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Historia de Ciudadanos Cs, de partido bisagra a disputar la derecha al PP: los giros, pactos y dimisiones desde 2006

Ciudadanos es considerada como una formación 'nueva' que ha roto con la hegemonía bipartidista, pero su historia se remonta al año 2006, y ya antes de pasar por la Cámara Baja había fraguado pactos con la extrema derecha.

El exlíder de Ciudadanos, Albert Rivera, en el centro de la imgen junto al secretario general, José Manuel Villegas (i), el secretario de comunicación, Fernando de Páramo (d) y el exportavoz Juan Carlos Girauta (fondo).

marta monforte 

Albert Rivera no llegó a cumplir cuatro años—lo que, tradicionalmente, duran las legislaturas— como diputado nacional. Aunque realmente participó en tres de ellas, la repetición electoral del 10-N provocó el hundimiento de la formación 'naranja', que pasó de 57 a 10 diputados en apenas seis meses. Una debacle que provocó la dimisión de Rivera tras 13 años como presidente de Cs, el único en su historia. Ciudadanos ha sido, tradicionalmente, considerada una formación 'nueva' que ha roto con la hegemonía bipartidista—al igual que Podemos, que surgió en las europeas de 2014— pero su historia se remonta al año 2006, y ya antes de pasar por la Cámara Baja había fraguado pactos con la extrema derecha.

En una Catalunya que ya advertía de la deriva más nacionalista de CiU —y entre críticas a la tibieza del PSC, que gobernaba con ERC —, un grupo de 'intelectuales' impulsó Ciutadans, a partir de la famosa frase de Josep Tarradellas “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí", entre los que se encontraban Xavier Pericay, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Teresa Giménez, Félix de Azúa, Ana Nuño... personas con perfiles ideológicos diversos —conservadores, liberales y socialdemócratas— que coincidían en una cuestión: "combatir el nacionalismo en Catalunya, fuera de derechas o izquierdas, así como las ideologías que rinden culto a lo simbólico".

En el cónclave de elección de la candidatura, hubo dos sectores enfrentados cuyas diferencias fueron solventadas mediante una lista de integración con 15 miembros. En una reunión muy reducida, se eligió a los dos primeros de la lista por orden alfabético a propuesta de José Manuel Villegas, el actual secretario general de Ciudadanos. El resultado: Albert Rivera, un joven y desconocido abogado sin experiencia política, fue elegido presidente y Antonio Robles, profesor de la escuela barcelonesa Reyes Católicos, fue designado como número dos.

El bloque liberal conformado por Arcadi Espada y las dos únicas mujeres que formaban parte de ella tuvo un gran peso en los inicios. Existía, además, otra corriente liberal-conservadora menos "beligerante" en cuestiones internas compuesta por Pericay y Boadella, entre otros. Y los terceros, con Ovejero, Trías, Azúa, Romera y De Carreras a la cabeza, formaban parte del bloque progresista y constituían el abanico más amplio y sumaban, además, a "buena parte de los militantes y simpatizantes más activos", tal y como explica Robles, en su libro El largo camino hacia la creación de Ciudadanos (Ed. Triacastela, 2015).

Cartel electoral de Albert Rivera en la campaña de 2006.

El partido concurrió a las autonómicas catalanas de 2006 sin una ideología clara, ya que pretendía ubicarse fuera del "esquema clásico derecha-izquierda" y se definía con valores universales como "la libertad, la igualdad, la justicia y el bilingüismo", según explicó el propio Rivera ante la prensa en el congreso fundacional. El eje central de su programa proponía "superar la obsesión identitaria que ahoga el dinamismo de la sociedad catalana". Con el sorprendente cartel en el que el catalán aparecía desnudo con el lema "solo nos importan las personas", el partido logró tres diputados –el propio Rivera, Antonio Robles y José Domingo–, un resultado notable para una formación desconocida y que acababa de nacer. 

En 2007 se convocó la I Asamblea en la que De Carreras propuso los primeros fundamentos ideológicos. A su juicio, Cs debía ser partidario de una economía de mercado sometida a controles, regulada e igualitaria, y liberal en lo moral sin caer en "dogmas periclitados" en cuanto feminismo, ecologismo o pacifismo que "la izquierda clásica repite machaconamente". Además,—siempre según lo que cuenta Robles— su espacio ideológico se situaba en "un partido de ciudadanos no nacionalistas dirigido a un segmento de población de centro-izquierda e izquierda", así como "partidario de una renovación ideológica en los objetivos y en la manera de hacer política en Catalunya".

En 2008, Rivera intentó dar por primera vez el salto a la política nacional encabezando la lista al Congreso por Barcelona. Lanzó un spot en el que aparecía vestido de cirujano, junto a otros dos candidatos, operando a un paciente para "extirparle" los efectos del nacionalismo y las "mentiras" del bipartidismo del PP y PSOE. Su candidatura fue un fracaso: solo obtuvo 46.313 votos, el 0,18 % total.

La primera crisis: el pacto con los ultras de Libertas

En 2009, Ciudadanos atravesó su primera crisis al tejer una alianza con el partido ultra Libertas para concurrir a las elecciones europeas. Una decisión que Rivera tomó sin contar con el apoyo de Robles y Domingo. Lo ratificó el Consejo General del partido, máximo órgano entre congresos, en una reunión marcada por la controversia. Hubo dos abstenciones, 24 votos en contra de la alianza y 36 a favor. Público desveló que el magnate inglés de origen irlandés Declan James Ganley aportó entre dos y tres millones de euros para que Rivera aceptase vender su marca Ciudadanos a la operación, diseñada y puesta en marcha por un lobby anti europeísta, compuesto en su mayoría por organizaciones de extrema derecha y ultra católicas, con el respaldo de los propietarios irlandeses de sendas empresas contratistas militares de Estados Unidos.

Finalmente, la candidatura 'Libertas-Ciudadanos' encabezada por Miguel Durán —y con José Manuel Villegas como número dos— fracasó estrepitosamente: obtuvo menos de 23.000 votos y, al no tener representación parlamentaria, no se benefició de las bonificaciones económicas electorales europeas. "El pacto con Libertas fue un error", aseguró Rivera en una entrevista a este medio en noviembre de 2015. Años antes le había reconocido al periodista de Crónica, Javier Gómez: "Cuando se pone sobre la mesa esa cantidad de dinero te lo planteas. Es uno de los parámetros que hemos tenido en cuenta".

Esta alianza provocó dimisiones de calado en el seno de la formación. Primero se fue Antonio Robles y poco después José Domingo, abandonos a los que se sucedieron otras dimisiones de sus cargos —como la del propio Villegas y la de Manuel Bofill, secretario general de 2007 a 2009, que fraguó el pacto con Libertas, y que ahora presidirá la gestora de Ciudadanos hasta la celebración del congreso— y muchas bajas de militantes por considerar "vergonzoso" el pacto. Rivera también puso su cargo a disposición del partido, pero la dirección no aceptó su dimisión.

En su despedida, Robles criticó el acercamiento con la extrema derecha, cuestión que también provocó la marcha de otros dirigentes de peso, como Toni Roldán, en 2019: "En el espacio de tiempo que me queda en la cámara lucharé para defender el proyecto original de Ciutadans, pero no seguiré porque se han cargado el partido", aseguró a El Mundo, dado que los valores de ultraderecha de Libertas eran "contrarios a las ideas que ha venido defendiendo Ciudadanos desde su creación"

El salto a nacional: acuerdos con PP y PSOE

Ciudadanos experimentó un crecimiento considerables en las elecciones autonómicas de 2012 en Catalunya, pasó de 3 a 9 diputados, y en las europeas de 2014 —en las que Podemos sacó 5 diputados que ninguna encuesta les auguraba— Ciudadanos consiguió 2: el de Javier Nart y el de Juan Carlos Girauta, que renunció en favor de Carolina Punset —que dimitió al poco tiempo por lo que consideraba una "deriva derechista" del partido— para concurrir a las elecciones al Congreso.

Las expectativas electorales de los 'naranjas' en 2015 se situaban por las nubes de cara a las generales. El CIS les auguraba entre 63-66 escaños, un 19% de los votos. Obtuvieron 40

Tras intentar una alianza con UPyD que Rosa Díez rechazó, las expectativas electorales de los 'naranjas' se situaban por las nubes de cara a las generales. El CIS les auguraba entre 63-66 escaños, un 19% de los votos. Un resultado con el que hubiera podido facilitar, holgadamente, la investidura de Mariano Rajoy. Aunque Rivera se negaba a hacer presidente al líder del PP, su función como partido bisagra le permitía pactar tanto con los 'populares' como con los socialistas. Finalmente Rivera obtuvo 40, un buen resultado, que fue eclipsado por el éxito de Podemos, que se consolidó como tercera fuerza con 69 diputados. El análisis a posteriori fue inequívoco: el bipartidismo había desaparecido.

Con un PSOE debilitado, Ciudadanos se abrió a negociar con Pedro Sánchez para desbancar a Rajoy de La Moncloa, con el célebre 'pacto del abrazo' de febrero de 2016. Pero Iglesias se negó a aceptar el acuerdo al sentir que su formación estaba siendo ninguneada en favor de Rivera y, en la repetición electoral de junio, Cs perdió un 0,9% de los votos, lo que se tradujo en ocho escaños menos, 32. Finalmente, Rivera apoyó la investidura de un Rajoy que volvió a ganar las elecciones —con la abstención necesaria de la mayor parte del PSOE— y también los Presupuestos Generales. 

En la Asamblea General de 2017, Cs ya inicio ese giro a la derecha: se eliminaron las referencias al socialismo y se abrazó el liberalismo progresista pasó un partido "liberal progresista" y "acofensional" que no laico, como había sido hasta la fecha. Rivera obtuvo el apoyo del 70% de los compromisarios, lo que le permitió rechazar las siete enmiendas a la totalidad que había planteadas contra su proyecto.

La formación pasó de realizar primarias entre la militancia para elegir a los cinco primeros miembros de las listas a tan sólo el primero y prohibió las corrientes de opinión internas contrarias al oficialismo de la cúpula. Rivera asumió un hiperliderazgo poco cuestionado por demás miembros de la cúpula. Los cargos más críticos se fueron dando de baja del proyecto y el líder de Cs formó una Ejecutiva a su medida.

Moción de censura y la aparición de Vox

La moción de censura de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy en junio de 2018 truncó las aspiraciones del líder de Ciudadanos, al que las encuestas situaban en disputa con el PP por el liderazgo del país. En el CIS de mayo, Cs se situaba en el 22,4%, a menos de dos puntos de los 'populares' —que, con la publicación de la sentencia de la Gürtel, se hubiera debilitado— y era el primero en intención directa. Los socialistas todavía no se habían recuperado de su crisis interna y Pedro Sánchez no era, si quiera, diputado nacional. Los 'naranjas' estaban disparados después de la victoria de Inés Arrimadas en las elecciones de Catalunya en diciembre de 2017.

Sin embargo, la exjefa de filas en el Parlament no tenía opciones de gobernar ya que las fuerzas independentistas sumaban mayoría absoluta. Cuando salió la sentencia de la Gürtel a finales de mayo, Rivera, tras haber apoyado la semana anterior los presupuestos con Rajoy, aseguró que la legislatura "estaba acabada". Obcecado en que el expresidente del Gobierno convocara las elecciones como respuesta a una sentencia dura, que tildaba al PP de "organización criminal", no apoyó la moción de censura. Los diputados de Ciudadanos se quedaron solos —junto a los del PP, Foro Asturias y UPN— en el 'no' a la investidura, contradiciendo uno de sus pilares: el de la regeneración.

Albert Rivera y Mariano Rajoy en la investidura del expresidente del PP / EFE

El Gobierno formado por Pedro Sánchez y apoyado por el resto de partidos de la Cámara Baja fue recibido con un consenso generalizado, tras 7 años del PP en las instituciones. Pasaron unos meses los que los conservadores tuvieron la oportunidad de renovar su liderazgo, con Pablo Casado al frente. Llegaron las elecciones en Andalucía, en las que el líder de Ciudadanos, Juan Marín, que había estado apoyando en la anterior legislatura a Susana Díaz, anunció que no respaldaría al PSOE bajo la premisa de que Andalucía necesitaba un cambio. Frente a todo pronóstico —y gracias al inesperado auge de Vox— PP, Cs y la formación de ultraderecha consiguieron sumar para arrebatarle el poder al PSOE en la región, tras décadas de marcado feudo socialista.

Durante los meses siguientes —y tras las elecciones autonómicas y municipales— fueron varios los miembros de la cúpula de Cs —Toni Roldán, Paco de la Torre, Javier Nart, Francesc de Carreras...— que se fueron del partido por el mismo motivo por el que Robles lo había hecho casi una década antes y advierieron de los peligros de blanquear a la ultraderecha, que alejaban a Ciudadanos de la formación 'centrista' que pretendía ser. 

La foto de Colón, el veto al PSOE y la debacle final

La foto de Colón marcó un antes y un después para Ciudadanos. En respuesta al 'relator' que los socialistas plantearon para mantener un diálogo con la Generalitat de Catalunya y rebajar la tensión, los líderes del PP, Ciudadanos y Vox se unieron en una foto en la madrileña plaza de Colón. Albert Rivera había evitado hasta ese momento fotografiarse junto al partido de extrema derecha. Lo evitó durante la negociación del pacto andaluz y también durante los preparativos de la concentración, que no hizo sino que legitimar a Vox como un actor político más, a pesar de que no tenían representación en el Congreso en aquel entonces.

Una semana después de la famosa foto, que dirigentes de Cs reconocieron meses más tarde fue un error, la Ejecutiva Permanente del partido aprobó que se estableciera un veto al PSOE de cara al 28 de abril. Fue José Manuel Villegas quien lo anunció en una rueda de prensa en la sede: "En las próximas elecciones generales no habrá pactos ni con PSOE ni con Sánchez". Una estrategia que pareció la indicada en aquel momento: los 'naranjas obtuvieron 57 escaños y las voces contrarias a aquel veto tuvieron que acatar.

Rivera se quedó a apenas 9 diputados de alcanzar al PP —al que adelantó en plazas clave como Madrid, Catalunya y Aragón—y sumaba mayoría absoluta junto al PSOE, lo que le ofrecía la posibilidad de investir a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno -a cambio de ciertas medidas para no hacerle depender de los partidos nacionalistas. Sin embargo, la repetición electoral truncó su estrategia a largo plazo: sustituir al PP como el partido hegemónico del centro derecha.

A Rivera le salieron muy mal los cálculos: la repetición electoral le hizo perder 2,5 millones de votos, lo que le llevó a dimitir

Sin embargo, a la larga, le salieron muy mal los cálculos. El ya expresidente de Ciudadanos estaba convencido de que el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos acabaría produciéndose y que Pedro Sánchez sería investido gracias a los votos de Esquerra Republicana. Jugada maestra, pensó. Sin embargo, esta alianza no se produjo por los recelos entre ambos partidos y apenas seis días antes de la disolución de las Cortes, Rivera levantó el veto que le había puesto al PSOE y se abrió a facilitar la investidura de Sánchez a cambio de una serie de condiciones. El socialista las rechazó: quería una mayoría más amplía.

Finalmente, Sánchez perdió 3 escaños y más de 700.000 votos pero logró ser, de nuevo, la fuerza más votada con un margen de 30 escaños sobre el PP. Rivera, por su parte, perdió más de 2,5 millones de votos y pasó de 57 a 10 diputados, 'sorpassado' numéricamente por Esquerra Republicana. Tras este fracaso sin paliativos, el lunes siguiente al 10-N, Rivera dimitió tras comunicarselo primero a la Ejecutiva —el día siguiente, lo hizo Juan Carlos Girauta y a la semana lo anunciaron Villegas y Fernando de Páramo, secretario de comunicación—.  Su único presidente durante 13 años, que había resurgido de sus peores crisis y que se había visto a sí mismo con opción real de llegar a La Moncloa, anunció su retirada de la vida política. Un final amargo para una trayectoria marcada por los giros ideológicos y tácticos que no fue capaz de explicar.