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Cambio climático Jesús Calleja: "Cuando el cambio climático nos dé un susto de verdad, para eso no habrá vacunas y el colapso será total"

El aventurero y presentador de Volando voy y Planeta Calleja cree que la humanidad saldrá reforzada tras la pandemia del coronavirus. / MEDIASET
El presentador de 'Volando voy' cree que la humanidad saldrá reforzada tras la pandemia del coronavirus. / MEDIASET

Jesús Calleja (Fresno de la Vega, León, 1965) es montañista, aventurero y presentador de los programas de televisión Volando voy y Planeta Calleja (Cuatro). Desde lo alto de un ocho mil, otea el horizonte con optimismo, aunque advierte de las consecuencias del cambio climático.

Pese al dolor causado por el coronavirus, este viajero incansable cree que saldremos del trance más fuertes, siempre y cuando prescindamos de las banalidades materiales y recarguemos las enflaquecidas pilas de la humanidad, o sea, de lo que nos había hecho personas.

El icono del Desafío extremo cede el testigo en Hoy es el futuro, la serie de entrevistas sobre la España que viene, a la periodista y escritora Mara Torres, quien reflexiona sobre la radio del mañana y las consecuencias de la pandemia: "Uno de los grandes dramas del coronavirus es la muerte en soledad".

¿Resulta más complicada la escalada o la desescalada?

Nada me resulta complicado en la vida. Siempre he tenido una capacidad de adaptación enorme a lo que nos va a ocurrir. Mis aventuras ahora son más comedidas y contenidas, porque no es posible seguir el ritmo anterior debido a las limitaciones. No obstante, mis expediciones antes eran muy complejas.

¿Qué ocurre en general? Como las últimas generaciones no son como las de nuestros padres, en realidad no hemos vivido nada especialmente dificultoso. Ellos vienen de la posguerra y de la dictadura, mientras que nosotros hemos disfrutado de comodidades y llevamos una vida relativamente buena. Probablemente, la mejor de la historia.

Esta es la primera gran crisis que nos ha tocado vivir y nos parece un drama, si bien nuestra capacidad de adaptación es enorme. Se han quedado muchas vidas por el camino, algo horrible, pero hay que continuar. Debemos tener un pensamiento positivo, buscar lo mejor dentro de la desgracia, rearmarnos y extraer una lección de lo que ha nos ha sucedido.

Los ciudadanos tenemos que aprender como colectivo y los Gobiernos, a hacer frente al futuro. Nuestra visión debe enfocarse en ir siempre hacia adelante. Por ello, la desescalada no me ha supuesto ningún drama y estoy listo para abordar cualquier situación, venga lo que venga.

De pequeño, se perdió alguna vez en la montaña. ¿Ha visto al Gobierno algo extraviado?

Lo más fácil es buscar culpables, pero basta mirar lo que ha ocurrido en el planeta… En general, la pandemia del coronavirus ha pillado al mundo con el paso cambiado, como colectivo y como conjunto de Gobiernos. Si ha habido alguna excepción, confirma la regla. Muchos países lo veían venir, aunque es muy difícil adaptarte a una situación desconocida.

China quedaba tan lejos…

Y llegó a Europa. Teníamos a Italia al lado y nada. Luego afectó a Francia, al Reino Unido y al continente. Posteriormente dio el salto a Estados Unidos y a Suramérica. No obstante, es muy difícil tomar la decisión de paralizar un país porque tu vecino tenga un problema. Más que buscar culpables, insisto, hay que aprender la lección y adaptarnos a lo que venga en el futuro, tanto en una segunda oleada de la covid-19 como ante la aparición de un nuevo virus. Las claves: capacidad de reacción, reforzar el sistema sanitario y apostar definitivamente por la ciencia.

Escribió Si no te gusta tu vida, ¡cámbiala! (Planeta). ¿Cree que el virus y el confinamiento harán que muchos se replanteen su futuro?

Hemos descubierto que el teletrabajo es viable y vamos a migrar al mundo digital. Desde casa se trabaja bien e incluso más motivado, pues estás en tu entorno, no pierdes tiempo en los traslados y puedes ser más eficiente. En el fondo, el trabajo debería medirse por la eficacia y los objetivos, no por el lugar donde lo desempeñas.

¿Incitará a algunos a irse a vivir a los pueblos? No vendría mal repoblar la España vaciada.

En los pueblos se vive mucho mejor. De hecho, la nueva temporada de Volando voy (Cuatro) trata de eso. Estás en contacto con la naturaleza, es más sostenible y eres muchísimo más feliz. Puedes trabajar y, a continuación, dar un paseo por el campo, por el bosque o por el monte.

Los pueblos tienen que volver a ponerse de moda, como sucede en los países nórdicos. Son más saludables que las ciudades. Yo llevo 28 años viviendo en uno y no lo cambiaría jamás por nada del mundo. Y esta pandemia lo está poniendo en valor, de la misma forma que lo haremos en la sexta temporada de nuestro programa: Volando voy será una oda a la felicidad de la vida en los pueblos.

Jesús Calleja cree que las consecuencias del cambio climático no son reversibles. / MEDIASET

Algunos expertos señalan que la deforestación y el maltrato de la naturaleza influyen en que algunos virus den el salto de los animales salvajes a los humanos. ¿Conclusión?

Somos la única especie conocida que altera la biodiversidad, porque el resto genera un equilibrio. Si les quitamos la superficie a la vida salvaje —como hace la agricultura extensiva—, rompemos la cadena del equilibrio, que acarrea muchas consecuencias, como el aumento de la temperatura y el calentamiento global del planeta.

Hemos alterado en menos de un siglo lo que tardaría muchísimo más tiempo en cambiar si no fuese por la acción del hombre. Si la cadena trófica se altera y comemos animales que no deberíamos, los virus terminan saltando a los humanos. Tenemos que contenernos respecto a nuestra alimentación y preguntarnos: ¿qué comemos y cómo comemos?

Además de los daños producidos en los ecosistemas, usted incide en la importancia de la investigación científica.

Hacen falta más laboratorios, o sea, más ciencia que permita avanzar y encontrar soluciones. De hecho, lo que más me preocupa es la capacidad de encontrar una vacuna, porque durante los primeros meses de la pandemia todo el mundo estaba perdido. Al final, vamos a recomponer esta situación cuando se descubra una vacuna y un tratamiento médico.

Sin embargo, ¿qué va a pasar cuándo el cambio climático nos dé un susto grave de verdad? ¿Qué ocurrirá cuando empiece la desertización en España, escasee el agua y afecte a los cultivos? Nos echaremos las manos a la cabeza, pero eso no será como el coronavirus.

O sea, no es posible dar marcha atrás al calentamiento global con una vacuna que solvente el problema de un día para otro. Entonces sí que nos arrepentiremos, porque el planeta puede sufrir un colapso brutal si no somos capaces de revertir el daño. Y no hay que esperar, porque ya estamos en una situación de emergencia.

Por ello, la covid-19 también tiene que servir para que abramos los ojos: "Atención, que el cambio climático y la contaminación que generamos no son tan reversibles como una pandemia".

Le mosquean las condiciones precarias de algunos investigadores que buscan vacunas contra el coronavirus y la cura de otras enfermedades. Científicos, en definitiva, que encadenan becas o tienen contratos temporales, como ha denunciado.

Durante el confinamiento, entrevisté a Juan García Arriaza, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director de un proyecto para hallar una vacuna contra la covid-19. Cuando me dijo que en enero se le termina el contrato, que cobraba poco y que, debido a la cuarentena, solo contaba con tres de seis ayudantes me quedé… Es más, durante muchas jornadas ha llegado a trabajar él solo en el desarrollo de una de las vacunas más prometedoras. ¿Pero qué pasa aquí?

Jesús Calleja, presentador del programa 'Volando voy', advierte sobre el cambio climático. / MEDIASET

Eso me llevó a comentarle a Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, que ya podían empezar a cambiar las cosas, empezando por su situación laboral, porque nuestro talento científico extraordinario se está escapando puesto que no sabemos cuidarlo. Hoy nuestra ciencia es absolutamente precaria, por lo que debemos cambiar su estado actual y destinar presupuestos suficientes para lo que de verdad hace falta. Y ahora lo que se demanda es una vacuna y un tratamiento.

Ningún partido español ha cuidado la ciencia: ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro. En cambio, apostar por ella y por I+D es apostar por la riqueza y el futuro de un país. Es necesario ser productivos, al mismo tiempo que garantizar las pensiones y una seguridad para el día de mañana, aunque todo pasa por soluciones científicas en diversos sectores. O sea, necesitamos ciencia, ciencia y ciencia.

Esta pandemia ha alimentado las fake news. ¿Logrará descubrirse alguna vacuna contra los bulos? Al menos, usted lo ha intentado entrevistando a científicos.

Personas que no tienen ninguna idea ni formación sientan cátedra en la radio y en la televisión. Cuando las escuchaba y leía las barbaridades que se publicaban en la prensa, decidí entrevistar a científicos, que son quienes deberían tener la voz. En cambio, se difunden noticias falsas y opiniones dañinas y destructivas. Buscan la exageración y el dramatismo, al tiempo que se regocijan metiendo miedo a la gente. Tales mentiras y absurdos hacían que me llevara las manos a la cabeza...

¿Cambiará la forma de hacer sus programas o será una circunstancia pasajera?

La pandemia ha influido en la manera de trabajar de todos porque paró el mundo. El coronavirus ha modificado el concepto de rodaje de Volando voy, pero en mi vida personal también habrá cambios. Tras un estado de shock, creo que vamos a ser más felices, que habrá más humanidad y que valoraremos las pequeñas cosas. Cuando nos limitaron la libertad, una medida necesaria para controlar el coronavirus, nos hemos dado cuenta de las maravillas que teníamos y que dábamos por hechas.

Jesús Calleja denuncia la precariedad de los investigadores para hallar la vacuna del coronavirus. / MEDIASET

¿Para eso le ha servido el confinamiento? ¿Es lo que ha sacado en positivo?

Yo siempre me fijo en lo positivo. Lo negativo es un trámite que debemos sobrellevar. Sin embargo, hay que adaptarse, no temerlo, pues la pandemia nos ha hecho más fuertes. A veces, no nos acostumbramos a vivir con pequeñas cosas. Parece que necesitamos rodearnos de bienes materiales y complicarnos la vida en exceso, lo que nos lleva a montar pollos por tonterías.

Cuando viajo al mal llamado Tercer Mundo, donde conservo muchos amigos, si una familia goza de buena salud y tiene para comer ya le parece suficiente. Aquí no nos vale eso: nos compramos una casa y a los cinco años queremos otra más grande; y lo mismo con los móviles, los televisores y otros objetos.

Le habíamos quitado espacio al aspecto personal para dárselo al material, hasta que vimos las cifras dramáticas de víctimas o falleció un ser querido. Entonces nos hemos dado cuenta de que los seres humanos debemos estar unidos: necesitamos a nuestros familiares, a nuestros amigos y a la gente. Habíamos perdido humanidad y debemos recuperarla.

¿Ha disfrutado de algo que antes no se pudiese permitir?

De estar con mis padres, porque a los mayores los han aparcado, sea en la soledad o en una residencia. No nos hemos dado cuenta de que esta vida nos arrastra a una vorágine que nos impide disfrutar de ellos.

Durante el confinamiento en su casa de un pueblo de León, ha cumplido 55 años. ¿Algún reto pendiente?

No. Sé que volveré a subir un ocho mil y que regresaré a la Antártida y al Ártico.

¿Se le ha pasado una hazaña descabellada por la cabeza?

Claro. Siempre tengo proyectos de envergadura entre manos. Es lo que me da la vida.

¿Cuál ha sido su mayor hito?

Alcanzar la cima del Everest en condiciones muy precarias. Me cambió por completo porque allí me di cuenta de lo que quería hacer en la vida: precisamente a lo que me dedico.

¿Cómo será el mundo de sus nietos?

Espero que mejor. Tenemos que aprender de lo vivido y de los errores cometidos, pues esta pandemia nos ha mostrado lo arrogantes que éramos. En una época globalizada y tecnológica, pensábamos que lo controlábamos todo. De repente, en todo el planeta nos hemos visto encerrados en casa y con la libertad coartada. Vamos a pagar un peaje muy elevado. Y si no somos precavidos, podremos pasarlo mal.

Debemos tener una mayor anchura de miras, colaborar como humanidad y globalizarnos en el aspecto personal, no en el económico. Ahí detrás hay algo enormemente grave y peligroso que nos acecha y que amenaza con estropear un planeta ya muy deteriorado. No olvidemos esa perspectiva.

El cambio climático está ahí y ha llegado para quedarse y para empeorar las cosas. Necesitamos darnos cuenta de que tenemos que empezar a cuidar el planeta para no llegar a una fase crítica en la que nos lamentemos: "¡Pudimos hacerlo y no lo hicimos!". Como está pasando ahora mismo con la pandemia del coronavirus.