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OHL El empresario preferido del rey Juan Carlos desmonta su imperio, acosado por las deudas

Juan Miguel Villar Mir coronará con la venta de la constructora OHL una cadena de desinversiones que le permita hacer frente a sus acreedores. 

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El empresario Juan Miguel Villar Mir. EFE

Uno de los empresarios más veteranos de España, el casi nonagenario Juan Miguel Villar Mir (Madrid, 1931), va camino de perder el imperio que empezó a construir cuando entró de lleno en el mundo de los negocios, después de formar parte del primer Gobierno de la Monarquía, bajo la presidencia de Carlos Arias Navarro.

Su descenso a los infiernos se ha producido en muy poco tiempo: exactamente el transcurrido desde que en 2011 su amigo el rey emérito Juan Carlos le concedió el título de marqués en pago por “los servicios prestados a España y a la Corona”.

Si aquello le permitió tocar el cielo con la punta de los dedos, a partir de entonces las cosas sólo podían ir a peor, y así ocurrió: las sospechas de corrupción que recaían sobre él pasaron de los mentideros a los juzgados, mientras sus otrora boyantes empresas empezaron a tener serios problemas.

El rey Juan Carlos saluda a Juan Miguel Villar Mir en la apertura del curso 2016/2017 del Instituto Universitario de Investigación de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón.

A Villar Mir le pasó como a tantos otros empresarios, que se empeñaron en crecer (ellos sí) por encima de sus posibilidades y que, cuando quisieron darse cuenta, no podían pagar las deudas contraídas para financiar los megalomaníacos proyectos en los que se habían metido mientras les iba viento popa.

Para colmo de desgracias, perdió a Emilio Botín, que le había prestado un apoyo incondicional durante casi tres décadas y que un día de septiembre de 2014 murió de sopetón en su apartamento de la Ciudad Financiera, dejando huérfano al Santander y sin banquero de confianza a Villar Mir.

Su nombre había parecido ya en los papeles de Bárcenas como uno de los empresarios que supuestamente financió bajo cuerda al PP a cambio de concesiones públicas, y aún habría de verse salpicado en otros casos de corrupción (Púnica, Lezo).

Un hombre mira a través de un ventanal de la sede en Madrid de la constructora OHL. REUTERS/Andrea Comas

Los detractores de Villar Mir atribuyen en parte a esas prácticas la copiosa fortuna que amasó en sus mejores años y que le permitió situarse entre los hombres más ricos de España, con un patrimonio que en 2014 la revista Forbes cifró en unos 5.700 millones de dólares (que ahora rebaja hasta los 3.400 millones).

Sin embargo, nadie cree que fuera ajena a su éxito la prolija red de contactos que empezó a tejer desde muy joven, cuando era alumno del elitista colegio madrileño de El Pilar, y por su capacidad para aprovechar las bicocas que se le ponían por delante.

Muy reveladora es la forma en que colocó la primera piedra de lo que luego sería su gran obra, el gigante de la construcción OHL: el grupo nació como consecuencia de la compra en 1987 de Obrascón a Altos Hornos de Vizcaya (empresa que él mismo había presidido durante el franquismo) por el simbólico precio de una peseta. Desde aquello han transcurrido más de treinta años y, de crecer a toda costa, Villar Mir ha pasado a vender lo que puede para pagar deudas que, en caso contrario, acabarían arruinando su ya de por sí comprometida situación financiera.

El Grupo Villar Mir, que agrupa sus intereses empresariales, se ha desprendido en los últimos años de sus participaciones en Abertis, de la que tuvo un 19%, y Colonial, de la que fue primer accionista con un 24%, así como de Torre Espacio, uno de los cuatro emblemáticos rascacielos levantados al norte de Madrid.

Recreación del Proyecto Canalejas en el centro de Madrid, prmovido por el Grupo Villar Mir y OHL.

En agosto de 2018 se salió de la controvertida Operación Canalejas, un complejo residencial, turístico y comercial cercano al Congreso de los Diputados, donde el metro cuadrado alcanza los 13.000 euros y que ha recibido todo tipo de facilidades de las administraciones gobernadas por el PP.

De OHL, el Grupo Villar Mir ya sólo posee directamente el 30,5% (muy lejos del 60% que llegó a tener) y está dispuesto a venderlo, siempre que alguien quiera pagar por esa participación de control no sólo el precio que fije su actual propietario, sino también el de lanzar la correspondiente OPA.

Los números de OHL, además, no son precisamente buenos: lleva tres años sin repartir dividendos, en 2018 se anotó pérdidas por importe de 1.529 millones pese a desprenderse de su filial de concesiones, y la acción ha caído en Bolsa desde los 34,1 euros de junio de 2014 a poco más de un euro ahora.

El control de otras dos filiales del Grupo Villar Mir también está a disposición del mejor postor: Ferroglobe, fruto de la fusión de Ferroatlántica y Globe y líder mundial en la producción de ferroaleaciones, y Fertiberia, dedicada a los fertilizantes.

Sobre el futuro de la Inmobiliaria Espacio hay más dudas, porque el Grupo niega que vaya a deshacerse de ella, pero reconoce la necesidad de encontrar socios para desarrollar proyectos que por sí sola no puede costear en las ingentes cantidades de suelo que atesora.

Para pilotar todas estas desinversiones, Villar Mir cuenta con su hijo Juan, todavía presidente de OHL, y con su yerno Javier López Madrid, compi yogui de los actuales reyes de España y también salpicado en algún caso de corrupción.

Juan Miguel Villar Mir y su hijo y sucesor en OHL, Juan Villar Mr Fuentes, en la junta de la constructora en la que le dió el relevo. E.P.

Su gran reto es sentar las bases para hacer frente a las deudas contraídas, que superan los 500 millones de euros, y reorientar el Grupo hacia el negocio de la energía, que podría resarcir de tanto disgusto al marqués y a su prole.