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Crisis económica coronavirus Autónomos, microempresas y precarios se perfilan como principales víctimas de la crisis

La paralización de la actividad por el confinamiento entraña cambios de calado en la estructura económica española como un prolongado pinchazo del turismo y la hostelería, turbulencias en el sector agroalimentario y un enfriamiento de la demanda interna de dimensiones desconocidas. Mientras, la recesión, que los economistas dan por hecha a nivel global, sobrevuela el ambiente local.

Un cartel avisa del cierre durante el estado de alarma por el coronavirus.
Un cartel avisa del cierre durante el estado de alarma por el coronavirus. EDUARDO BAYONA

"Es muy difícil saber qué va a ocurrir" con precisión en la economía española como consecuencia del confinamiento por el coronavirus, coinciden varios expertos en economía consultados por Público, para quienes los indicios que van aflorando apuntan a que esta crisis, que comparte algunos paralelismos y presenta al mismo tiempo claras diferencias con la de 2008, entraña la potencialidad de causar en el tejido productivo cambios de calado, incluso de magnitud estructural en función de su incierta duración.

Los pronunciamientos de las instituciones tampoco ayudan a aclarar el panorama, algo que, por otro lado, resulta más que complicado cuando no han trascendido datos que permitan pronosticar la duración, ni de la pandemia ni del confinamiento: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pronostica una crisis breve pero intensa; su lugarteniente económica, Nadia Calviño, se limita a decir que es "muy pronto" para saber si España va a entrar en recesión el presidente del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, habla de una "perturbación sin precedentes" y de Intensidad "muy acusada" en la economía.

Ninguno de ellos utiliza el término "recesión", quizás para evitar el alarmismo que su empleo conllevaría, aunque no ocurre lo mismo en otros ámbitos: 31 de los 41 economistas europeos y americanos encuestados por Reuters dan por hecho que esa situación ya ha comenzado a nivel global.

En este sentido, el Bank ofAmerica pronostica para este año un crecimiento negativo para EEUU y la UE y una reducción del ritmo de crecimiento de China hasta el 1,5%, mientras Goldman Sachs añade al primer grupo a Japón y a Canadá y rebaja al 1,25% sus previsiones para el PIB mundial, una caída "menos grave que las profundas recesiones de 1981-82 y 2008-09, pero peor que las recesiones moderadas de 1991 y 2001".

Una tendencia de ese tipo tendría claros efectos negativos en un país como España, donde, según los datos del ICEX, las exportaciones suponen casi la quinta parte del PIB nacional con un valor anual superior a los 290.000 millones de euros. Lo lógico sería que el retroceso en la demanda externa se sumara al previsible en la interna, que aporta las otras tres cuartas partes del PIB.

Volveremos solo a los bares y tiendas que puedan reabrir

Eso, en cualquier caso, son movimientos cuyos efectos, de confirmarse las previsiones, tardarán un tiempo en dejarse sentir en las economías familiares, que ahora mismo se ven más acuciadas por realidades como los ERTE, el cese de las contrataciones de precarios por el parón de la actividad y las dificultades para mantener con vida los pequeños negocios durante el confinamiento, con la esperanza de poder reabrirlos para seguir ganándose la vida cuando este termine. Volveremos a los bares y las tiendas, sí, pero solo a las que puedan subir de nuevo la persiana.

Parece haber consenso en señalar quiénes se perfilan como los principales damnificados: los más de tres millones de precarios que subsisten deambulando entre el trabajo de corta duración y el paro, cuyas posibilidades de colocación se van reduciendo conforme se intensifica el parón; los pequeños negocios que se han visto obligados a cerrar (especialmente los de hostelería y el pequeño comercio), cuyos dueños, buena parte de ellos autónomos, están ahora mismo tirando de ahorros para cubrir gastos fijos como el alquiler del local, y, como sectores, los dos que dependen del sol: el turismo y los pequeños productores del sector agroalimentario, que se encuentran en la misma situación que los autónomos y las microempresas, en este caso por el estrangulamiento de sus canales de distribución.

"El turismo será lo que más tarde en recuperarse"

"El turismo será lo que más tarde en recuperarse, mientras el resto irá poco a poco volviendo a la normalidad", señala María Jesús Fernández, economista senior de Funcas, que explica cómo mientras en sectores como la hostelería el consumo que se pierde estos días no se recuperará, en otros, como algunos del comercio (electrodomésticos, automóviles), puede tratarse solo de aplazamientos.

El sector turístico, en cualquier caso, da prácticamente por perdido el negocio de la Semana Santa y teme que no sea un verano normal, con lo que "este año estará al 80% y posiblemente el próximo se recupere". Eso equivale a tres puntos de PIB, entre 35.000 y 40.000 millones de euros, en un ramo que genera el 14% del mismo.

El lumpen y la economía sumergida

Adrian Jofre, economista y socio-director de la consultora beBartlet, añade a esos dos grupos especialmente vulnerables ante esta crisis un tercero: quienes viven en el sector lumpen de la economía sumergida y obtienen sus ingresos de actividades informales como la prostitución o el trapicheo de drogas. "No tienen acceso a subsidios, su actividad se ha parado y suelen carecer de una red social de apoyo", indica.

"No tienen acceso a subsidios, su actividad se ha parado"

Solo el gasto en narcóticos clandestinos ronda en España los 7.500 millones anuales, y su suma con la prostitución y el contrabando superaba los 40.000 hace seis años, una magnitud similar a caída prevista ahora para el turismo.

Paralelamente, también hay varios grupos cuyo horizonte presenta menos nubarrones. "Quienes mejor van a poder capear la crisis son, a priori, los funcionarios, que van a mantener su empleo y su sueldo, los empleados de niveles altos de grandes firmas, que no van a acometer despidos por su coste reputacional, y los pensionistas, que van a seguir recibiendo sus prestación", añade.

"Un factor ajeno a la lógica económica"

"Esta crisis va a suponer un filtro muy duro para las pymes", apunta Jofre, que coincide con Fernández en señalar la incierta duración de a pandemia como uno de los factores que condicionan los pronósticos. "Las previsiones se hacen aplicando el funcionamiento normal de los ciclos, pero estamos ante una situación excepcional —dice Fernández—. No hay antecedentes de cómo evoluciona el consumo ante una situación así, y, además, hay otras incertidumbres como saber si el virus desaparecerá, si volverá y cómo y si habrá o no una vacuna".

"Si la crisis es breve, empresas y familias podrán seguir operando con normalidad"

El economista Eduardo Garzón llama la atención sobre otro factor clave: "estamos ante una crisis desatada por un factor ajeno a la lógica económica", por lo que "en teoría, el impacto debería durar lo que dure la pandemia" del coronavirus.

Para Garzón, la duración del parón resultará fundamental para la evolución posterior. "Si es breve, empresas y familias podrán seguir operando con normalidad; pero si dura mucho puede haber bancarrotas y convertir en estructural lo que en principio preveíamos que iba a ser coyuntural", explica, al tiempo que destaca una de las diferencias fundamentales de esta crisis con la de 2008: "No cabe esperar nada parecido salvo que empiecen a explotar los desequilibrios del sistema financiero, ya que los niveles de endeudamiento son muy inferiores hoy. La economía real se ha distanciado de la financiera, y el endeudamiento privado ya no es necesario para funcionar en el día a día como entonces".

La otra deuda, la pública, sigue siendo un instrumento del Estado para enfrentar la crisis. "Su nivel no refleja más que un indicador, no es algo preocupante", apunta Garzón, que recuerda (y espera que no se repita el final) cómo "en 2008 hubo al principio políticas keynesianas, pero solo duraron un par de años, hasta que los gobiernos se asustaron con el déficit y llegó la austeridad". Por el momento, la mayoría de los gobiernos occidentales está optando por medidas de intervención, tal y como ha hecho el español con el "escudo social"  de 200.000 millones de euros.

Jofre, por su parte, recuerda cómo países como España siguen teniendo una asignatura pendiente con otra herramienta cuya implementación parece más urgente conforme pasa el tiempo y avanzan factores como la digitalización y la robotización: la renta básica y su disgregada e ineficiente panoplia de versiones locales. "Al final habrá que hablar de ella", señala, mientras recuerda que "el virus ha llegado antes de absorber el aumento del paro que se produjo a partir de 2008 y de recuperar el nivel de empleo ".

Un escenario inquietante para los pequeños negocios

¿En qué se diferencia esta crisis de la de 2008? Entre otras cosas, en su génesis. "Las causas no tienen nada que ver", dice Garzón, que señala cómo "entonces el sobreendeudamiento generaba mucha actividad económica, pero de manera artificial", y eso hizo que, tras el crack, "tanto las empresas como las familias tenían que dedicar el grueso de sus ingresos a ir saldando sus deudas".

Los pronósticos de Jofre apuntan a una crisis en la que "el daño se repartirá de una manera más horizontal y en menor medida por sectores", al contrario de lo que ocurrió hace doce años, cuando, antes de contaminar al resto del tejido productivo, el estallido se concentró en la construcción y en la banca.

En este sentido, considera que "lo tendrán menos difícil para sobrevivir los pequeños negocios que se han adaptado a la venta por el canal digital y, también, las empresas con una estructura de más costes variables y menos fijos, porque eso da una mayor flexibilidad".

Ese escenario que resulta inquietante para muchos pequeños negocios cuyo margen de maniobra se ve lastrado por el alquiler del local, entre otros factores, y que en muchos casos se está quedando sin apenas margen de maniobra para posicionar su oferta en Internet ante el avance de los competidores locales y el crecimiento de gigantes como Amazon, que ahora mismo busca 1.500 empleados en España para hacer frente al aumento de la demanda por el confinamiento mientras sigue ampliando sus sedes.

Fernández, por su parte, coincide con Garzón en llamar la atención sobre “el riesgo de que esto acabe en una crisis financiera pese a las medidas que está tomando el Banco Central Europeo”, que esta misma semana anunció la movilización de 750.000 millones de euros para dotar de liquidez al sector.

¿Cómo va a ser la recuperación?

Nadie cuenta con un pronóstico certero sobre cómo saldrá el país de la crisis cuando, obviamente, se desconoce qué magnitud tendrá. Funcas, no obstante, maneja una hipótesis basada en un escenario en el que las medidas de confinamiento y movilidad se relajan en un mes.

"No va a ser una recuperación completa. Va a tener muchos efectos sobre el empleo"

"Pensamos en una gráfica como una V o como una U, pero con el segundo palo más corto que el primero; es decir, sin volver al nivel anterior", explica Fernández, que anota que "no va a ser una recuperación completa. Va a tener muchos efectos sobre el empleo y, a la vez, en la demanda de esos trabajadores".

Según esa prospección, además, "la recuperación de la inversión será solo parcial. Estimamos que la prudencia ante la incertidumbre puede afectar más a la inversión que al consumo". No obstante, añade, "si volvemos a la normalidad, esta crisis no tendría por qué tener efectos en la capacidad de España para atraer inversiones".

Quedarían en el aire, no obstante, más factores de incertidumbre como la evolución de la bolsa, en la que el Íbex 35 ha perdido más de un 40% de su valor tras haber alcanzado el 19 de febrero un máximo de 10.083 puntos al que llevaba veinte meses sin regresar.

Esa subida fue, en cualquier caso, ajena a otras inquietantes tendencias que llevaban meses sacudiendo la economía real como los aumentos simultáneos de la morosidad, de la conflictividad laboral (10.000 demandas de despido al mes) y el impago de salarios (11.000 pleitos mensuales) y, también, de las reclamaciones de deudas entre particulares y empresas, que alcanzaron un ritmo de casi 14.000 semanales que no se daba desde que comenzaron a dejarse sentir los efectos del crack de 2008, según los datos del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial).

¿Traerá cambios esta crisis?

Todas lo hacen. Y en esta, a criterio de Jofre, ya han comenzado a aflorar. "Las patronales y las empresas tienen una actitud muy distinta a la de 2008 —apunta—, y eso es algo que responde a un proceso de aprendizaje. Se están dando cuenta de que no son agentes solamente económicos sino que también lo son de la sociedad civil".

"Empresas de todos los tamaños arriman el hombro y hay un sentimiento de comunidad mayor que en 2008"

Se refiere, por ejemplo, a la oferta de gigas gratis que han lanzado telecos como Telefónica, Vodafone o Pepephone para ayudar a sobrellevar el confinamiento, a la apertura de una plataforma de salud gratuita por una aseguradora como DKV o a la oferta de cursos gratis por algunas firmas de formación.

"Se han dado cuenta de que tienen que hacer algo. Aquella frase de Margaret Thatcher según la cual la sociedad no existe, sino que es la suma de sus individuos, no es cierta", anota Jofre. "Empresas de todos los tamaños arriman el hombro y hay un sentimiento de comunidad mayor que en 2008 —añade-. Quizás, porque este virus no diferencia y nos hace sentirnos más vulnerables a todos".

Fernández, por su parte, considera que esta crisis "puede cambiar muchos comportamientos, con la implantación del teletrabajo, el avance de la digitalización, o los cambios en las cadenas productivas tras los fallos que se han manifestado por su dependencia con la globalización".

Garzón, por último, señala a la alimentación y al comercio telemático como dos de los sectores que, en principio, llevan camino de salir reforzados de esta crisis, en la que ve "una parte positiva en que las empresas se van a ir adaptando".