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'Sí se puede' con el calor

Tras dos años de pandemia, Podemos retoma en València su Fiesta de la Primavera. Un encuentro de todos los territorios con mucha articulación interna y algo menos de proyección externa.

La gente disfruta durante la Fiesta de la Primavera de Podemos celebrada en Valencia este domingo.
La gente disfruta durante la Fiesta de la Primavera de Podemos celebrada en Valencia este domingo 22 de mayo. Kai Försterling / EFE

El domingo a la once de la mañana, en los jardines de Vivers de València se respira resaca. La fiesta de este sábado fue memorable y el domingo va todo muy lento. El calor, que supera los 30 grados, no es que ayude a espabilar precisamente. Las carpas para los debates y las presentaciones de libros lucen, más que vacías, abandonadas. Los puestos de camisetas, libros y los food trucks sí que están abiertos, a pesar de la escasa clientela. "Ayer sí que hubo un ambiente increíble –cuenta uno de los vendedores- estuvo todo el día muy animado y pasó mucha gente muy diferente. La verdad es que no me lo esperaba tan bien". Ahora nadie lo diría. O sí, viendo algunas caras escondidas bajo grandes gafas de sol. Tras dos años de pandemia, Podemos retoma en València su Fiesta de la Primavera. Un encuentro de todos los territorios.

En pequeños corrillos, los más disciplinados que han optado por levantarse, esperan que empiece el mitin a la sombra de los numerosos árboles. Allí, las condiciones de vida son soportables. En las explanada central del parque, donde hay el escenario y un par de centenares de sillas preparadas para el público, el sol cae a plomo y los riesgos para la salud son más que evidentes. Aun así, un grupo de valientes bolivianos, reconocibles por sus whipalas [la bandera de los pueblos originarios americanos, convertida en bandera nacional no oficial bajo la presidencia de Evo Morales] ocuparon el espacio central. Una gente dura, estos bolivianos, a los que no les afecta ni la altitud ni el calor.

Vn grupo de valientes bolivianos, reconocibles por sus whipalas, ocuparon el espacio central

Con media hora de retraso, desde los altavoces avisan que empieza el acto. Poco a poco van llenándose las sillas, aunque algunos optan por trasladarlas hacia las zonas periféricas con algo de sombra. Mejor ver mal que quedar abrasados. La referencia de la diputada chilena, Consuelo Veloso, a la "supervivencia" si no se mitiga el cambio climático se torna en una amenaza inmediata. Pero otros, mucha gente mayor, se arriesgan a ocupar los puestos centrales protegidos por sombreros y paraguas morados. Un acierto de la organización. "Ha sido el merchandising más vendido", reconocería después uno de los voluntarios de la entrada. Algunos voluntarios se encargan de refrescar al público con sulfatadores llenos de agua fresca.

La bancada joven, poco numerosa pero muy ruidosa y visible con sus bengalas de humo morado, se reúne en la parte más caliente sin necesidad de protección. Y este sería el mejor resumen del público asistente: viejos militantes incombustibles, jóvenes llenos de energía y un cierto vacío en la mediana edad. Curiosamente aquella gente que hace 11 años, con veintintantos, protagonizaron el 15-M.

Tampoco se ven demasiados valencianos. Preguntando a los presentes y por los acentos, se descubren canarios, aragoneses, asturianos y madrileños. Muchos madrileños. "El Parque de Viveros parecía Lavapiés", resumió en un tuit la exdiputada de Esquerra Unida, Esther López. También se hace muy visible la delegación gallega, que ha llenado el recinto de panfletos y camisetas con la famosa foto de Feijóo con el narco Marcial Dorado. "Pero ayer había muchas más gente de València que se acercó a la fiesta, todos los actos estaban llenos", protestan desde la organización cuando se les pregunta. Y es cierto. No solo los conciertos, sino también los debates – que tiene mucho más mérito- se llenaron hasta la bandera. Este domingo toca mitin y es normal que el público sea más militante.

No hay ningún rastro de valenciano ni en la cartelería ni en las intervenciones

Aun así, hay algo de falso en la puesta en escena. Podemos ha optado por salir de su zona de confort en esta segunda edición de la Fiesta de la Primavera –la primera, como todos sus congresos, fue en Madrid- pero no se nota demasiado. No hay ningún rastro de valenciano ni en la cartelería ni en las intervenciones. Solo el diputado Jaume Asens ha empezado su discurso en catalán, con un recuerdo para Vicent Andrés Estellés [el poeta nacional valenciano] y una referencia a "viajar al sur" que quizás poca gente ha captado. Tampoco se ha citado Compromís como aliado –solo Bildu y ERC-, a pesar de la cercanía de Mónica Oltra con Yolanda Díaz. Bueno, a decir verdad tampoco se ha citado a la vicepresidenta. En cambio, Irene Montero ha dedicado casi la mitad de su intervención a Isabel Díaz Ayuso. La sombra de Madrid es alargada.

Quien sí ha tenido referencias ha sido la acción gubernamental. La española –la valenciana muy poco- y la latinoamericana. Casualidad o no, todos los representantes internacionales invitados eran de fuerzas en el gobierno: Argentina, Chile, México y Bolivia. Una reivindicación de los éxitos de la izquierda cuando llega al gobierno. Ione Belarra ha tenido un recuerdo para el candidato de izquierda colombiano, Gustavo Petro, que la próxima semana podría convertirse en el presidente del país, y alguna referencia a Jean-Luc Melénchon, que ahora mismo lucha para ser primer ministro francés. Menos repercusión han tenido las elecciones andaluzas.

Finalmente, Belarra cierra el acto con una apelación al orgullo de ser de Podemos, "una fuerza que querían ver desaparecida, y aquí estamos". Ahora ya toca desmontar y el largo camino de vuelta a los respectivos territorios. Con las pilas cargadas tras un fin de semana de estrecha hermandad. Aunque las temperaturas no invitasen precisamente a las distancias cortas.

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