Sense Sostre'

La lista de espera para obtener plaza como inquilino es de más de 300 personas y, sin embargo, muchos de los sin techo que no tienen cama en la Casa de Cádiz, pasan el día en la sala de estar, en compañía de otras personas, viendo la tele o charlando. Este espacio también es para ellos.