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Privacidad El complicado equilibrio de WhatsApp para frenar la desinformación en las elecciones

Controlar lo que se distribuye por los servicios de mensajería, que son privados, suelen estar cifrados y están protegidos por ley, es materialmente imposible. Y aun así, algunas plataformas se comprometen a hacer todo lo posible para que no se produzca una intoxicación informativa masiva que, eventualmente, podría influir en nuestra democracia.

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Imagen de la video reunión con el responsable de WhatsApp en las oficinas de Facebook en Madrid. Público

Libertad de expresión y privacidad en las comunicaciones o protección frente a la manipulación o la 'malinformación'; vuelve el eterno dilema. La próxima  convocatoria electoral implica poner de nuevo el ojo en redes sociales y servicios 'online' de mensajería para detectar anomalías y desinformación. La mensajería, privada por definición, es una vía de distibución perfecta para la 'malinformacion', y ya hemos visto durante los disturbios en Catalunya tras la sentencia del 'procés' la complejidad de controlar el mensaje en según qué redes.

Por eso, conviene recordar que las normas son claras y estrictas en WhatsApp, la aplicación de mensajería más usada en España y considerada un auténtico 'agujero negro' para la distribución de desinformación precisamente porque sus mensajes son interpersonales, privados.

Bajo esa premisa, la compañía, propiedad de Facebook, está haciendo esfuerzos para divulgar todas las medidas de las que dispone para frenar la distribución masiva de mensajes, incluso de llamadas 'fake news'. Y ofrece una serie de consejos para que cualquiera prueda protegerse de forma proactiva.

En un vídeo encuentro con un reducido número de periodistas, Ben Supple, responsable mundial de políticas públicas y procesos electorales de la compañía, insistió en las herramientas de las que dispone el servicio: es capaz de detectar automáticamente comportamientos 'anómalos' de una cuenta o de varias a la vez, tiene una manera "sofisticada" de clasificar esos comportamientos —números de origen, velocidad de envío y reenvío de mensajes, frecuencia...— y, en última instancia, es posible el bloqueo de la cuenta.

Y la plataforma mantiene una guerra abierta contra los bots, aquellos sistemas que envían mensajes automáticos de forma masiva (PDF). 

"Damos mucha importancia a las respuestas negativas que nos llegan de usuarios"

"También damos mucha importancia a las respuestas negativas que nos llegan de usuarios", explicó Supple. Esto no es otra cosa que los reportes y bloqueos que los usuarios hacen a una o varias cuentas.

Todo ello lo vimos en los pasados comicios de abril, cuando se cerró un grupo de Podemos al que siguió casi en cascada grupos de otros partidos en la plataforma.

Para el usuario, la aplicación también avisa si un mensaje llega desde un número que uno no tiene registrado en su propia agenda, es decir, un contacto "desconocido". "Se puede reportar, bloquear o ignorar", aconseja Supple. Porque debido a la naturaleza del servicio, pensado para comunicación entre personas de forma privada, no se pueden "penalizar" parcialmente a los dueños de las cuentas en virtud de su contenido: simplemente pueden bloquear la cuenta en cuestión. Como ya pasó el pasado en abril.

Bloqueo o nada

Por eso, Supple pasó la mayor parte del encuentro recordando las normas de WhatsApp para usar el servicio "de manera correcta y responsable", unas reglas que considera "muy claras". Tanto, que hace unos días se reunió en Madrid con representantes de la mayor parte de los partidos políticos que protagonizarán los próximos comicios, informaba esta semana El País.

Ya entonces quedó claro que el envío masivo de mensajes está prohibido. Ni siquiera se permite a terceros —compañías que usan las posibilidades de WhatsApp Business para enviar mensajes a un número alto de personas— estos comportamientos, dado las reglas se extiende a todos los productos de la filial de Facebook. Cualquier violación de estas reglas implica la suspensión de las cuentas en cuestión. Y se no descartan acciones legales contra dichos terceros.

Mensajes del bot de Tsunami Democràtic. P

Tal y como Supple afirma, la empresa reconoce que existen comportamientos incómodos, como el bloqueo de toda una lista de cuentas simplemente por pertenecer a un grupo en el que alguien cambia el nombre (público) por términos relacionados con terrorismo o pornografía infantil. Algo que ya ha pasado.

"Obviamente no queremos ese tipo de contenidos, y tenemos grupos que detectan eso", afirma el responsable, que recuerda que existe un proceso de notificación y, en tal caso, la posibilidad de apelar el bloqueo de esa cuenta.

Por ejemplo, en el caso de cuentas prohibidas debido a un cambio de nombre de grupo a algo como 'pornografía infantil', la compañía asegura que investiga las apelaciones de los usuarios bloqueados para comprobar si la cuenta fue prohibida (y sus usuarios, bloqueados) como resultado de una broma. "Si concluimos que fue así, 'desbaneamos' esas cuentas rápidamente".

Recordemos, no obstante, que la postura de la compañía madre, Facebook, que ha insistido en que no iba a luchar contra los mensajes falsos de los políticos por cuna cuestión de libertad de expresión. Simplemente se apoyará en la red de verificadores que han creado, y como mucho penalizará la aparición de ese tipo de mensaje.

Mientras tanto, aplicaciones alternativas como Signal o Telegram están tomando cada vez más protagonismo dado que no parecen estar bajo el escrutinio de la opinión pública. Con ventajas como poder crear canales sin límite de usuarios, por ejemplo, apps como éstas o como la distribuida 'mano en mano' como la del Tsunami Democrátic en Catalunya suponen todo un reto para comprender cómo la tecnología, cuando es descentralizada, siempre se abre paso para tratar de organizar a las masas. Para bien o para mal.

Por eso, recuerda: que no te la cuelen.

[Más información en El País, El Confidencial, Eldiario.es y ABC.]

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