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Pablo Casado 100 días de radicalización del PP con Casado

Las grabaciones del marido de Cospedal y el excomisario Villarejo enfangan la celebración de los tres primeros meses de Casado al frente de los conservadores. Públicamente, Génova intenta vender que su presidente ya ha apuntalado su liderazgo y recuperado la ilusión de sus votantes; en privado, dirigentes del PP reconocen su preocupación por los bandazos, la improvisación y la deriva derechista del partido. 

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El expresidente del Gobierno José María Aznar, acompañado por el presidente del PP, Pablo Casado, a su llegada a la presentación de su libro 'El futuro es hoy', en Madrid. EFE/Javier Lopez

Iba a ser el día de la exaltación de la figura de Pablo Casado, pero la sombra del excomisario Villarejo ha dinamitado los planes del Partido Popular. Los conservadores tenían previsto celebrar este lunes los 100 primeros días de Casado al frente del partido, pero su discurso halagador y su vídeo triunfalista han caído en el olvido poco después de ver la luz.

El PP quería celebrar este lunes los 100 primeros días de Casado al frente del partido, pero su discurso halagador y su vídeo triunfalista han caído en el olvido poco después de ver la luz

Las grabaciones de conversaciones entre el marido de la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, el empresario Ignacio López del Hierro, y el excomisario José Manuel Villarejo Pérez, que dio chivatazos al cónyuge de Cospedal sobre investigaciones al PP, han acaparado todos los focos este lunes. Casado, que habitualmente lleva una agenda mediática frenética, ha decidido dar esquinazo a los periodistas al entrar y salir de los dos actos públicos incluidos en su agenda, mientras los suyos se afanaban por vender las bondades de su breve etapa al frente de la formación.

En sólo tres meses, el líder del PP ha cargado contra los migrantes para después fotografiarse con ellos; contra la igualdad de género –“Ideología de género”, según sus palabras- y contra la Memoria Histórica; ha reconocido sus coincidencias ideológicas con Vox y se ha servido de la tribuna de oradores del Congreso para llamar golpista al presidente del Gobierno -aunque después negase haberlo hecho, sin retractarse ni disculparse-.

Casado hizo campaña prometiendo devolver la ilusión a los suyos, impugnando parte de la etapa Rajoy, prometiendo unificar el centroderecha. Hoy es el líder peor valorado entre los cuatro grandes partidos

De hecho, la radicalización del PP que Casado y los principales dirigentes de la formación niegan –“Ocupar el centro no es radicalizarse”, dice- es una obviedad, criticada incluso entre sus propias filas, y reconocida en privado: su giro a la derecha ha llevado a Ciudadanos a respirar aliviado por tener más espacio en el centro político, a los ultraderechistas de Vox a afirmar que Casado legitima su discurso, y a que el flamante presidente del PP sea visto como el principal responsable de la crispación política por un 17,5% de los españoles, según el CIS -un porcentaje muy superior al que presentan el resto de líderes de los principales partidos-.

Así, entre crítica y crítica al último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, el PP se esfuerza por vender la existencia de un “efecto Casado” que, hoy por hoy, no se deja notar. El presidente conservador hizo campaña prometiendo devolver la ilusión a los suyos, impugnando parte de la era de Mariano Rajoy, prometiendo unificar el centroderecha, que hoy se aventura más dividido que nunca en los últimos años. Él es el líder peor valorado entre los representantes de los cuatro grandes partidos, y un 49,5% de los españoles afirman no sentir ninguna confianza por su persona, frente al 32% que sostienen lo propio sobre el presidente del Gobierno.

Que Casado lleve la estrategia de la crispación y sus dardos contra Sánchez al otro lado de las fronteras españolas no se entiende muy bien entre sus filas

Esta radicalización, los vaivenes de Casado y su improvisación en temas como la Memoria Histórica ya le han granjeado veladas críticas entre diputados conservadores más veteranos. A esto se unen los errores de Dolors Montserrat en el desempeño de su cargo como portavoz parlamentaria, con especial mención a su última interpelación a la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en sesión de control en el Congreso, e incluso a la falta de integración de algunos de los exdirigentes que apostaron por Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP.

Además, el hecho de que Casado lleve la estrategia de la crispación y sus dardos contra Pedro Sánchez al otro lado de las fronteras españolas tampoco se entiende muy bien entre sus filas; los Presupuestos, la “prostitución” en Andalucía, todo vale para atacar al Gobierno, y hay quienes no lo ven acertado. 

Esta agresividad se deja notar también en su discurso sobre la tesis del presidente del Gobierno: Casado carga contra el líder del Ejecutivo sin piedad, su partido forzará su comparecencia en una comisión creada únicamente con esta función en el Senado -su "fortaleza" según el portavoz conservador en la Cámara Alta, Ignacio Cosidó-, mientras rechaza cualquier pregunta sobre su polémico máster de la Universidad Rey Juan Carlos. Casado no quiere mostrar ninguno de los cuatro trabajos con los que finalizó un máster que teóricamente contaba con 22 asignaturas, y toda su argumentación pasa por recordar el archivo de la investigación judicial sobre este caso.

El aznarismo es tendencia

Los cambios de Casado se traducen también en un cambio en los referentes del Partido Popular: los conservadores han pasado de estar bajo el liderazgo de Rajoy a enterrar su herencia -el nuevo presidente del PP vuelve incluso a cargar contra el aborto, la misma cuestión que llevó a Rajoy a forzar la dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón como ministro de Justicia-, sus formas y su estilo político, para apostar por revivir la tradición del aznarismo.

La semana pasada, Casado presentó el último libro de José María Aznar ante un público plagado de exidirigentes fieles al expresidente; el que fuera su jefe en FAES eclipsó al nuevo líder del PP, mientras ambos se deshacían en elogios mutuos. Aznar llevaba años proscrito, los dirigentes conservadores tenían indicación de no asistir a sus actos, pero ahora entra en Génova por la puerta grande.

Además, el líder del PP ha encomendado la organización de la Convención Nacional de su partido, en enero, al presidente de la nueva fundación, Concordia y Libertad, Adolfo Suárez Illana. Casado deja así en manos del hijo del expresidente del gobierno Adolfo Suárez González la máxima responsabilidad sobre esta convención, en la que el PP quiere lograr su rearme ideológico. Suárez Illana ni siquiera es dirigente del PP.

Casado no quiere dar solución a los dos millones de independentistas

En otro orden de cosas, Casado tampoco tiene recetas para Catalunya, más allá de la aplicación inmediata, sin filtros y sine die del artículo 155 de la Constitución. El domingo, en entrevista en El Objetivo, de La Sexta, Casado llegó a afirmar que, ni le interesa, ni tiene una propuesta política para los cerca de dos millones de catalanes que se declaran independentistas.

Casado afirma que, ni le interesa, ni tiene una propuesta política para los cerca de dos millones de catalanes que se declaran independentistas

“¿Por qué tengo que poner cuestiones encima de la mesa para dos millones de personas que quieren romper España?" , planteó. A su juicio, como aspirante a presidir el gobierno, debe preocuparse por los “47 millones de personas" que habitan en España, pero indirectamente deja fuera de la ecuación a los independentistas.

Todas sus consignas se centran en combatir el “golpe de Estado” que, como denunció la pasada semana en el Congreso, cree que se está dando hoy en Catalunya. Tras sus palabras, el PP salió en tromba a defender que esta fue sin dudas la mejor intervención de Casado, que sirvió para consolidar su liderazgo. “Desde Cánovas del Castillo no se ha visto nada igual”, repetían los conservadores. 

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