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La UE sella su unidad interna y con EEUU para responder a Rusia "si la diplomacia falla"

El bloque comunitario no secunda la evacuación diplomática de Washington en Ucrania porque no ve indicios de "ataque inminente".

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofrece una declaración institucional sobre Ucrania en la sede de la UE en Bruselas este lunes 24 de enero de 2022.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofrece una declaración institucional sobre Ucrania en la sede de la UE en Bruselas este lunes 24 de enero de 2022. EFE

Rusia niega que sus intenciones sean invadir Ucrania. Y la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN reiteran que su prioridad es agotar todas las vías diplomáticas para evitar una guerra a las puertas de Europa. Pero los movimientos de unos y otros infieren lo contrario. Las fronteras orientales de Europa están viendo un rearme a uno y otro lado. Moscú no da un paso atrás y mantiene a sus 106.000 soldados en las fronteras de su país vecino. Y la Alianza Atlántica ha movilizado buques de guerra y cazabombarderos al flanco oriental. La sensación en Bruselas es que el peligro de choque militar es estos días más elevado que en ningún punto de los últimos 30 años.

Con este clima de alto voltaje, los 27 ministros de Asuntos Exteriores se han reunido este lunes con Anthony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, que ha comparecido desde Washington a través de videoconferencia. El último paso de la Administración Biden, que tiene agenda e intereses geoestratégicos diferentes a los de los europeos, ha sido evacuar a las familias del personal diplomático en Ucrania. Un movimiento que no ha sido secundado ni por la UE ni por ningún Estado miembro en particular.

Josep Borrell: "Blinken no nos ha trasladado ningún elemento nuevo que haga temer un ataque inminente"

España no se plantea, de momento, sacar a las 500 personas que tiene registradas con este estatus. Y es que el propio Josep Borrell, Alto Representante de Asuntos Exteriores de la UE, ha señalado que si bien la situación es "volátil" no "hay que dramatizar". Frente a la histeria norteamericana, el jefe de la diplomacia europea ha lanzado un mensaje más sosegado: "Blinken no nos ha trasladado ningún elemento nuevo que haga temer un ataque inminente".

Estados Unidos pisa el acelerador elevando el tono y transmitiendo la sensación casi diaria de que una incursión bélica de Rusia es ipso facto. En Bruselas reina la cautela y la apuesta es más por la zanahoria que por el palo. Aunque el tono ha ido subiendo de forma significativa durante los últimos días. La llamada al diálogo ha dado paso a la de las advertencias y las amenazas. Y todas ellas comparten el mismo objetivo: la disuasión.

En la capital comunitaria están preparados para responder en cuestión de días con sanciones sin precedentes en caso de que Rusia se atreva a dar el paso. Pero nadie dice cuál debe ser este paso. Y es aquí donde radica la primer incógnita: ¿Un ciberataque? ¿Guerra de guerrillas? ¿Una intervención 'soft' en el Donbás? ¿Más efectivos militares en las fronteras? El primer desafío es delimitar qué movimiento podría forzar la adopción de medidas restrictivas.

Y el segundo es establecer qué alcance tendrán y a quién afectarán. En la capital comunitaria aseguran que están horneadas, pero mantienen los detalles con absoluto hermetismo para no dar pistas a Vladimir Putin, quien tampoco termina de enseñar sus cartas. Es una partida de ajedrez en la que cada movimiento está medido y tiene una intencionalidad clara, pero un paso en falso podría desatar consecuencias imprevisibles.

Pase lo que pase, la UE no reaccionará con un contrapunto bélico. La respuesta será meramente financiera y está destinada a golpear y asfixiar todavía más la economía del país. Y será "rápida", "masiva" y "coordinada a nivel internacional".

Entre las opciones que suenan se encuentran las sanciones a oligarcas rusos, la reducción de las exportaciones, incluidas de las del gas, o el aislamiento del sistema financiero ruso del método de intercambios SWIFT

Entre las opciones que suenan se encuentran las sanciones a oligarcas rusos, la reducción de las exportaciones, incluidas de las del gas, o el aislamiento del sistema financiero ruso del método de intercambios SWIFT, algo que hasta la fecha solo se ha hecho con Irán. Sobre esta posibilidad, la ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock –de Los Verdes y proclive a la mano dura con el Kremlin- ha hecho un llamamiento a la contención porque "las medidas más duras" no siempre son el mejor camino.

El mensaje que sale de la cita de este lunes es que para la UE, el deseo de Moscú de crear "áreas de influencia" en el Viejo Continente es una línea roja propia de tiempos de la Guerra Fría y "sin cabida en el Siglo XXI". "El despliegue militar ruso en Ucrania y los intentos de Rusia de crear líneas divisorias en nuestro continente va en contra de los valores fundacionales y los principios sobre los que la seguridad europea se construyó para no revolver los negros recuerdos del pasado", ha señalado Borrell en rueda de prensa.

Unidad, la eterna invocada

Unidad es la palabra que más se repite en los pasillos de la capital comunitaria

Las llamadas, contactos e intercambio de los europeos, la OTAN y Estados Unidos son una constante de los últimos días. Y es que Occidente sabe que para ser creíbles y tener éxito en su misión de disuasión no pueden permitirse proyectar la imagen de división. Unidad es la palabra que más se repite en los pasillos de la capital comunitaria, pero las costuras sobre qué respuesta dar a la amenaza rusa van saltando dentro de los propios Gobiernos –como en Alemania o en España-, entre los 27 Estados miembros y entre la UE y Estados Unidos.

Mientras la Casa Blanca retira a sus diplomáticos, la Comisión Europea ha aprobado un paquete de ayuda financiera a Kiev por valor de 1.200 millones de euros. "Hay que apoyar a Ucrania. Y para hacerlo, hay que estar sobre el terreno", afirman fuentes diplomáticas.

En el seno europeo, las diferencias no son nuevas. Los países del Este y los Bálticos quieren las medidas más duras posibles. Incluso abogan por imponerlas ya, de forma preventiva alegando que Putin solo conoce el lenguaje de la fuerza. En el otro lado se encuentra el eje franco-alemán que busca un papel de liderazgo de mediación para aliviar la tensión y encauzar las relaciones con su vecino más importante.

Sobre el propio papel de la UE en toda esta crisis, también hay posturas enfrentadas. Emmanuel Macron, presidente galo, pidió recientemente que la Unión Europea tenga una voz propia. Pero la opción de ir de la mano del atlantismo, como también pide España, es la mayoritaria dentro del bloque. "La mayor disuasión es tener amigos grandes. Si te hacen bully en el colegio, el acosador no irá a los que tienen amigos fuertes. El mayor ejercicio de disuasión con Rusia es una bandera norteamericana", ha señalado la primera ministra estonia Kaja Kallas en el influyente Financial Times. Desde Lituania piden un frente transatlántico unido ante "la posibilidad de guerra real".

Albares niega cambio de postura en el PSOE

La crisis ucraniana también ha tensionado las cuerdas del Gobierno de coalición en España. Unidas Podemos ha suavizado su mensaje tras afirmar que el PSOE ha rectificado rebajando el tono y enfatizando la apuesta del Gobierno por la desescalada. José Manuel Albares, ministro de Exteriores, ha negado que tal modificación haya tenido lugar. "No hay ningún cambio en la posición del Gobierno. Vengo expresándome en los últimos días (...) La política y la acción Exterior del Gobierno la marca el Consejo de Ministros y ahí es donde se ve su cohesión. Y de martes a martes, esa cohesión está totalmente garantizada", ha afirmado a pregunta de Público.

España, que acoge en verano la cumbre de la OTAN, está maniobrando para proyectarse como un socio fuerte y estratégico de Estados Unidos. Un testigo que no han recogido en Washington. Tras la participación en el Consejo de Asuntos Exteriores, Joe Biden ha convocado una llamada telefónica con los líderes europeos de Francia, Alemania, Italia, Polonia, el Reino Unido, la OTAN, la Comisión Europea y el Consejo. Pero Pedro Sánchez no está.

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