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La candidatura de Yolanda Díaz y el futuro de Unidas Podemos, claves de un 2023 crucial para la izquierda

El año que comienza será el más relevante en décadas para las izquierdas españolas. La vicepresidenta segunda decidirá si encabeza una lista a las elecciones y Unidas Podemos concluirá su reconfiguración tras las municipales y autonómicas.

Yolanda Díaz, Ione Belarra
Yolanda Díaz e Ione Belarra, en una imagen de archivo. Rafa Alcaide / EFE

Las citas históricas de la izquierda se amontonan en 2023 y ya no vale hablar de tiempos, plazos y procesos. Los relatos sobre el futuro de la izquierda, un terreno sobre el que transitan mejor las especulaciones, han dejado paso al presente, donde la única manera de transitar son los hechos. El fin del 'calendario maya' del espacio progresista ha llegado y el humo de las profecías se debe disipar para ver si lo que oculta es un apocalipsis o un nuevo comienzo.

El 2023 es un año esencial para la izquierda, el más relevante en décadas, y su desarrollo se articula, en líneas generales, en base al final de dos procesos que han caminado de forma paralela en 2022: la definición de la candidatura de Yolanda Díaz y la traducción electoral de Sumar; y la reconfiguración de Unidas Podemos en torno a sus dos pilares, Podemos e Izquierda Unida.

Ambos comparten un mismo fin, pero los caminos que han recorrido (y que van a seguir recorriendo a principios de este nuevo año) son distintos. La candidatura de la vicepresidenta segunda es el hito que marcará el inicio formal de la reconfiguración de la izquierda; esto no significa que el proceso no se haya desarrollado y haya tenido momentos importantes hasta ahora (las tensiones en Unidas Podemos durante 2022 son la prueba del algodón del cambio de escenario), pero todos los actores fían lo que vaya a pasar en 2023 a la decisión de Díaz.

A la dirigente gallega el anuncio de Pablo Iglesias sobre que iba a ser ministra de Trabajo le pilló limpiando los cristales de su casa; estuvo tentada de decir que 'no' y terminó liderando el departamento. Tampoco fue avisada de que iba a asumir la Vicepresidencia tras la marcha de Iglesias de la política institucional; se pensó decir que 'no' y hoy es vicepresidenta segunda del Gobierno. 

La decisión sobre si va a ser candidata es, quizá, la más suya; al menos lo es mucho más que las anteriores. Han sido Díaz y su equipo los que decidieron poner en marcha un proceso de escucha para levantar "un proyecto de país para la próxima década", y han manejado sus tiempos de forma casi libre (toda la libertad que les han podido brindar dos años de pandemia y de una guerra a las puertas de Europa).

La vicepresidenta está ilusionada, y también su equipo. La asistencia a los actos celebrados por todo el territorio; la colaboración logística y económica de la ciudadanía con Sumar; y la ingente labor de los 35 grupos de trabajo que tienen que articular un programa, "no para ganarle las elecciones a la derecha, sino para ganar el país", han despertado esperanza en Díaz.

Autonómicas y municipales

Si el proceso de escucha tenía que servir, entre otras muchas cosas, para tantear si había agua en la piscina, la ministra de Trabajo cree que puede dar el salto y zambullirse en un proyecto capaz de reconectar a la ciudadanía con la política, objetivo principal de su gira territorial. La decisión, con todo, es suya, y se espera para principios de 2023, enero o febrero, antes incluso que la presentación de las conclusiones de los grupos de trabajo de Sumar.

Tras su decisión, se abrirán distintos escenarios para la izquierda, y será en ese momento cuando la reconfiguración que Unidas Podemos sufre desde 2022 se acelere y entre en su fase definitiva. Tanto en Podemos como en Izquierda Unida están a la espera de que Díaz aclare si va a ser candidata, ya que solo será entonces cuando los cálculos y las proyecciones tengan sentido.

Ninguna de las dos formaciones ha estado parada. Desde el conflicto de las elecciones andaluzas hasta aquí han recorrido un camino lleno de obstáculos en el que las tensiones y los reproches cruzados han ido a más. En la actualidad, los de Ione Belarra y los de Alberto Garzón se encuentran inmersos en un proceso de negociación de cara a uno de los hitos más importantes del 2023: las elecciones municipales y autonómicas.

Aunque cada territorio es un mundo, y en algunos se ha logrado cerrar acuerdos de forma rápida y estable, la situación no es la más favorable para la unidad. Ya hay acuerdos en Navarra, en Madrid, en Extremadura está cerca... Se sigue trabajando en La Rioja, en País Valencià, en Castilla-La Mancha... Está más que complicado en Asturias, Aragón...

En Podemos hay voces que consideran que IU trata de sacar provecho de la distancia de la formación morada con Díaz y ganar terreno en un espacio de la izquierda donde la organización que lideraba Iglesias era el pilar maestro del edificio de Unidas Podemos.

En algunos sectores de IU ven en la actitud de los de Belarra un repliegue táctico e ideológico que solo busca conservar posiciones estratégicas y cotas de poder ante el temor de que la unidad bajo el liderazgo de Díaz les reste relevancia política. Enfrente de ambos, unas elecciones que definirán con qué cartas juega la izquierda en las generales y cuál es la estructura de la que puede partir una eventual candidatura de la vicepresidenta.

Díaz candidata... pero, ¿de qué?

En Podemos han ido variando durante el final de 2022 su discurso respecto a la ministra de Trabajo. Al principio, no tenían ninguna duda de que sería la candidata de Unidas Podemos; sin embargo, Díaz lanzó su proceso de escucha con un relato al margen de partidos y organicidades y se distanció de la formación morada (en la que nunca ha militado). Esto, junto a su acercamiento a dirigentes como Mónica García de Más Madrid, y su distancia pública con Belarra o Irene Montero, han provocado distintas respuestas en Podemos.

Primero, se mantuvo la idea de Díaz como la única candidata posible, pero ya no de un espacio unitario surgido de una reconfiguración de Unidas Podemos más o menos tranquila, sino como resultado de una alianza electoral y de unas negociaciones donde Podemos está dispuesto a poner encima de la mesa su relevancia, el trabajo de su militancia y los logros conseguidos, como la apuesta decidida por formar parte de un Gobierno de coalición con el PSOE.

Ahora, la apuesta sigue siendo la unidad y una candidatura encabezada por la vicepresidenta segunda, pero en Podemos insisten en la necesidad de acelerar el proceso para poder prepararse de cara al ciclo electoral. Mientras tanto, la figura de Montero, ministra de Igualdad, toma cada vez más protagonismo en los actos y discursos del partido. La idea morada es que cuanto antes se cierren las negociaciones, antes se zanjarán las tensiones y los debates sobre la interna.

Con todo, en los últimos meses el conflicto ha sido latente, y se aúna al hecho de que Díaz no tiene pensado hacer una campaña activa por Unidas Podemos en las municipales y autonómicas, una decisión que no comparten los de Belarra, aunque no han querido poner plazos concretos a Sumar.

Algunas personas que conocen a la gallega apuntan que la clave de Díaz reside en que, con su buena valoración en las encuestas y su liderazgo, la vicepresidenta y el programa de Sumar, surgido del proceso de escucha, pondrían un marco en la izquierda, y quien se quedara fuera de ese marco no saldría en la ansiada foto.

En Galicia, cuando Díaz y Xosé Manuel Beiras conformaron Alternativa Galega de Esquerda, algunos actores y organizaciones políticas rechazaron el 'sacrilegio' de la unidad entre la izquierda comunista de Esquerda Unida y la independentista de Anova. Se quedaron fuera de la instantánea y, también, de cualquier posibilidad de disputar el campo electoral. Lo primero que toca resolver en 2023 es si Díaz saldrá en la foto.

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