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Capitalismo Juan José Millás: "El capitalismo es un delirio que en cualquier momento se puede venir abajo"

El columnista y escritor Juan José Millás reflexiona sobre el coronavirus, el capitalismo y el futuro. / ALFAGUARA
El columnista y escritor Juan José Millás reflexiona sobre el coronavirus, el capitalismo y el futuro. / ALFAGUARA

Hay otros Juan José Millás (Valencia, 1946), pero están en este: columnista, reportero, cuentista, antropólogo, novelista y forense de una realidad paralela que podría pasar desapercibida si él no se hubiese encargado en cada línea de graduar nuestras gafas para sublimar la cotidianidad. El escritor madrileño define el coronavirus en Hoy es el futuro como una realidad delirante que bate brava contra nuestro mundo, el acantilado de un delirio consensuado. Toma el testigo Manuela Carmena: no te pierdas la entrevista a la exalcaldesa de Madrid.

¿Todo esto es verdad? ¿Estamos viviendo en la realidad?

Todo indica que sí. Estamos viviendo en una pandemia mundial y desconocida, porque desde hace un siglo no había sucedido nada parecido. Una realidad delirante que ocurre dentro de un delirio consensuado que llamamos precisamente realidad, que es el modo en que nos relacionamos, sobre todo económicamente, porque el capitalismo es un delirio.

Es real, aunque parezca mentira.

Es una realidad delirante, pero real. Al contrario del delirio económico, que es puro delirio y en cualquier momento se puede venir abajo, pues depende de que creamos en él. En cambio, creas o no en la pandemia, el virus existe. Ahora bien, si dejas de creer en la Renault, desaparece en cuatro días, porque la gente ya no compraría coches. Esa es la diferencia entre el delirio consensuado, al que llamamos realidad, y el delirio real, que es la pandemia.

¿La economía y las finanzas son una cuestión de fe?

Absolutamente. Son una cuestión de confianza. El Corte Inglés existe porque creemos en él. Si dejásemos de hacerlo, duraría una o dos semanas. Sin embargo, si dejas de creer en el virus, seguirá existiendo. Insisto: esa es la diferencia entre las realidades reales y las realidades imaginadas.

Algunos pensábamos que creeríamos o que volveríamos a creer en el pequeño comercio, pero parece que la gente no se está volcando con las tiendas de barrio. Lo tangible frente a la irrealidad de Amazon.

No sabemos qué pasará con el pequeño comercio, pero antes del virus nos encontrábamos justo en la mitad de un cambio de paradigma provocado por la realidad virtual. El coronavirus ha funcionado como el acelerador de una reacción química y ha sido brutal. Por ejemplo, ha surgido el teletrabajo, han aumentado los envíos de paquetería a los domicilios, etcétera. 

Podemos fingir que el mundo seguirá igual cuando esto pase, pero no va a tener nada que ver. Es uno de los grandes errores de los políticos, quienes están actuando como si fuésemos a volver al mundo anterior cuando se descubra una vacuna y un medicamento, cuando ese mundo ya ha desaparecido.

El paro estructural va a crecer una barbaridad, de manera que el Ingreso Mínimo Vital, que lo han vendido como un gran avance, ya es viejo. La única solución real para el mundo que viene es la renta básica universal, porque va a haber un ejército de gente que no va a trabajar en su vida, o sea, que va a nacer y a morir sin saber qué es ganarse la vida.

"Podemos fingir que el mundo seguirá igual cuando esto pase, pero no va a tener nada que ver. Ese es un gran error de los políticos"

Es un cambio de cultura tan grande que los políticos deberían estar preparándose para que no se rompa la cohesión social. O, dado que ya está bastante rota, para que no se rompa todavía más. Si queremos construir un mundo digno, la única solución es el reparto de la riqueza, porque riqueza hay para todos, lo que pasa es que está mal repartida.

Por el mero hecho de nacer, uno tiene derecho a un salario que le permita llevar una vida digna. Deben recibirlo pobres y ricos. Y, cuando llegue la hora de declarar a Hacienda, quienes no hayamos necesitado esa renta básica universal la devolveríamos, lo que eliminaría los trámites burocráticos que provocará el Ingreso Mínimo Vital.

La política va muy por detrás no ya del coronavirus, sino también de sus consecuencias, porque le ha dado un empujón tan grande al mundo digital que el que veremos cuando todo haya pasado será irreconocible.

No le tiene miedo a la vejez, pero ¿ha temido el coronavirus? ¿O teme más los robots?

Por supuesto que le he tenido miedo al coronavirus, porque formo parte de la población de riesgo. Si hubiera estado en una residencia, seguramente me hubiera muerto. Claro que le tengo miedo y respeto, por lo que procuro no hacer disparates, aunque tampoco vivir aterrorizado. Esto es una cosa muy seria, que ha puesto patas arriba todo el mundo conocido.

"Si queremos construir un mundo digno, la única solución es el reparto de la riqueza. Porque hay riqueza para todos, pero está mal repartida"

Además de los efectos sobre la salud, está produciendo unos efectos socioeconómicos y un cambio en las estrategias y en las relaciones humanas brutales. Podemos fingir que el mundo que venga cuando esto se arregle va a ser igual, pero es mentira. Por ello, las cabezas encargadas de dirigirlo tendrían que estar pensando en nuevas soluciones, porque los recursos actuales no van a servir en el futuro.

Marta Fernández comentaba que "la nueva normalidad es la utopía más cutre de la historia" (entrevista) y se planteaba que si lo que viene es la nueva normalidad, lo que hemos pasado sería la "vieja extrañeza".

A esa normalidad distinta, que podría ser atroz, corresponderá también una extrañeza nueva.

Juan José Millás defiende la renta básica universal y el reparto de la riqueza. / SEIX BARRAL

Le preguntaba si le tiene más miedo a la pandemia que a la robotización.

A la robotización no hay que tenerle miedo porque es inevitable. Lo que hay que hacer es buscar recursos para aliviarla. Si pensases en lo que ha cambiado el mundo desde la década de los cincuenta te quedarías espantado, pero no eres consciente porque lo has vivido día a día. Yuval Noah Harari, el autor de Sapiens, dice que el mundo, en los próximos veinte años, va a cambiar más que en los dos mil anteriores, lo que conocemos como Historia.

Harari sería un tanto catastrofista, ¿no?

¡No! ¡No es catastrofista! Si alguien se hubiera quedado dormido en la Edad Media y se despertase a principios del siglo XIX, no habría notado grandes cambios porque fueron muy pequeños.

"El mundo parecía más civilizado cuando los ultras estaban dentro del PP, porque se les veía menos, pero existían"

Sin embargo, desde mediados del siglo pasado los cambios son exponenciales. Hasta el punto de que no hay en la Historia ningún cambio como el que estamos viviendo, ni la revolución industrial ni la invención de la imprenta. Para encontrar un cambio semejante tendrías que irte a la prehistoria: por ejemplo, al paso del paleolítico al neolítico o a la invención del fuego.

El cambio de paradigma en el que estamos inmersos es de una naturaleza semejante, porque no deja ningún área de la vida sin tocar. El hecho de que cambie más en veinte años que en dos milenios no es una catástrofe. O podría serlo si no la sabemos afrontar y seguimos actuando como a principios del siglo XX. De ahí mi sorpresa frente a la inacción de los políticos, que tendría que estar preparando a la humanidad para este cambio brutal.

Hablando de trabajar o de estar en el paro, pasamos de ver prejubilaciones a los 52 a tener que currar hasta casi los 70. Sin embargo, los despidos se ceban con los trabajadores con experiencia. ¿No es absurdo que el mercado laboral centrifugue a alguien con cincuenta o sesenta años?

Forma parte del delirio consensuado del que te hablaba antes. Evidentemente, está mal. Es un disparate desprenderse de la experiencia de ese modo por un ahorro casi testimonial. Pero el mundo está muy mal organizado y cuando se sale de este delirio consensuado uno choca contra la realidad, con consecuencias nefastas.

¿La realidad virtual ha venido a hacerle competencia a su visión de la vida, plasmada en sus textos, desapegados de lo tangible?

No le hace competencia porque la realidad a la que se dirige la sociedad es compatible con la visión de un cuadro de Velázquez o con la lectura de Faulkner o de Rousseau.

Juan José Millás cree que el coronavirus nos ha devuelto nuestra condición de mortales. / Ó. BARROSO (EP)

¿El mejor atardecer de su ciudad de nacimiento es Manuel Vicent?

Yo salí de Valencia muy pequeño y ahora tengo una casa en Asturias, donde me encuentro en este momento. Tengo más presentes los atardeceres del Cantábrico que los del Mediterráneo.

Creció en el barrio madrileño de Prosperidad. Ahora, de adulto, ¿le ha tocado vivir en el distrito de la desgracia?

Bueno, eso no es más que un juego de palabras.

O sea, que vive feliz.

Vivo feliz relativamente. Yo estoy más o menos de acuerdo conmigo mismo, pero eso no quiere decir que no me lleguen las desgracias ajenas. No tiene nada que ver haber vivido en Prosperidad, que era una ironía —porque era el barrio más pobre de Madrid—, con que me haya tocado este final de fiesta de la pandemia. Son cosas diferentes, aunque tú hayas establecido esa imagen.

¿El ser humano está en decadencia?

No tengo ni idea, depende a lo que llamemos decadencia…

Ha transformado la vida cotidiana en una existencia insólita, pero la realidad está superando sus fantasías.

Seguramente, en cualquier época histórica el ser humano podría hacerse esa afirmación.

"La lengua no es un motivo de conflicto. Ya me gustaría a mí ver a dos políticos discutiendo si un complemento es directo o indirecto"

Imagínate que sufriésemos la Primera o la Segunda Guerra Mundial y te preguntasen: ¿el ser humano está en decadencia? Puedes responder que sí o que no —y ambas respuestas serían compatibles—, porque al mismo tiempo que estamos en decadencia progresamos a velocidades de vértigo en cuestiones de orden científico, médico, tecnológico…

Le preguntaba si esta realidad está superando sus fantasías, o sea, su visión de la vida cotidiana de una manera insólita.

No, porque mi visión de la vida cotidiana tiene que ver con estas cosas. No está separada de lo que yo hago o conozco, ni de los avances de la ciencia.

Infelizmente, es material de trabajo.

Bueno, es material existencial.

¿Qué tal se ve el futuro a través de sus gafas?

El futuro, en un cambio de paradigma tremendo, se ve con incertidumbre.

A veces, para ver mejor, algunos se quitan las gafas. Incluso hay quienes parecen más interesantes con esa mirada profunda y penetrante que da la miopía.

Bueno, eso es una figura retórica…

¿James Dean?

Bueno, yo no soy miope y voy bien con gafas [risas].

Juan José Millás reflexiona sobre el cambio de paradigma tras el coronavirus. / EFE

Trabajó en un caja de ahorros para pagarse los estudios, dejó la carrera de Filosofía y Letras, luego abandonó su trabajo de administrativo en Iberia para dedicarse exclusivamente a la escritura. ¿Si hubiese un salario mínimo vital hubiese escrito desde antes?

No lo creo. Al principio, yo compatibilizaba la escritura con un trabajo para ganarme la vida y, de hecho, publiqué mi primer libro con veintiocho años. Cuando más he escrito fue cuando menos tiempo tenía. Si trabajaba en Iberia de ocho a tres, me levantaba a las cuatro de la mañana para escribir.

"Ningún trabajo me ha impedido escribir y quien afirma eso lo usa como una coartada, porque en realidad no quiere escribir"

El hecho de tener que ganarme la vida nunca ha sido una excusa para no escribir, aunque he utilizado excusas de otro tipo. Escribir constituía una necesidad de orden mental, espiritual o intelectual que era insoslayable. Ningún trabajo me ha impedido escribir y quien afirma eso lo usa como una coartada, porque en realidad no quiere escribir.

El confinamiento ha hecho pensar a muchas personas qué quieren hacer con su vida y, de hecho, los divorcios han aumentado. ¿Qué debería querer hacerse con la vida?

Lo que quiera cada uno, teniendo en cuenta que vive en comunidad, lo que implica determinadas responsabilidades. Una vez aceptadas, debe hacer lo que le venga en gana.

El otro día, durante una cena, media mesa se molestó con alguien que usó la palabra antiparras en vez de gafas. Podría haber utilizado anteojos, pero era un homenaje a su padre. Mi abuelo las llamaba lentes. ¿Por qué el lenguaje —o, mejor dicho, la lengua— es motivo de conflicto?

La lengua se utiliza para pelearse o para discutir, pero no creo que sea motivo de conflicto. Yo nunca he escuchado en el Congreso una discusión sobre el complemento directo, el complemento circunstancial o las oraciones causales.

La lengua es un instrumento para querer, para desamar, para insultar, para razonar, para filosofar... Pero, insisto, la lengua en sí misma no es un motivo de conflicto. Ya me gustaría a mí ver a dos políticos discutiendo si un complemento es directo o indirecto.

Me refiero a los partidos que denuncian una inexistente imposición lingüística, por ejemplo en Galicia, donde —al contrario— el único problema es el peligro de extinción del gallego.

Desconozco el tema.

Millás publicará 'La vida contada por un sapiens a un neandertal' junto a Juan Luis Arsuaga. / Ó. BARROSO (EP)

Vida y muerte. Los temas no cambian. El coronavirus, incluso, los ha apuntalado.

Nos ha hecho ser conscientes de que somos vulnerables en una sociedad donde la muerte está completamente desterrada. Vivimos en mundos donde parece que no se muere nadie, y hablo incluso antes de esto. Cuando yo era joven y pasaba un coche fúnebre, la gente se paraba y se quitaba el sombrero o la boina en señal de respeto.

Y en los pueblos se cerraban las puertas de los negocios y las tiendas a su paso.

Por ejemplo. Ahora los coches fúnebres van camuflados, de manera que vas por la M-30 y en el vehículo de al lado puede ir un muerto y no lo sabes.

Y algunos tanatorios de las ciudades están ubicados más allá de Vladivostok… La muerte se ha apartado y alejado.

La muerte ha desaparecido. La gente no se muere en casa. Vivimos como si no nos fuéramos a morir y la muerte no está presente en nuestras vidas. Sin embargo, el coronavirus nos ha hecho ver el Palacio de Hielo de Madrid lleno de cadáveres. De repente, nos ha dado una conciencia de vulnerabilidad y nos ha devuelto nuestra condición de mortales.

Esa es una de las razones por las que el confinamiento se siguió de un modo tan disciplinado y modélico, pese a que el encierro en la capital fue tremendo, porque hay familias que estuvieron encerradas en pisos de cuarenta metros cuadrados.

"El coronavirus nos ha hecho ser conscientes de que somos vulnerables en una sociedad donde la muerte está completamente desterrada"

Antes vivíamos en un mundo en el que nadie se moría. Es más, cuando nos decían que alguien se había muerto, el pensamiento inmediato —aunque no lo dijéramos— era: "Algo habrá hecho". O preguntábamos: "¿Fumaba? ¿Bebía?". Porque parecía imposible que alguien se hubiera muerto si no había hecho algo. Es decir, uno era culpable de su muerte, como era culpable de su enfermedad.

Usted, en Asturias, se siente libre. Pero en Madrid, durante la cuarentena, los del último piso —o los del primero, según se mire— vieron coartada su libertad.

Eso fue una cosa pintoresca, en parte promovida por políticos que quisieron aprovechar la pandemia para medrar, pero fue bastante anecdótica. Las protestas duraron cuatro días y procedían de un afán de la derecha por aprovechar el conflicto políticamente. No les ha salido bien y ahí se ha quedado, como una anécdota ridícula y a veces esperpéntica.

Vamos, que no se puede componer una gran sinfonía con una cacerola, ¿no?

Hay gente que con instrumentos caseros es capaz de hacer música, pero estos no lo han conseguido.

¿Son más soporíferos los políticos o los documentales de La 2?

No se pueden comparar. En todo caso, a mí los documentales de La 2 me parece que están muy bien. Si los políticos hiciesen su trabajo como esos documentalistas, el mundo sería mucho mejor.

¿Con el PP vivíamos mejor? Sin Vox o con los ultras dentro del PP, quiero decir.

Hombre, el mundo parecía más civilizado cuando los ultraderechistas estaban dentro del PP, porque se les veían menos, pero existían.

¿Qué saldrá de todo esto? ¿Y cómo saldremos nosotros?

No tengo ni idea, porque no soy un profeta. El mundo será distinto y no nos estamos preparando para él.

¿España debería ser psicoanalizada?

"Renuncié a la poesía o ella me abandonó. Me habría encantado ser poeta, porque es lo máximo que se puede ser en la vida"

El psicoanálisis no siempre es necesario ni bueno. Hay gente que no tiene capacidad analítica ninguna. España no es un país donde el psicoanálisis haya funcionado especialmente bien, porque tiene un techo del que carece Francia o Latinoamérica. España, en cambio, no tiene una gran capacidad analítica.

¿Para cuándo la poesía?

No escribo poemas. Renuncié a la poesía o ella me abandonó. Me habría encantado ser poeta, porque es lo máximo que se puede ser en la vida, pero no estoy llamado para esos menesteres.

¿Qué pregunta le haría a Juan Luis Arsuaga?

Ya se las he hecho todas en un libro, que se publicará el 23 de septiembre, titulado La vida contada por un sapiens a un neandertal (Alfaguara). Quien quiera saber qué preguntas le haría a Arsuaga, que busque el libro [risas].

Alguna se le habrá quedado en el tintero…

¡Qué va! Le he hecho tantas que el tintero terminó vaciándose.

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